La hija perdida del magnate
olía a café recién hecho y pan recién horneado, pero aquella mañana no tenía hambre ni energía. Pasó
Diana, su compañera de trabajo, mientras
ndió Natalia, fr
lo, mucho menos explicarlo. Solo una idea se repetía en su mente como u
n hombre como él, rodeado de abogados y seguridad, no permitirí
nganza, debí
frente a una de las computadoras y tecleó el nombre de Esteban Montalvo
alvo, el magn
expande sus ne
privada del hombre m
saba. Deslizó la pantalla hasta enc
asta tecnología. Pero el pilar principal de su imperio era Montal
onde debí
rtas. Entre ellas, un puesto de asistente en el departamento de relaciones públicas. No era ex
cliente y administración básica, y lo editó con las habilidades que sa
está dado -susur
és, Natalia rec
a Natali
ionada para una entrevista en Montalvo Cor
n le dio
ta. Era su entrada al mu
de de Montalvo Corp. El edificio se alzaba majestuoso sobre la ciudad, con sus ventanal
y avanzó con
on una enorme pantalla mostrando datos financieros en tiemp
el puesto de asistente de relaciones púb
ó en su comput
a Guerra. Tome el
mirada. Había cambiado su apariencia ligeramente, alisando su cabello oscuro y usando un maquillaje discreto. Su atue
ras tres personas estaban sentadas, esperando su turno. Todos s
castaño recogido en un moño entró en
a Guerr
a oficina donde la esperaba un hombre de un
laciones públicas -se presentó e
spondió Natali
alia respondió con seguridad, destacando su experiencia en servicio
eriencia en grandes em
miró con de
on las personas, cómo entender lo que quieren. Creo
satisfecho co
ta tu a
os más de preguntas,
venida a Montalvo Co
ó una oleada
ogrado
apenas c