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El Precio de Hacer Milagro

Capítulo 3 

Palabras:1262    |    Actualizado en: 07/07/2025

co, luego a Sofía, que me observaba con una expresió

dije, saboreando el momento. "Pero

de Marco va

Como dijo el Dr. Ramiro, ese agave tiene algunas propiedades, podría darle una falsa sensación de mejorí

contorsionó de furia

Quiero un verdadero desafío. Algo que demuestre qui

tica, dejando que la

ta ciudad. Una mucho más

e de la rival de Sofía, la mujer en estado ve

ué, mi voz resonando en el silencio. "Cambiemos los términos de la apuesta. Yo, Rica

redulidad. "¿Está loco?", "¡Eso es impo

nancias, sino que admitirás públicamente que eres un fraude. Y tú", me giré hacia Sofía, "cederás

asó de la ira a la

restaurante, todas mis propiedades y

ue absoluto. La apuesta

arrinconarme, pero yo había subido la apu

ada por su odio hacia mí y su fe ciega en él. "¡Es la op

fía, no tuvo más remedio que aceptar. Su ego no le per

párate para perderlo todo, Morales! ¡Dentro de un m

escalofriante. Me acerqué a Sofí

le susurré. "Porque cuando se acabe, la realidad será muy dur

specífica y segura, pareció finalmente romper u

tios de chismes no hablaban de otra cosa. Ricardo "Ricky" Morales, el chef genio, contra Marco Flores, el a

ernada. Su madre, la Sra. Herrera, me recibió en la puerta de la suite, c

re la apuesta... ¿es verdad?"

esito su permiso para comenza

ma, pálida e inmóvil, conectada a un laberinto

eparar caldos y sopas, infusiones concentradas de hierbas y especias. Y en cada platillo, el ingrediente secreto: una sola gota de mi sangre, extraída discreta

Herrera me detuvo en el pasi

. "Independientemente del resultado de la apue

e varios locales comerciales de primera categorí

señora", dije, genui

istió. "Por favor, acéptelo. Sé que está arriesgan

me atribuían, sino porque sabía que necesita

stíbulo del hospital. Él venía a visitar a un amigo;

de la cocina del hospital. "El chef ocupado, cocinand

e las manos en un trapo. "¿Cómo va la cura milagrosa

ue nunca", mintió. "Siento un cosquilleo en las pi

"Ten cuidado de que no sea el inicio de la atro

autoridad médica casual, la golpearon donde más le dolía: su miedo. Vi

monstruo

oy el hombre que te dijo la verdad desde el p

illo. Pero mientras caminaba, una enfermera se

con la voz agitada. "Es de las cámaras de s

he, entrando en la habitación de Sofía. Pero no le estaba dando un masaje ni ayudándola con ejercicio

irritada por las mañanas", dijo la enfermera. "Creemos que lo que sea que

n la dirección por la que s

guna porquería que había comprado o hecho, probablemente tóxica, p

ue la caída de Sofía no

na catá

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El Precio de Hacer Milagro
El Precio de Hacer Milagro
“Mi nombre es Ricardo Morales, y mi cocina solía ser mi orgullo, capaz de sanar cualquier alma. Pero esa misma cocina, o más bien, el "milagro" que producía, me costó la vida. La última imagen que tuve fue la de Sofía del Valle, la heredera del imperio tequilero, viéndome desangrar, la locura en sus ojos, gritando: "¡Tú dices que tu cocina es un milagro! ¡Pues úsalo para traerlo de vuelta!" A su lado, el cuerpo congelado de su amante, Marco Flores, un año después de haber desaparecido, y al que yo, supuestamente, debía resucitar. Le supliqué, mis fuerzas agotándose: "¿Sofia, está muerto. Mi comida cura, no resucita. Lleva un año así." Ella me escupió, su rostro retorcido por el odio: "¡Tú lo mataste, Ricky! ¡Tú me robaste mi vida con él!" Me culpó por la muerte de un estafador y me dejó morir, desangrándome por un ritual sin sentido. Antes de que la oscuridad me engullera, escuché los susurros: Marco no murió buscando la planta milagrosa, sino intentando estafar a la amante de un hombre peligroso. Toda mi vida, mi sacrificio, fue por una mentira. Pero entonces, desperté. Volví. En el día exacto en que la conocí, en el mismo salón, y ella, pálida y frágil, me miró con la misma arrogancia de siempre. Esta vez, no habría compasión. "Señorita Del Valle", le dije con una voz que no reconocí. "Su paladar está perdido. Es una causa perdida. Nadie puede curarla." El silencio se rompió cuando una taza de talavera se estrelló contra la pared. Mi vida anterior me había traicionado, pero esta vez, yo sería quien pusiera las reglas. Y el juego, cabrones, apenas comenzaba.”
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