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Vendida a la Bratva: La Traición de Mi Esposo

Capítulo 8 

Palabras:750    |    Actualizado en: 29/12/2025

iada al

e sangre en mi espalda y un cuerpo que se sentía men

dad, las llantas crujiendo sobre la grava cuando se det

os, arrojando mi bolso a la acer

sta una estación de autobuses. Usé el dinero de emergencia que guardaba cos

el que Damián y yo vivíamos antes de que se convirtiera

a drogadicta: magullada, cojeando, mi cabello enmarañado

Motas de polvo danzaban a la luz del sol

n el armario de la recámara. Introd

ja parpad

é de nuev

scas

a esquina, luciendo impecable en seda blanca. Sostenía

crepitando entre las puntas del

sabes cuándo ren

hasta que mi espalda golpeó la pared-. Dám

a-. Podría ponerse sentimental. Podría reco

bala

s rotas gritaron en protesta, ralenti

nco y caliente que se apoderó de mi

estómago. Me acurruqué en una bola, v

pió-. Eres el pasad

abrió. Pasos pesados

-La voz d

n el suelo, rota y jadeando. V

a Lucía y le quitó suavemente

eguntó, su voz cansada y

-jadeé, agarrándome

Lo tomó. Miró mi foto, joven y sonriente, to

pecho. Aterrizó c

e -d

ucía, su voz chillona

. Todavía eres mi propiedad en el papel, Sofía. Pero estás muerta para esta famili

otando en el aire,

la cama para levantarme, mis pierna

las lágrimas no derramadas-. Cuando te des cuenta de

departamento. No

la policía. Compré un boleto para el primer vuelo internaci

elular desechable que había comprado en un qu

no er

Trae dos millones a la fábrica textil ab

, la comprensión me golp

n Buenos Aires, viendo llov

n a L

pens

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Vendida a la Bratva: La Traición de Mi Esposo
Vendida a la Bratva: La Traición de Mi Esposo
“Noventa y nueve días. Ese era exactamente el tiempo que había pasado desde que mi esposo, Damián, entregó mi vida a un cártel rival solo para salvar a su amante de un ataque de pánico. Entré en los terrenos de la hacienda de los De la Garza solo para encontrarlo acariciando el vientre de seis meses de embarazo de ella en mi propio funeral. No parecía un viudo afligido; parecía un hombre que finalmente había enterrado su error. Cuando revelé que estaba viva, Damián no cayó de rodillas aliviado. En lugar de eso, protegió a Lucía. Creyó sus mentiras de que yo estaba loca, de que era una amenaza para su "heredero". Para demostrarle su lealtad, se quedó de brazos cruzados mientras mi padre me azotaba en la capilla familiar hasta que mi espalda quedó hecha jirones. Luego, me arrastró al techo y me arrojó a una alberca helada, viéndome ahogar simplemente porque Lucía afirmó que la había empujado. Él no sabía que Lucía estaba fingiendo el embarazo. No sabía que era ella quien vendía secretos a Los Valdés. Destrozó a su leal esposa para proteger a una traidora. Ahora, seis meses después, está de pie bajo la lluvia sosteniendo el collar de diamantes de los De la Garza, rogándome que vuelva a casa. Cree que puede comprar el perdón. Pero no ve al hombre que está de pie en las sombras detrás de mí: el sicario que recibió una bala por mí cuando Damián estaba ocupado rompiéndome los huesos. Miré los diamantes, luego a mi esposo. -No quiero un Rey -susurré-. Elegí al soldado.”
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