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Su omega prohibida: ¡A merced del Alfa!

Capítulo 4 4

Palabras:1379    |    Actualizado en: 11/01/2026

por Brie

n el cuerpo empapado como si hubier

ada y mis muslos temblaban con un

aba pasando, y cuando lo hice, quise hund

soñado

Lu

queaba buscando un alivio que nunca llegaba. Había sido tan vívido que aún sentía el calor en la pi

a siempre; era una mezcla más profunda, más marcada, que había quedado atrapada en la madera, en las telas, en cada espacio. El territ

la sangre. Me hacía temb

piernas, el calor era tan claro que tuve que cerrar los musl

noche y se me escapó un su

de. Muy

uré mientras me inc

ebía estar lista antes de que amaneciera por completo, y ahora apenas

opa limpia. Me movía rápido, aunque mis manos temblaban cada vez que intentaba abrochar algo. Me puse unas medias gruesas, unas bot

iré hondo y abrí la puerta de la habitación. El pasillo esta

cia los lados, esperando ver

rta principal. Quizá el chofer estaría listo para llevarme a la

a con fuerza, movida por un viento que casi me hizo retroceder. Tragand

a

, ni huellas recientes

án? -dije e

uerta y rodeé la estructura apresuradamente. Cada paso en la nieve era una batalla, el viento golpe

rtas ce

n so

ipal casi corriendo. La nieve se acumulaba rápido sobre mi ropa. Cuand

taba todo

s laterales. Busqué en el comedor, en el cu

z rebotó en la madera, y ese sile

ierto, demasiado sensible. La presión en el abdomen subía y bajab

ucan y preguntar por el chofer, saber

se

olo aparecía un símbolo inútil. Ni una

con fuerza-. ¡Esto no me puede estar pasando a mí!

de mi celo, mientras todo desprendía su olor ¡no er

graba pensar con claridad. La casa entera olía a él, y cada respiración

pared. No podía seguir caminando así. No podía estar moviéndome por una

manos por todo mi cuerp

qué a la cama. En cuanto me senté, un gemido escapó sin permiso. Me tapé la boca, avergonzada

da movimiento. La piel me ardía. Los pezones rozaban la tela y reaccionaban a la mínima fr

do el techo, con una sensación de

a atr

sores suf

a a alterar todo lo que había lograd

tas, los sillones, el pasillo. Él había dormido en esa casa. Había dejado su ropa, su presencia, su energía. Y mi c

eran por el miedo, por la necesidad física o por la idea insoportable de verlo casars

subía por

ión se hací

mo si esperara que él atravesar

taba ni

e las mantas mientras me encogía sobre el colchón, d

bía e

bía a

bía borrado cu

ntar todo el día. No había manera de comunica

de todo. Incluso si pasaba aquí la tormenta, estaba rodeada del olor de ese Alfa y para cuando pudiera salir de aquí

ras más para que todo

ahora est

me, pero no podía dejar de pens

casa, con el olor de su territorio met

Hasta que el cuerpo se rindió por agot

frío que no existía ahí dentro, intentand

e, el cansan

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