“Durante siete años, invertí la fortuna de mi familia en la empresa de mi esposo, Alejandro, Grupo Del Valle. Luego, su amante, la Dra. Kimberly Luna, arruinó deliberadamente la cirugía de rutina de mi padre, dejándolo conectado a un respirador artificial. Me encerraron en el cuarto del hospital, una jaula de oro, mientras Alejandro ignoraba mis llamadas desesperadas. Kimberly apareció, con una sonrisa cruel en los labios, revelando una verdad que me heló la sangre: cada crisis en mi vida -la muerte de mi madre, un accidente de auto casi fatal, incluso el aborto espontáneo de lo que yo creía que era nuestro bebé- fue orquestada por ellos. -Él estaba conmigo cada una de esas veces -se burló-. Tú solo eras un estorbo. Asesinaron a mi padre desconectando su soporte vital frente a mis ojos, todo porque me negué a firmar un documento que absolvía a Kimberly de su crimen. Luego, Alejandro hizo que me internaran, me sacó sangre para sus futuros planes de subrogación y anuló nuestro matrimonio para casarse con ella. Creyó que me había borrado del mapa, que me había roto por completo. Pero se olvidó del acuerdo prenupcial en el que mi padre insistió. Un acuerdo que me dejó con el 25% de Grupo Del Valle. Ahora, armada con el último regalo de mi padre, no lloraré. Me vengaré.”