La hija perdida del magnate
lla de su computadora. Sus compañeros ya se habían marchado, y la oficina estaba en completo sil
dvertencia. No era coincidencia que aquel hombre, vinculado a su secues
umentos y se recargó en su sill
levantar sospecha
ovimiento. Se aseguró de cruzarse con Mariana en la cafetería interna de
sirviéndose café-, ¿tú sa
ció el ceño
qué pr
varios contratos import
miró a su alrededo
Tiene tanto peso en la empresa como el mismo Mon
ingió ind
umo
nó a personas cercanas a él, pero nadie puede probarlo. Montalvo lo mantiene cer
, agradecida po
enemigos dentro de la empresa
imientos de Fernando Acosta. Lo observó desde lejos, analizando
eta vigilancia, se dio cu
a desaparecía de la oficina. Nunca mencionaba
descubrir
ón, fingiendo revisar documentos en su
con paso firme hasta la salida. Vestía su usual traje gris, pero s
ndos y luego lo siguió a
utomóvil negro con vidrios polarizados.
o, pero sin que nos ve
etrovisor, curioso, pero a
luminadas hasta detenerse en un club priv
costa ingresaba al lugar. El letrero en la entrada decía Club Sol
sí como así. Nece
n, un grupo de mujeres vestida
reserva? -preguntó el
con el señor Domínguez
ficó la lista y
ire y se acerc
ijo con naturalidad
oso, pero con un suspi
nven
ogrado
ra oscura y lámparas de cristal. La música suave se
almente, lo vio en una mesa privada, acompañado de
star interesada en la decoración
Acosta, con una sonrisa arrogante-. Lo tiene todo, pero si
gre le hervía, pero se ob
fusión? -preguntó
e como espero, en unas semanas, Est
apretó l
laneando algo c
esa con la intención de destruir a Esteban Montalvo, pero ah
nza no debía diri
enemigo siempre habí
.. ella misma