Perseguida por la Mafia

Perseguida por la Mafia

EVA M

3.5
calificaciones
3.7K
Vistas
36
Capítulo

Marianne Cooper creyó haber escapado de un infierno. Pero el pasado ha regresado a ella con odio y deseos de venganza. Un hombre al que una vez amó, pero que desconocía sus oscuros secretos. Ella logró escapar, durante seis años se mantuvo alejada de él. El destino y sus designios la volvieron a encontrarse con él. Durante seis él la había olvidado, pero seguía odiandola por haberle quitado una parte de él. Después de seis años, ¿Finalmente decidirá vengarse aquel hombre? Ó, ¿Será ella quien haga el primer movimiento? Ningunos los dos sabrá como terminará su historia de amor y odio hasta que pase lo que tenga que pasar.

Capítulo 1 1

Ridgewood, Nueve Jersey, Junio de 1974.

Diez minutos antes de que ocurriera, Marianne, de cuatro años de edad, se encontraba sentada en el suelo de su habitación con las piernas cruzadas ordenando el mobiliario de su casa de muñecas. Estaba harta de jugar sola y quería ir a la piscina. Del comedor le llegaban las voces de mamá y de las señoras que habían sido sus compañeras de escuela en Nueva York. Charlaban y reían mientras almorzaban.

Mamá le había dicho que Sarah, su hermana mayor, había ido a una fiesta de cumpleaños con otras niñas de doce años; por ello, Beth, que algunas veces la cuidaba por la noche, vendría a casa para nadar con ella. Pero cuando Beth llegó, se puso a hablar por teléfono.

Marianne se apartó del rostro su larga melena rubia. Hacía rato que había subido a ponerse el bañador nuevo, color rosa. Quizá si se lo recordaba a Beth...

Ésta, acurrucada en el sofá, sostenía el auricular del teléfono entre el hombro y la oreja. Marianne le tiró del brazo.

-Ya estoy lista.

-Un minuto, cariño, estoy discutiendo de algo muy importante -dijo Beth, que parecía enfadada-. Odio hacer de niñera -oyó que susurraba al aparato.

Entonces, la niña se acercó a la ventana. Un gran automóvil pasaba lentamente. Le seguía otro, descubierto, lleno de flores y, tras él, más coches con los faros encendidos. Siempre que ella veía una comitiva parecida, comentaba que se acercaba un desfile; pero mamá decía que no, que aquello era un cortejo fúnebre camino del cementerio. Incluso así, a Marianne le recordaba un desfile, y le encantaba salir a la acera para saludar con la mano a los ocupantes de los coches. Algunas veces le devolvían el saludo.

Beth dejó el auricular en el soporte del teléfono. Marianne estaba a punto de preguntarle si podía salir para ver pasar a los coches cuando Beth volvió a descolgar el aparato.

«Beth es mala», se dijo Marianne. Salió de puntillas al vestíbulo y echó un vistazo al comedor. Mamá y sus amigas seguían hablando y riendo.

-¿Os dais cuenta de que nos graduamos en el «Villa» hace treinta años? -decía mamá.

-Bueno, Marie, al menos tú puedes mentir sobre ello -contestó la mujer sentada a su lado-. Tienes una hija de cuatro años. ¡Yo tengo una nieta de esa edad!

-Pero nos conservamos bastante bien -añadió otra señora, y todas volvieron a reír.

Ni siquiera se molestaron en mirar hacia Marianne. Eran malas también. La hermosa caja de música que una de ellas había regalado a su mamá estaba sobre la mesa y Marianne la cogió. Se encontraba a cuatro pasos de la puerta. La abrió sin hacer ruido, cruzó el umbral y corrió por la calzada saludando a los vehículos del desfile.

Los observó hasta perderlos de vista y luego suspiró, esperando que las visitas se marcharan pronto. Dio cuerda a la caja de música y escuchó el sonido de un piano y un coro de voces que cantaba:

-Al Este, al Oeste...

Seguir leyendo

Otros libros de EVA M

Ver más

Quizás también le guste

Contrato con el Diablo: Amor en Cadenas

Contrato con el Diablo: Amor en Cadenas

Shu Daxiaojie
5.0

Observé a mi esposo firmar los papeles que pondrían fin a nuestro matrimonio mientras él estaba ocupado enviándole mensajes de texto a la mujer que realmente amaba. Ni siquiera le echó un vistazo al encabezado. Simplemente garabateó esa firma afilada y dentada que había sellado sentencias de muerte para la mitad de la Ciudad de México, arrojó el folder al asiento del copiloto y volvió a tocar la pantalla de su celular. —Listo —dijo, con la voz vacía de toda emoción. Así era Dante Moretti. El Subjefe. Un hombre que podía oler una mentira a un kilómetro de distancia, pero que no podía ver que su esposa acababa de entregarle un acta de anulación disfrazada bajo un montón de aburridos reportes de logística. Durante tres años, limpié la sangre de sus camisas. Salvé la alianza de su familia cuando su ex, Sofía, se fugó con un don nadie. A cambio, él me trataba como si fuera un mueble. Me dejó bajo la lluvia para salvar a Sofía de una uña rota. Me dejó sola en mi cumpleaños para beber champaña en un yate con ella. Incluso me ofreció un vaso de whisky —la bebida favorita de ella—, olvidando que yo despreciaba su sabor. Yo era simplemente un reemplazo. Un fantasma en mi propia casa. Así que dejé de esperar. Quemé nuestro retrato de bodas en la chimenea, dejé mi anillo de platino entre las cenizas y abordé un vuelo de ida a Monterrey. Pensé que por fin era libre. Pensé que había escapado de la jaula. Pero subestimé a Dante. Cuando finalmente abrió ese folder semanas después y se dio cuenta de que había firmado la renuncia a su esposa sin siquiera mirar, El Segador no aceptó la derrota. Incendió el mundo entero para encontrarme, obsesionado con reclamar a la mujer que él mismo ya había desechado.

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro