Su omega prohibida: ¡A merced del Alfa!
do po
meteorólogos aseguraban que el frente más denso pasaría después del mediodía, lo suficiente
nfié
a acostumbrado a inviernos fuertes, y las aerolíneas solían encontrar la man
a una torm
ibilidad cayó al punto de que nadie distinguía la pista a más de unos metros. La torre de co
de las salas privadas. Tenía calefacción estable, café y silencio. Lo que
aeropuerto lleno de alfas irritados y betas impacientes,
na Cl
antaba la voz. Casi nunca me sostenía la mirada. No era torpe, pero tenía ese aire de alguien que prefiere pasar desapercibido para evit
alle porque el camino se volvió intransitable. Las empleadas se marcharon temprano en la noche anterior porque la tormenta había sido anu
ad, pensé mientras
ción formal. Había priorizado un compromiso empresarial sobre la seguridad de alguien que apenas empezaba a conoce
óvil varias veces, aunque sabía que no tendría señal. En ocasiones, una sola barra asomaba durante un segundo, pero desaparecía antes de que pudiera marcar c
cía vibrar contra el vidrio. Las luces de emergencia se encendieron en una de las alas del aeropuerto y eso
a sí l
borrar el hecho de que dejé en peligro a alguien de mi equipo. Y por más que intentaba mantener la calma, el pensamiento se repetía con u
lo sabía, yo también. La diferencia era que mi casa solía permanecer vigilada. Esta vez no había nadie, ni cáma
a tam
nexiones por carretera quedaron cerradas. La tormenta seguía moviéndose sin pausa, empujando
as, quizá días, sin apoyo. Y no solo por seguridad... también por simple humanidad. Brienna parecía el tipo de mujer que cargaba sus emociones en silencio, que no pedía ayuda, que no sabía qué hacer cuando
lé con supervisores del aeropuerto, intenté contactar a equipos de rescate. Ninguno podía acercarse a la propiedad.
se volvió
es días, yo no iba a quedarme aquí esperando a que todo pasara. No p
o calefacción, nadie estaría ahí para ayudarla. Era mi casa. Mi responsabilidad. Ella tr
sformarme en un pasillo lleno de cámaras y civiles. Me moví sin llamar la atención, evitando a la gente que aún discutía con pers
quisiera arrancarme el abrigo. Respiré hondo. El frío no sería un problema en mi otra forma. La distancia
emblaban por el impulso de cambiar de forma cuanto antes. No era algo que hiciera sin necesidad. Mi forma humana tenía control, p
Los huesos crujieron mientras se ajustaban a la forma. La piel se contrajo, se expandió, y el pelaje gris surgió desde la columna hacia las extremid
rastro tenue de personas que habían pasado por ese corredor... todo se volvió más nítido. Mi visión alcanzó dconstante, clavada justo en el centro del pecho.
le de ella. Solo era alguien que debía proteger a quienes trabajaban conmigo. Eso era suficiente para que mi
to para salir. El viento era fuerte, pero mi forma lupina podía enfrentarlo. Mi pelaje gris so
peó mi rostro, pero no detuvo mi avance. Lo único que importaba era llegar a esa casa aisla
e no dejaba at
parte de mi ge