Su omega prohibida: ¡A merced del Alfa!
por Brie
ancos y árboles cubiertos por capas gruesas de niev
ro mundo. Un coche oscuro esperaba con las luces encendidas, el motor funcionando y las ventanas empañadas.
n detenerse, pesada, constante, movida por un viento que parecía querer arrancarlo todo. Yo tratab
en cualquier momento de la madrugada. Cuando escuché esas palabras, mi cuerpo reaccionó como si alguien hubiera encendido una alarma. Llev
ñas blancas, caminos blancos, árboles blancos. El mundo entero parecía cubierto po
ue los vuelos podrían cancelarse si el clima empeoraba. Sentí un nudo en la garganta. Comencé a rogar mentalmente que el viento cedier
horas parecían mezclarse con el sonido del mot
quedaba esto de
anunció que faltaban unos minutos y sentí cómo el corazón me golpeó el pecho con fuerza. No sabía qué e
ue contrastaban con la noche helada. El coche se detuvo frente a la entrada y dos personas salieron ense
cogedor, un alivio después de t
es bien distribuidos y una chimenea encendi
pté un té solo para tener algo entre las man
l llegar y que se pusiera de una vez con ella,
o está
unas horas. Regresará esta noch
ge
sde miles d
ar un avión pri
no
ido sin permiso. Me quedé sola en el salón, con el portafolio en las manos. Me senté en el sofá y lo abrí con cuidado, aunque sent
varias veces para poder leer. La palabra "compromiso" aparecía escr
e Moon
tente, respetada, hermosa según todo lo que había visto en revistas.
llenaban de lágrimas y odié esa reacción inmediata, esa fragilidad que n
a cierto. Luc
que preparara una presentación de
o, la reputación corporativa involucrada, el protocolo social, la
uviera listo antes de
ue mi crush estaba a punto de casarse con una alfa extraordinaria de una familia poderosa. Tal
s dónde estaba el baño. Necesitaba un momento
za. Las lágrimas cayeron sin que pudiera detenerlas. Me limpié el rostro con r
ara mi cuerpo si las pa
lavabo, solo buscando tener el contro
con la intención de tomar otra carpeta y continuar revisando, pero me detuve al escuch
l
os guantes con una brusquedad que me hizo recordar todas las veces en las que lo vi trabajar sin descanso. Su cabello estaba húmedo por la nieve y, cuando se pasó la mano p
as y luego se enderezó al verme. Sus ojos se detuvieron en lo
u rostro. Una que nunca mostraba en público, per
tras dejaba el resto del equipo en el suelo sin
ía de manera incómoda, pero mantuve la expresión neutra. Él se acercó un poco más, relajado, como si acabara de salir de
ado con frío que traía de la nieve, ese aire seguro que tenía incluso cuando estaba cansado. Yo seguía con los
ien. Solo me observó, como si buscara algo en mi rostro. Yo forcé una respiración lenta para sostenerme.
única manera en la que podrás irte mañana antes de que la tormenta te atrape aquí. Y yo también deb
rada a trabajar con su cercanía, ¡pero las fechas no ayudaban! Lo que sí me daba un gran alivio era saber que él estaba a
gas esta noche, porque mañana debo partir con el-levantó una mano y las dos mujeres regresa
, s
el chofer las llevará a s
ias,
donde mismo llegaron, Lucan tom
pezar. Será una la