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Bajo el Dominio del Alfa

Capítulo 4 Territorio Marcado

Palabras:1125    |    Actualizado en: 29/01/2026

que parecían susurrar amenazas bajo la luz de la luna. Valentina había sido conducida allí en un todoterreno blindado, en un silencio sepulcral que solo era roto por la respir

Sábanas de seda negra, muebles de madera exótica y un ventanal que daba al bo

ara sí misma, con el corazón todav

había quitado los tacones rotos y, descalza, se acercó a la puerta. No tenía llave, pero se abrió s

erceptible y logró encontrar una salida de servicio cerca de las cocinas. El aire frío de la noche golpeó su rostro como un bofetón de r

sque no es

ma quebrándose a su derecha la hizo congelarse. No era el viento. Er

embló, perdiéndos

edio del suelo. Dos lobos, del tamaño de osos pequeños y con pelajes grises como el humo, salieron lentamente a la luz de la luna. S

do unos colmillos que parecían dagas de marfil. Valentina comprendió con horror que no eran animales salva

ella, sintiendo las lágrimas

dejarán pas

ndo ahora solo unos pantalones negros y una camisa desabrochada que dejaba ver el tatuaje de un lobo aullando en su pectoral izquierdo. No p

ir -dijo ella, señ

engo -Damián caminó hacia ella con una elegancia depredadora, ignorando a los lobos, que bajaron la cabeza en señal de sumisión total cuan

mplemente secuestrarme porque cre

l frío del bosque-. El Consejo de la Manada ya está exigiendo una reunión. He reclamado a una humana

la línea de su mandíbula. Ella quiso apartarse, pero su cuerpo la traicionó de nuevo. Una calidez líqui

otros como yo, pero sin mi control. Lobos que no ven en ti a una Luna, sino un trozo de ca

al de sus palabras. Estaba atrapada entre monstruos qu

un susurro-. Soy nadie. S

de su cuello. Valentina soltó un jadeo cuando sintió

ndo entré en ese salón, el mundo dejó de tener color has

ionalmente, no luchó esta vez. Apoyó la cabeza en su hombro, escuchando el latido rítmico y

on un aullido corto y profundo, un saludo a su nueva reina que resonó po

el Consejo. La noticia se había extendido: el gran Damián Montenegro tenía una deb

ón de Valentina y la deposi

a una advertencia-. Mañana, el mundo que conocí

inmensa cama, sintiendo el aroma de Damián impregnado en su piel. Tenía miedo, estaba fu

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