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Secretos en el Ático

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Capítulo 1 Máscaras de Cristal

Palabras:1186    |    Actualizado en: Hoy, a las 05:48

dad. Situada en el corazón financiero de la ciudad, su estructura de cristal y titanio se alzaba como un dedo

jeres más ricas del país, pero con las costuras reforzadas y una abertura lateral que permitía una patada de trescientos sesenta grados si la situación lo requería. Su máscara, una delicada pieza de filigrana negra, le pe

o champán y poco juicio, pero sin amenazas detectadas -informó Sofía en un sus

tá por entrar al ruedo -respondió la voz metálic

iro contenido. El "j

d. Adrian era un hombre que operaba bajo una premisa única: el control absoluto. Había blindado su imperio contra adquisiciones hostiles y había blindado su vida privada contra cualquier tipo de lazo emoc

e atenuaron. No fue un silencio brusco, sino una onda de ch

de sus ojos. Se movía con la confianza depredadora de quien sabe que es el dueño no solo del edificio, sino de las vidas de quienes están dentro. Sofía lo observó desde

erederas de una petrolera, ya ebria de lujo-. Lástima que tenga un bloque de h

ctrico. Ella no apartó la mirada; su entrenamiento le dictaba que la sumisión era la primera señal de sosp

ia el escenario de los discursos, sino directamente

tuvo a menos de un metro. Su voz era un barítono profundo,

u tono profesional pero con un matiz de desafío-. Es fascinante ver cómo la

pacio que Sofía consideraba su zona de seguridad. El aroma de su perf

a detrás de la suya? -pregunt

n momento, el doble sentido de la p

? ¿Contra los intrusos

rera. Había algo en la cercanía de Adrian que estaba cortocircuitando su lógica. La forma en que él la miraba, co

o Sofía, bajando la voz hasta convertirla en una caricia aterci

eccionarlo en su propia casa. Por un segundo, la máscara de CEO impla

nó, aunque sus ojos

r -insistió ella, aunque sus pies

rra mortalmente en mi propia gala. Considér

puertas se cerraban, el silencio se volvió denso, casi sólido. El indicador de pisos subió rápidamente

pared de acero, sus manos apoyándose a ambos lados de la cabeza de Sofía.

ro eres la primera persona en este lugar que no pare

de pila por primera vez, sintiendo cómo el corazón le golpeaba la

na risa se

e a p

o no llegaron más allá del vestíbulo. Adrian la besó con una urgencia que rayaba en la desesperación, y Sofía, la muj

ti cometió el único error de su carrera profesional. Un error que, en pocas semanas, comenza

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