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Su omega prohibida: ¡A merced del Alfa!

Su omega prohibida: ¡A merced del Alfa!

Autor: Lyn.
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Capítulo 1 1

Palabras:1670    |    Actualizado en: 11/01/2026

por Brie

la pantalla, justo cuando intentaba concentra

aba el señor Cavendish cuando algo lo sacab

tro porque él estaba a más de tres mil kilómetros, disfrutando sus

obre mí justo ahora, cuando faltaba una semana para Navidad y tenía la ilusi

adas las fechas, algo me decía que mi

h Ridge hoy. Asunto confiden

ocurrido. Era tan propio de él que casi pude escuchar su voz, esa manera en qu

ez y descubrí que en persona tenía una presencia que ninguna fotografía podía captar. Lo había admirado durante años, y aun así, cuando estaba frente a él, mis manos temblaban como si no encontraran un punto firm

bía que mi deber era acudir, pero también sabía que ese viaje me ponía en una situación peligrosa. Mis pasti

ra ocultarlo. Lo hice por necesidad, no por vergüenza. Ser omega significaba vulnerabilidad en manos equivocadas, y demasiados alfas en este mundo creían tener derecho so

r Cavendish." Apenas envié el mensaje,

ber qué pensar. Él nunca

os a su manera, que respondía cuan

spera en una hora. Pue

pulso a

ho

cuerpo bajo control y que no saliera a flote mi olor. Maldije en voz baja mientras recogía mis cosas y guardaba el portátil. No podía hacer nada. Si q

de costumbre, o quizá era el peso de la noticia lo que hacía que todo se sintiera más distante. Mientras espera

a escogió novia." Reí sin querer, una r

ra una empresaria del norte, que si era una al

. No tenía derecho a sentir celos, pero es

aba a ninguna parte. Y aun así, me dolía pensar que al

o las puertas se abrieron, salí disparada. Necesit

e me necesitara en ese lugar sin explicación alguna me dejaba inquieta. No imaginaba qué podía requerir de mí, ni cuánto tiempo tendría que quedarme, ni si alcanzaría

ica manera que me daba tranquilidad: aislándome en diciembre, alejándome de reuniones, fiestas y espacios cerrados, evitando a los alfas tanto como podía. Era una rutina que me había funcionado, un siste

día. Cuando por fin uno se detuvo, me lancé al asiento trasero y le pedí al conductor que me llevara a mi apartamento lo más rápido posible. Iba mirando el reloj

ara orden. Tomé una maleta pequeña y metí lo básico. Ropa térmica, un par de suéteres, lo necesar

rada el frasco

edaban

que me temblaron las manos, pero lo hicieron. Guardé el frasco y cerré l

fa sin mis pastillas... Debo ser positiva, quizás es algo de un día pa

do, que él no estaría demasiado cerca, que podría mantener la calma. Pero otra parte de mí sabía que no

echo se calentara, y ese era el problema. Yo era una mujer que debía esconder su naturaleza. Él era un alfa que jamás tendría una razón para mirar a una asesora como algo m

decisión. El avión esperaba encendido, elegante y discreto, como todo lo que él hacía. Caminé hacia la escalerilla sintiendo el peso de cada paso. No sabía cuánto tiempo estar

jé caer en el asiento

os que siempre intentaba ignorar. No llegaban de golpe, s

o si me faltara un poco de aire cuando no había motivo para ello. Podía estar sentada trabajando y, de repente, la ropa me rozaba distinto, demasiado presente, demas

e dispersaban con una facilidad que me molestaba, como si

unque intentara esconderme de él. Era un estado que no podía compartir con nadie y que solo yo entendía, porque la

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