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Secretos en el Ático

Capítulo 3 La Boca del Lobo

Palabras:1411    |    Actualizado en: Hoy, a las 06:10

lla de cristal que cortaba el cielo de la ciudad. Sofía Valenti se detuvo un segundo ante las puertas giratorias de acero, ajustándose la chaqueta de su traje sastre gris marengo.

aire del lobby olía a café caro, m

on el señor Thorne -dijo con voz fi

ilitar", la escaneó de arriba abajo. Sofía mantuvo la mirada neutra, analizando a su

señorita Vale

cómoda en su vientre. El dispositivo de compresión funcionaba, pero a medida que el estrés aumentaba, sentía que su cuerpo libraba u

ocupaba la mitad de la planta superior. Era un espacio diáfano, con suelos de madera oscura y paredes de cristal que ofrecí

amisa blanca remangadas hasta los codos, revelando unos antebrazos potentes y venosos que Sofía recordaba con una nitidez

Su voz era la misma: profunda, autoritaria, pero con u

recta. No cruzó las piernas; permanec

que diseccionaban-. Es impresionante. Ex-operativa de fuerzas especiales, experta en ciberseguridad y con un historial de protección VIP que incluye a tres je

Estaba preparada

i cliente principal. Liquidé todos mis activos para pagar a mis empleados hasta el último c

adencia familiar que lo hizo fruncir el ceño casi imperceptiblemente. Se

su mirada bajando por el rostro de Sofía, deten

illas. "Mantente fría", se ordenó. "La máscara de

alguna de las ferias de seguridad de Tel Aviv -respondió ella con una cal

el ventanal, dándole la espalda. Sofía aprovechó ese segundo para exhalar discretamente. La náusea, esa compañ

sada hubo una brecha en la gala de caridad. Nada grave, pero alguien entró en mi sistema d

portátil antes de salir de la torre aquella noche. No podía dejar pruebas de q

ella-. Mi lealtad no es hacia una agencia, es hacia la persona qu

elina que la hacía sentir acorralada. Se detuvo justo frente a su silla. Sofía tuvo que levantar la barbilla para manten

en voz baja-. No necesito una empleada, necesito un escudo. Necesito a alguien que

a de su cuerpo. Por un instante, el instinto de ella no fue huir, sino inclinarse hacia él, recordar el contacto d

los de él con una intensidad desafiante-. Mi único objetivo es s

hacia un pasado que él no lograba identificar y que ella intentaba desesperadamente enterrar. Él buscaba en el rostro de Sofía algo

una auditoría completa de mis sistemas domésticos y de transporte. Reportará directamente a mí,

nte claro,

mundo giró ligeramente. Se apoyó un segundo en el escritorio para recuper

bien, Valenti

su brazo con delicadeza pero con firmeza-. No he desayunado

forma de moverse, en la manera en que protegía su espacio personal, que lo inquietaba profundamente.

a pared metálica. Se llevó una mano al vientre y cerró los

susurró para sí mis

ocultando un vientre que crecía día a día y un corazón que, a pesar de toda su formación táctic

o le quedaba esperar que el lobo no decidiera

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