Cuentos y diálogos
ella favorita peinaba sus dorados, largos y suavísimos cabellos. Las puertas de un balcón, que daba
ica y pensativa y no dirigía
n un preciosísimo pájaro, cuyas plumas parecían de esmeralda, y cuya gracia en el vuelo dejó absortas a la se?ora y a su sirvienta. E
vo tiempo de ver al pájaro, pero su atrevimiento y
desataba una liga, y suspendiendo el baile, se dirigió con disimulo a un bosquecillo cercano para atársela de nuevo. Descubierta tenía ya S. A. la bien torneada pierna, había estirado ya la blanca media de seda, y se preparab
ero que dijo fue:-??Que me busquen al pájaro verde... que me le trai
e pensase en matar al pájaro verde, se soltaron contra él neblíes, sacres, gerifaltes y hasta águil
acrecentaba su mal humor. Aquella noche no pudo dormir. Lo me
ta a lo más frondoso del bosque que estaba a la espalda de palacio, y donde se alzaba el sepulcro de su madre. Allí se puso a llorar y a lamentar su suerte.-?De qué me sirven, decía, todas mis r
penas empezó a besarle, cuando acudió más rápido que nunca el pájaro verde, tocó con su ebúrneo pico los labios de la Princesa, y arrebató el guardapelo, que durante tantos
y colorada y dijo a la doncella:-Mírame, mírame los labio
traidor no volvió a aparecer en adelante, y la Princesa fue desmejorándose por grados, hasta caer enferma de mucho peligro. Un
ra traerle vivo el pájaro verde. Mas ?dónde hallarle? Inútil fue que le buscasen lo
eriguasen, so pena de incurrir en su justa indignación, quién era
iscursos, pero nada averiguaron.-Se?or, dijeron al cabo todos ellos al Rey, postrándose humildemente a sus pies e hiriendo el polvo con las respetables frentes, somos unos m
on ricos presentes para la reina de Sabá, y con todos los recursos de que yo puedo disponer para cazar pájaros vivos. El fénix debe de tener su nido en el pa
ados en lingüística, y entre ellos el Ministro de Negocios extr
que era el más famoso encantador de aquella eda
ba en ellas más de cincuenta pa?uelos. Las lavanderas de palacio estaban con esto muy afanadas, y como entonc