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G
etir? -susurr
o. Mi cuerpo se congeló en el acto, como si ob
siquiera me at
turarme, la intimidad se
n mínimo hizo que el corazón me subiera a la gargant
e, hembra? -gruñó
o solo me golp
onar me veia como su compañera. Aunque ante la ma
é me hac
n así, escucharlo era como sentir una d
e compartir su vida con la
amilia. Sin fuerza. Una que ni siquiera tenía una loba.
o lograría. Yo no podía sentirlo. No podía correspon
sab
podría odiarme, más que cualquier otro miemb
ver que no le contesté a tiemp
soporta
esferas grises que prometían mi de
Mi voz apenas fue audibl
ba? ¿De existir? ¿D
un así, sabía que mi dis
-ordenó, como d
oz me aterrorizó
illas tocaron el suelo frente a él, y sentí
manos en
la habitación oscura,
formaba en mi garganta, apoyé las palmas en e
la mirada
gar -añadió-. No olv
eto. Cada palabra suya me re
e pudiera detenerlas, salpicando el s
lug
lo que quer
no era su igual, que apen
é dolía
me dio razones para hacerlo. Entonces, ¿po
más ta
f
n mirarme. Sin rec
hubiera e
ma vacía, mirando el techo blanco sin parpadear. Me sentía como un
serás mi Luna. Escú
resaron, como lo
e hacía tres años, desde la noch
o jamás sucederá. Solo te necesito a mi
í
a sido como una
l día. Y aun así, no podía renunciar. No podía solta
único que podía lla
era
a a nad
día lo entendería. Que algún día comp
e algún día me mirara con
ostrarle que era di
ía cuánto lo h
a permanecido a su lado incluso cuando
é ir
rraba a ese amor,
po protestaba. El cansancio se acumulaba en
exhausta, marcada por el peso de su despre
para prepararme algo de comer, co
rme de mi propia comida. No era nada nuevo. Estaba acostumbrada a hacerlo todo sola desd
rvientas y dos guerreros armados en
sirvientes del castillo a los guerreros
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