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El Secreto Mortal de Mi Esposo Mafioso

Capítulo 3 

Palabras:464    |    Actualizado en: 24/10/2025

de S

espacio de cristal ahumado y acero negro que ofrecía una vista divina de la ciudad. Ha

e algo que él había dicho. Su presencia aquí no era una visita social; era una jugada de poder,

su sonris

a y tráeme un café.

osa del Don, como a una sirvienta. Los hombres de Dante observaban, sus rostros cuid

nte semanas. En ese momento, sentí que la última bra

voz una máscara perfec

itud. Cuando regresé, caminé hacia el escritorio. Isabella se levantó en un solo movi

rde de la taza, directamente sobre mi

deé, dejando caer la taza y el plato. S

gritó Isabella, pero sus ojos bril

o hacia ella. Puso su brazo alrededor de ell

-preguntó, su voz t

No vio mi mano, ya

sa hacia mí, con el lab

alo. Y por el amor de Dios

veredicto, pronunciado ante toda su corte.

comparado con la certeza fría y dura que se instaló en mi alma. Esto no fue un acci

e había i

aba echando raíces. Una resolución sil

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El Secreto Mortal de Mi Esposo Mafioso
El Secreto Mortal de Mi Esposo Mafioso
“Durante años, fui la esposa perfecta y silenciosa de Dante Montenegro, el Don más temido de Monterrey. Confundí sus regalos lujosos con afecto y su fría protección con cuidado. La nonagésima novena vez que le pedí el divorcio, se rio. Una hora después, su amante, Isabella, lo llamó. -Bájate -ordenó, dejándome en una oscura esquina bajo la lluvia torrencial para poder correr a su lado. Mientras veía desaparecer su camioneta blindada, finalmente entendí la verdad. Nuestro matrimonio era una transacción, un pacto para saldar las deudas de mi padre. Yo solo era un reemplazo, una sustituta viviendo una vida diseñada para Isabella. Cada regalo, cada gesto, era un eco de los gustos de ella. Él nunca me vio. Para él, yo no era su esposa; era una posesión. Una obligación que podía desechar a su antojo. Pensó que era demasiado débil, demasiado dependiente para luchar. Creyó que no podría sobrevivir sin él. Pensó que simplemente correría a esconderme. Se equivocó. No se escapa de un hombre como Dante Montenegro. Te cazaría hasta el fin del mundo, no por amor, sino por orgullo. Para romper un pacto con un Don, no puedes simplemente huir. Tienes que estar preparada para la guerra. Y allí, empapada y abandonada, hice un nuevo juramento: no solo lo dejaría. Reduciría todo su mundo a cenizas.”