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Cuentos y diálogos

Chapter 9 No.9

Word Count: 2075    |    Released on: 06/12/2017

iendas se vendían mil primores traídos de lejanos países: telas de lana, te?idas de púrpura en Tiro; joyas de oro, hechas en Ménfis, en Sais y en ot

y con su novio, a recorrer dichas tiendas y a co

más audaces y sabios marinos que había e

ierro, pieles de armi?os y de castores, y otros objetos de valor que él había ido a buscar a las costas de Francia,

en Málaga cobre, vino, azogue y oro en polvo de las arenas d

criatura más linda y salada. Ganas tuvo de llegarse de súbito a la muchacha y de soltarle el pavo, esto es, de decirle sin ceremonia sus atrevidos pensamientos: pero

Mutileder para hacerse cargo de que era capaz de deslomar a cualquiera de un g

. Echeloría no produjo en él una impresión fugaz y ligera, sino profunda y durable. Así fu

urriana con disimulo, y volvió a ver a la n

de la vida de Echeloría, supo que iba a casarse con Mutilede

bólico, el cual le salió bien, como por desgra

la tripulación, grandes nadadores y buzos, y de los más ágiles y devotos a su persona. Con la lancha se acercó cautelosamente, ocultándose en las sinuosidades de la costa y al abrigo de las pe?as y montecillos, hasta que llegó cerca del lugar donde Echeloría se ba?aba, creyéndose segura y con el más completo descuido. Los nadadores se echaron entonces al agua, zambulleron, surgieron de improviso donde Echeloría estaba ba?ándose, se apoderar

o, se extremó en hacer muestras de su dolor. Allí fue el mesarse las venerables canas, el revolcarse por el suelo, y el dar tan formidables chillidos, que Mutileder, aunque estaba lejos, acudió al sitio, oyéndolos. El infeliz amante supo entonces toda la en

punto fijo el infeliz amante quién había sido el raptor, por más que sospechase de

s fenicios habían robado a Io, hija de Inaco; los griegos habían robado a Europa de Fenicia, a Medea de Coicos, y a Ariadna de Creta; y por último, un prín

ente. Lo único que se cría es la hembra del hombre. La verdadera mujer es producto artificial, que resulta de grande esmero y cuidado y de exquisito y alambicado cultivo.

irce y Calipso, que convertían a los hombres en bestias; la ginecocracia, esto es, el imperio de la mujer, establecido en muchas partes, como en el país de las Amazonas y en la Arabia Feliz; y el omnímodo influjo, ora funesto, ora útil, que ejercieron algunas damas en los varones más crudos y valerosos, como Onfale en Hércules, Dálila

mbran el estudio, la prolijidad y los preparativos minuciosos de que se valían las mujeres para presentarse de una manera digna. A fin de agradar al rey Asnero, que buscaba reina, después de repudiada Vastí, se pasaban las chicas un a?o entero frotándose con linimentos y pomadas, saumándose, lavándose, perfilándose y acicalándose. En el día, con una hora de preparación bastarla para presentar ante el si

es y digresiones a un lado,

la lloró perdida, con femenil amargura, sino que, agitando su garrote y haciendo crujir la honda con chasquidos estruendoso

centro, daban mayor majestad a su frente; la boca entreabierta dejaba ver unos dientes blancos, iguales y firmes, y sana frescura y vivo color de carmín en encías y lengua. Su cabeza, echada atrás con arrogancia, y destocada, lucía copiosa y rubia cabellera, que flotaba en rizos graciosos a merced de la

da más coqueta y caprichosa que había en Málaga. Su marido la había dejado joven y con muchos bienes de fortuna. Ella seguía con la casa de

y dos escuderos, una due?a y cuatro pajecillos egipci

aravillada. Entonces dijo para sí: ?Divinos cielos, ?qué es lo que miro? ?Será és

r de la silla de manos, en medio de gente extra?a, cuya lengua no entendía, porque hablaban el ibero, que, como ya queda dicho, era lo que se llama hoy el vascuence. Si Chemed hubi

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