Su omega prohibida: ¡A merced del Alfa!
por Brie
n el cuerpo empapado como si hubier
ada y mis muslos temblaban con un
aba pasando, y cuando lo hice, quise hund
soñado
Lu
queaba buscando un alivio que nunca llegaba. Había sido tan vívido que aún sentía el calor en la pi
a siempre; era una mezcla más profunda, más marcada, que había quedado atrapada en la madera, en las telas, en cada espacio. El territ
la sangre. Me hacía temb
piernas, el calor era tan claro que tuve que cerrar los musl
noche y se me escapó un su
de. Muy
uré mientras me inc
ebía estar lista antes de que amaneciera por completo, y ahora apenas
opa limpia. Me movía rápido, aunque mis manos temblaban cada vez que intentaba abrochar algo. Me puse unas medias gruesas, unas bot
iré hondo y abrí la puerta de la habitación. El pasillo esta
cia los lados, esperando ver
rta principal. Quizá el chofer estaría listo para llevarme a la
a con fuerza, movida por un viento que casi me hizo retroceder. Tragand
a
, ni huellas recientes
án? -dije e
uerta y rodeé la estructura apresuradamente. Cada paso en la nieve era una batalla, el viento golpe
cí
rtas ce
n so
ipal casi corriendo. La nieve se acumulaba rápido sobre mi ropa. Cuand
taba todo
s laterales. Busqué en el comedor, en el cu
z rebotó en la madera, y ese sile
ierto, demasiado sensible. La presión en el abdomen subía y bajab
ucan y preguntar por el chofer, saber
se
olo aparecía un símbolo inútil. Ni una
con fuerza-. ¡Esto no me puede estar pasando a mí!
de mi celo, mientras todo desprendía su olor ¡no er
graba pensar con claridad. La casa entera olía a él, y cada respiración
pared. No podía seguir caminando así. No podía estar moviéndome por una
manos por todo mi cuerp
qué a la cama. En cuanto me senté, un gemido escapó sin permiso. Me tapé la boca, avergonzada
da movimiento. La piel me ardía. Los pezones rozaban la tela y reaccionaban a la mínima fr
do el techo, con una sensación de
a atr
sores suf
a a alterar todo lo que había lograd
tas, los sillones, el pasillo. Él había dormido en esa casa. Había dejado su ropa, su presencia, su energía. Y mi c
eran por el miedo, por la necesidad física o por la idea insoportable de verlo casars
subía por
ión se hací
mo si esperara que él atravesar
taba ni
e las mantas mientras me encogía sobre el colchón, d
bía e
bía a
bía borrado cu
ntar todo el día. No había manera de comunica
de todo. Incluso si pasaba aquí la tormenta, estaba rodeada del olor de ese Alfa y para cuando pudiera salir de aquí
ras más para que todo
ahora est
me, pero no podía dejar de pens
casa, con el olor de su territorio met
Hasta que el cuerpo se rindió por agot
frío que no existía ahí dentro, intentand
e, el cansan