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La esposa indeseada que él destrozó bajo la lluvia

Capítulo 5 

Palabras:880    |    Actualizado en: 26/12/2025

en el vestíbulo era pesado, sof

maletín en la mano, luciendo en cada centímetro

nión del Consejo -dijo, su voz cortand

m

ple y áspero uniforme gris, fregando el s

irada clavada en la parte superior

concentré en el patrón

je, Patró

o quería una sirvienta; quería que le rogara. Quería a la vieja Sara, la que se habría afer

rta. Había muerto en la

pesada puerta se cerró con un clic, sellando m

perdió

zar, pavoneándose como una reina en un trono robado. Hiz

la mesa

el delantal, y caminé hacia la mesa. Alcanc

rozaron la porcelana,

estrelló con

La espesa sopa roja salpicó la alfombra blanca impe

a simpatía, sus ojos bailando con malicia

e la silla de al lado, sonriendo mientras masticaba u

Comencé a recoger los troz

con movimientos rápidos y erráticos, y antes d

cia ad

rellaron contra

instante, oscura y espesa, mezclándose con la sopa roja hasta que

mentos de porcelana fina estaban incrustados profundam

udiendo con sus

ra! ¡Está

sorbo de su vin

sa cuando eres un

se ro

un clic silencioso y metálico en el fondo de mi

lev

, golpeando el suelo impecable

hacia

os debió haber perforado finalmente su arroganc

agudizó-. ¡Aléjate! ¡O le diré

ué mis manos ensangrentadas y l

perfectas huellas carm

. Crees que porque tienes su atención, tienes su alma. Pero no con

tiendo! -chill

irregular, una cos

ugar a la Reina mientras el Rey no está. Pero cuando regrese... asegúrate de que tu hi

la puerta con un dedo tembl

alejé, dejando atrás

los trozos de porcelana de las manos con unas pinzas, reprimiendo ca

a suelta del suelo. Saqué el teléfono desechable que

arpadeaba en

che del viernes. Estate e

a el día que Da

ré el uniforme gris que me

renta y o

o horas para reducir

r fuego. Iba a

a desaparecer

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La esposa indeseada que él destrozó bajo la lluvia
La esposa indeseada que él destrozó bajo la lluvia
“Mi esposo, el despiadado Patrón de Monterrey, me obligó a arrodillarme en el lodo helado para disculparme con su amante. Creyó más en las lágrimas falsas de ella que en mi dignidad. Mientras la lluvia gélida empapaba mi vestido, una punzada brutal y desgarradora me partió el cuerpo. Grité su nombre, suplicando ayuda mientras sentía que la vida se me escapaba. Pero Damián no se movió. Solo encendió un cigarro, con los ojos fríos como el acero. -Levántate cuando estés lista para aprender a respetar -dijo. Entró a la casa con ella, cerró la puerta con llave y me dejó desangrándome en medio de la tormenta. Esa noche perdí al bebé. Los doctores me dijeron que el daño era irreversible: era estéril. Creí que había tocado fondo, pero me equivocaba. Cuando volví a la hacienda, convertida en un fantasma en mi propio hogar, me arrojó a un sótano inundado y lleno de ratas porque Elena me acusó de envenenar a su hijo. Me torturó durante días para proteger a un niño que ni siquiera era suyo. En ese momento, el amor murió. Así que, mientras él estaba de viaje por negocios, no solo empaqué una maleta. Ejecuté un plan que llevaba tres años gestándose. Me desvanecí. Pero antes de desaparecer, le dejé un regalo en su escritorio. Una memoria USB con el video de seguridad que probaba las mentiras de Elena, el informe médico del aborto que él provocó y una prueba de paternidad que demostraba que había destruido a su verdadera familia por el bastardo de una extraña. Para cuando cayó de rodillas gritando mi nombre, yo ya me había ido.”
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