La hija perdida del magnate
o solo le confirmaba que Fernando Acosta tenía planes ocultos dentro de Montalv
r a Esteban Montalvo, entonc
delanta
r antes de que lo
so, necesit
ategia en mente. Hasta ahora, había mantenido un perfil bajo, ganánd
ía que
Acosta, debía asegurar
ctamente có
l acercarse al despacho de su j
de su computadora y le hi
cesitas,
ay ciertas irregularidades en los contratos de la fusión con Val
arqueó
ntos son con
. Pero si hay errores, podríamos
vó en silencio
ente,
ro mantén esto
risa de gratitud mient
le darían pistas sobre l
un paso más cer
emanas fueron un
y buscando inconsistencias. Y encontró algo alarmante: Acosta había e
bajo esas condiciones, Mont
Esteban Montalvo ni s
Natal
esa informaci
a de la empresa, su telé
ro desc
¿
sculina-, sé que ha estado invest
se detuv
ién
burlón-. Le daré un consejo: deje de hur
escalofrío recor
de qu
mos que estuvo revisando l
pretó los
tá amen
elo una a
amada t
no lentamente, con la
que ella estab
aba que esta
asustarla, eso so
tiera amenazado, era porque es
aba deten
cidió hacer a
un edificio diferente al de Montalvo Corp, un
tal vez encontraría pru
de la medianoche. Usó una identificación que había conseguido para acceder al
dad, pero también sabía que a e
minó con decisión, como si
la d
ganzúa que había comprado días antes. Había practicad
uló la cerradura hasta
rta se
cerró con cuidad
s, con la luz de la ciudad fi
ritorio y encend
gida con una
no era un
la empresa. Y aunque no había logrado verla por comple
menzó a probar
n
o
int
pantalla se
para sí
s, correos, documentos q
es, lo e
larmante: "Confirmación d
e el aire se le e
aje y lo leyó
lo acordado. Nos aseguramos de qu
tragó
ueba que
abía estado detrá
la evidencia
ra hacer algo más, escu
nía hacia
se había