La hija perdida del magnate
por la reciente lluvia, reflejando las luces mortecinas de los postes. A pesar del frío que se filtraba en sus huesos, ella caminaba
rio, la había criado con lo poco que tenía. Nunca hubo lujos ni comodidades, pero tampoco faltaron el amor y las enseñanzas. Rosario le
y atendiendo clientes con su mejor sonrisa. No era el empleo de sus sueños, per
en el viejo sillón de la sala, con una carta entre las mano
ario, mirándola con los
o, dejó las compras so
mamá? ¿Te
on la cabeza y le
que conozc
lado y tomó la carta con dedos temblorosos. Su mirad
me, pero la verdad es esta: no eres mi hija biológica. Te encontré cuando eras solo una bebé, abandonada en la orilla del río después de un secuestro que salió mal. Creí q
volverse borrosas ante l
o? -murmuró, sintiendo su
omó las mano
oda tu vida te h
uién era: el magnate más poderoso del país, dueño de un imperio que abarcaba desde hote
de ser despiadado. Era temido, respeta
un error -susurró, ponié
negó con
aron. Tu madre... ella nunca dejó de buscarte, pero no pudo s
de emociones la invadió: incredulidad, enojo, tristez
o dijiste? -preguntó
o de perderte. Tem
había una explicación, que su destino no había sido sellado de
r muerta tan fácilmente? ¿Cómo pudo continuar con su vida como s
as -declaró, con l
miró con pr
ada impulsi
Una semilla de venganza acaba
s así seguiría siendo. Porque Natalia no buscaría recuperar
icia. Querí
mero debía infilt