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Su omega prohibida: ¡A merced del Alfa!

Capítulo 2 2

Palabras:1582    |    Actualizado en: 11/01/2026

por Brie

ancos y árboles cubiertos por capas gruesas de niev

ro mundo. Un coche oscuro esperaba con las luces encendidas, el motor funcionando y las ventanas empañadas.

n detenerse, pesada, constante, movida por un viento que parecía querer arrancarlo todo. Yo tratab

en cualquier momento de la madrugada. Cuando escuché esas palabras, mi cuerpo reaccionó como si alguien hubiera encendido una alarma. Llev

ñas blancas, caminos blancos, árboles blancos. El mundo entero parecía cubierto po

ue los vuelos podrían cancelarse si el clima empeoraba. Sentí un nudo en la garganta. Comencé a rogar mentalmente que el viento cedier

horas parecían mezclarse con el sonido del mot

quedaba esto de

anunció que faltaban unos minutos y sentí cómo el corazón me golpeó el pecho con fuerza. No sabía qué e

ue contrastaban con la noche helada. El coche se detuvo frente a la entrada y dos personas salieron ense

cogedor, un alivio después de t

es bien distribuidos y una chimenea encendi

pté un té solo para tener algo entre las man

l llegar y que se pusiera de una vez con ella,

o está

unas horas. Regresará esta noch

ge

sde miles d

ar un avión pri

no

ido sin permiso. Me quedé sola en el salón, con el portafolio en las manos. Me senté en el sofá y lo abrí con cuidado, aunque sent

varias veces para poder leer. La palabra "compromiso" aparecía escr

e Moon

tente, respetada, hermosa según todo lo que había visto en revistas.

llenaban de lágrimas y odié esa reacción inmediata, esa fragilidad que n

a cierto. Luc

que preparara una presentación de

o, la reputación corporativa involucrada, el protocolo social, la

uviera listo antes de

ue mi crush estaba a punto de casarse con una alfa extraordinaria de una familia poderosa. Tal

s dónde estaba el baño. Necesitaba un momento

za. Las lágrimas cayeron sin que pudiera detenerlas. Me limpié el rostro con r

ara mi cuerpo si las pa

lavabo, solo buscando tener el contro

con la intención de tomar otra carpeta y continuar revisando, pero me detuve al escuch

l

os guantes con una brusquedad que me hizo recordar todas las veces en las que lo vi trabajar sin descanso. Su cabello estaba húmedo por la nieve y, cuando se pasó la mano p

as y luego se enderezó al verme. Sus ojos se detuvieron en lo

u rostro. Una que nunca mostraba en público, per

tras dejaba el resto del equipo en el suelo sin

ía de manera incómoda, pero mantuve la expresión neutra. Él se acercó un poco más, relajado, como si acabara de salir de

ado con frío que traía de la nieve, ese aire seguro que tenía incluso cuando estaba cansado. Yo seguía con los

ien. Solo me observó, como si buscara algo en mi rostro. Yo forcé una respiración lenta para sostenerme.

única manera en la que podrás irte mañana antes de que la tormenta te atrape aquí. Y yo también deb

rada a trabajar con su cercanía, ¡pero las fechas no ayudaban! Lo que sí me daba un gran alivio era saber que él estaba a

gas esta noche, porque mañana debo partir con el-levantó una mano y las dos mujeres regresa

, s

el chofer las llevará a s

ias,

donde mismo llegaron, Lucan tom

pezar. Será una la

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