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Un amor retorcido: El amargo sabor de la traición

Un amor retorcido: El amargo sabor de la traición

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Capítulo 1 

Palabras:1776    |    Actualizado en: 26/11/2025

, le envié un regalo: el embrión pres

i padre, llevándolo a la cárcel y a mi ma

olanco, con el rostro desfigurado por la fur

¿Cómo pudiste dest

mento en que elegiste a Ámbar

io donde Ámbar, la arquitecta de la ruina de mi familia, me tor

nos a las dos por una ventana del tercer piso

tor no vino a mí con remordimiento,

o de tendón. Eres compati

día obligarme a sacrificar una part

e suplicaba que no siguiera adelante con la "cirugía", me marché, dejándolo entre las ruinas de la vid

ítu

Monten

tor. Bajé la mirada hacia el embrión preservado en el frasco de cristal hecho a medida, una

né "ac

-dije, mi voz plana, despr

do tenso, casi sin aliento. Héctor. El hombre que una v

na confusión casi cómica. No esperaba sab

jugando en mis labios. Estiró los músculos de mi car

ír su mente acelerada, tratando de unir las

u voz era ahora un gruñido bajo,

daga lenta y deliberada-. O lo que habría sido nue

sonido que había anhelado escuchar durante dos largos y tortuosos años. Mi corazón, un

a como un piso de mármol. Debió de haber dejado caer el frasco. Bien. Q

voz espesa de furia y un dolor que sabí

inquietantemente tranquila-. ¿Y sabes qué? Fue

imaginarlo, su hermoso rostro contraído, la compostura perfecta de f

r qué harías esto? -gri

o era una risa de alegría, sino de amargo triunfo-. ¿Quieres saber por qué, Héct

ado su teléfono al otro lado de la habitación. No impor

azando un camino por mi mejilla. La limpié rá

o. Siempre era así después de una de nuestras "interacciones".

de golpe, chocando contra la pared. Hécto

ectados en sangre. Los restos del frasco yacían esparcidos por el su

su voz apenas un susurro

a de indiferencia cuidadosamente construida. Que me ll

me amorató. Su agarre era firme, sus dedos claván

ujó contra la superficie fría e implacable de la barra de la cocina. Mi cabeza golpe

ntímetros del mío, su aliento caliente contra m

derecho a llamarlo "nuestro hijo" en el momento en que destruiste a m

de algo ilegible pasando por ellos. ¿Cu

u voz ensordecedora en el espacio confi

ndo a mis labios-. Esto es solo el principio,

llando por poco mi cabeza. La fuer

emblando con una mezcla de rabia y al

table-. ¿Pero quién me hizo así, Hécto

que encontrar. La mujer vibrante y amorosa con la que se había casado s

abio inferior, donde el impacto había partido la piel. Fue un ges

voz más suave ahora, casi suplicante-. Pod

o crees? -Mis ojos se desviaron hacia los cristales rotos en el suelo, luego de vuelta

e desvaneció, reemplazada por la fa

a -dijo, su voz fría y corta

. Lo elegiste el día que te pusiste del lado de Ámbar, el día que

laramente tocó un nervio. Pero era demasiado

rofundamente. Sus ojos ardían en los míos, u

ilia derrumbarse? -gruñó, su voz cru

sticia". Lo llamaste "responsabilidad". Convenientemente te olvidaste de la

tocaron una fibra sensible, una insegurid

olorosa torciendo sus facciones. Cuando lo

ligrosa-. Traté de mantenerte fuera de esto. Pero no

ndo de mis labios-. Luché por mi familia, Héctor. L

ordenado. Parecía cansado, derrotado. Pero sabía que e

a -murmuró, sacudiendo la cab

apuntado directamente a mi herida más pro

que Ámbar. Un oportunista manipulador y calculador, dispu

ue lo compararan con ella, aunque f

estos de la cocina, luego posándose en mí. Una

moción-. Si ese es el juego que quie

en el silencio. Lo vi irse, mi cuerpo temblando

umbral, volviénd

rtió, sus ojos como esquirlas

lomé contra la barra, la adrenalina drenándose lentamente de m

ía una guerra que pelear. Y Héctor Rivas acab

e de un número desconocido. "El

probable aliado. El único que podía ayudar

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Un amor retorcido: El amargo sabor de la traición
Un amor retorcido: El amargo sabor de la traición
“En el cumpleaños de mi esposo, Héctor, le envié un regalo: el embrión preservado del hijo que acababa de abortar. Era mi venganza. Él había incriminado a mi padre, llevándolo a la cárcel y a mi madre a la tumba, todo por su amante, Ámbar. Cuando irrumpió en nuestro departamento en Polanco, con el rostro desfigurado por la furia, me estrelló contra la barra de la cocina. -¡Eres un monstruo! ¿Cómo pudiste destruir a nuestro hijo? -Perdiste ese derecho en el momento en que elegiste a Ámbar por encima de nosotros -escupí. Pero mi desafío solo trajo más horror. Me internó en un manicomio donde Ámbar, la arquitecta de la ruina de mi familia, me torturó con terapia de electrochoques, intentando quebrar mi mente. Fingí sumisión y luego contraataqué, lanzándonos a las dos por una ventana del tercer piso. Yo sobreviví; ella quedó en estado crítico. Tumbada en la cama del hospital, Héctor no vino a mí con remordimiento, sino con una exigencia escalofriante. -Ámbar necesita un injerto de tendón. Eres compatible. La cirugía es mañana. Creía que me tenía atrapada, que podía obligarme a sacrificar una parte de mí por la mujer que me destruyó. Pero mientras él se iba a consolar a su amante, yo hice una llamada. A la mañana siguiente, mientras me suplicaba que no siguiera adelante con la "cirugía", me marché, dejándolo entre las ruinas de la vida que él había destrozado. No sabía que esto no era una cirugía. Era mi escape y el principio de su fin.”
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