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El Precio de Hacer Milagro

El Precio de Hacer Milagro

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Introducción 

Palabras:276    |    Actualizado en: 07/07/2025

mi cocina solía ser mi orgullo

ás bien, el "milagro" que

erio tequilero, viéndome desangrar, la locura en sus ojos, gritando: "¡T

rco Flores, un año después de haber desaparecid

: "¿Sofia, está muerto. Mi comida c

o por el odio: "¡Tú lo mataste, Ric

afador y me dejó morir, desangrá

urros: Marco no murió buscando la planta milagrosa, sin

sacrificio, fue

onces, d

n el mismo salón, y ella, pálida y frágil,

no habría

que no reconocí. "Su paladar está perdido.

trelló contra la pared. Mi vida anterior me había traic

abrones, apen

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El Precio de Hacer Milagro
El Precio de Hacer Milagro
“Mi nombre es Ricardo Morales, y mi cocina solía ser mi orgullo, capaz de sanar cualquier alma. Pero esa misma cocina, o más bien, el "milagro" que producía, me costó la vida. La última imagen que tuve fue la de Sofía del Valle, la heredera del imperio tequilero, viéndome desangrar, la locura en sus ojos, gritando: "¡Tú dices que tu cocina es un milagro! ¡Pues úsalo para traerlo de vuelta!" A su lado, el cuerpo congelado de su amante, Marco Flores, un año después de haber desaparecido, y al que yo, supuestamente, debía resucitar. Le supliqué, mis fuerzas agotándose: "¿Sofia, está muerto. Mi comida cura, no resucita. Lleva un año así." Ella me escupió, su rostro retorcido por el odio: "¡Tú lo mataste, Ricky! ¡Tú me robaste mi vida con él!" Me culpó por la muerte de un estafador y me dejó morir, desangrándome por un ritual sin sentido. Antes de que la oscuridad me engullera, escuché los susurros: Marco no murió buscando la planta milagrosa, sino intentando estafar a la amante de un hombre peligroso. Toda mi vida, mi sacrificio, fue por una mentira. Pero entonces, desperté. Volví. En el día exacto en que la conocí, en el mismo salón, y ella, pálida y frágil, me miró con la misma arrogancia de siempre. Esta vez, no habría compasión. "Señorita Del Valle", le dije con una voz que no reconocí. "Su paladar está perdido. Es una causa perdida. Nadie puede curarla." El silencio se rompió cuando una taza de talavera se estrelló contra la pared. Mi vida anterior me había traicionado, pero esta vez, yo sería quien pusiera las reglas. Y el juego, cabrones, apenas comenzaba.”
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