Secretos en el Ático
uniforme impecable y su corazón latiendo en un compás acelerado, se sentía como una intrusa en un santuario. Hoy no era un día de oficina; era el día en que
oz de Adrian, amplificada por el sistema de sonido del ático, retumbó
mientras sacaba de su maletín un escáner de
, con la única condición de que no interrumpiera su trabajo. Pero la verdadera misión de Sofía era doble: encontrar los puntos débiles de la s
edes Wi-Fi. Cada metro cuadrado del ático era una demostración de poder y paranoia. Las cámaras, ocu
ailado brevemente con Adrian. Recordó la textura de su esmoquin bajo sus dedos. Pasó por la cocina de chef, im
entrar, Sofía sintió que el aire se espesaba. La habitación era un estudio en tonos grises y ébano, con una cama king-size que ocupaba el ce
ctar irregularidades biológicas o campos electromagnéticos que delataran su panel de compresión. Adrian Thorne no dejaba nada al azar, y si
el panel se sentía como una armadura fría. El bebé ya tenía
de un aroma floral. Un perfume que ella había usado aquella noche. Una muestra diminuta había quedado impregnada en las sábanas o
esonó en el intercomu
go interesante en mis apose
do observando. Sofía
con voz firme-. Y una leve resonancia en la rejilla de ventilación
a excusa para justificar su tiempo e
orpresa en su voz-. Mis ingenieros ju
muñeca. Era un dispositivo de interferencia de señal. Fingió estar "calibrando" la supuesta avería, mientra
ncia de la toma de decisiones. Junto a él, una fotografía enmarcada: una mujer mayor, de aspecto severo y ojos tristes, y u
a con la rejilla? -La voz
corregido. La resona
repasar los puntos débiles que ha encontrado e
estaban miles de millones. Era una habitación diseñada para el control, con pantallas
de obsidiana, con la tablet en mano. Había algo en su m
ia", ¿nada más? -preguntó, apoyá
adero riesgo siempre está en los factores externos, los el
¿Es usted un element
yo. Sofía mantuvo la calma, aunq
horne. Mi lealtad es profesional. Mi vida
os fijos en los de ella. Esa misma cercanía
ijo él en voz baja, su aliento cálido contra su m
del traje. Sofía sintió un escalofrío gélido, a pesar de que el panel de compresión la m
protegidas, señor -respondió ella, desviando el tema
resión de frustración apenas contenid
os sospechosos o movimientos inusuales cerca de la torre. Y Valenti... -añadió, mientras ella se dirigía a la puerta-, si en
alo y un rastro floral que Adrian aún no había logrado identificar. Había superado la primera prueba en la boca del lobo, pero cada día que pa