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En vísperas de nuestro décimo aniversario, mi esposa Sofía propuso nuevas fotos de boda. Quería "compensar arrepentimientos" y "celebrar mi arduo trabajo", pensé ingenuamente que el amor renacía de las cenizas. Pero en la fiesta de aniversario, mi retrato nupcial apareció saboteado con una sola palabra: "la otra". La humillación pública fue solo el inicio, con Mateo, el joven asistente de Sofía, riéndose en mis narices, y luego, compartiendo su "amor" con mi esposa descaradamente en redes sociales. La bajeza de Sofía, quien me acusó de "acosar" a su amante y me exigió disculpas, mientras yo descubría más engaños y mentiras, era insoportable. Me di cuenta de que mi paciencia y sumisión, que creí amor, solo habían sido herramientas para que ella me pisoteara, incluso usando la muerte de nuestro hijo como arma. Fue entonces, con la voz quebrada pero firme, que le dije: "Sofía, divorciémonos."
En vísperas de nuestro décimo aniversario, mi esposa Sofía propuso nuevas fotos de boda.
Quería "compensar arrepentimientos" y "celebrar mi arduo trabajo", pensé ingenuamente que el amor renacía de las cenizas.
Pero en la fiesta de aniversario, mi retrato nupcial apareció saboteado con una sola palabra: "la otra".
La humillación pública fue solo el inicio, con Mateo, el joven asistente de Sofía, riéndose en mis narices, y luego, compartiendo su "amor" con mi esposa descaradamente en redes sociales.
La bajeza de Sofía, quien me acusó de "acosar" a su amante y me exigió disculpas, mientras yo descubría más engaños y mentiras, era insoportable.
Me di cuenta de que mi paciencia y sumisión, que creí amor, solo habían sido herramientas para que ella me pisoteara, incluso usando la muerte de nuestro hijo como arma.
Fue entonces, con la voz quebrada pero firme, que le dije: "Sofía, divorciémonos."
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Urban romance
Hoy era la boda de Jorge, mi esposo. O, como yo lo veía, el hombre con el que firmé un contrato hace cinco años. La catedral refulgía, un evento de sociedad a la vista de todos, pero yo conocía la impaciencia oculta en su mirada, la tensión en su mandíbula. Mi nombre parpadeaba en su pantalla, mientras llamaba una y otra vez; no entendía que, después de cinco años contestando al primer tono sin importar la hora, esta vez no habría respuesta. Su irritación se transformó en pura furia cuando vio el pequeño círculo rojo: lo había bloqueado, la mujer que creyó dominar se había levantado y se había ido, cerrándole la puerta en la cara. La furia lo consumía, así que ordenó cancelar todas mis tarjetas de crédito, solo para descubrir, para su asombro y humillación, que nunca había usado ni un solo centavo de su dinero. Era un insulto silencioso, un rechazo profundo que nunca percibió; al instante, la imagen de la sumisa esposa que construyó en su mente se hizo añicos. Con la boda de Jorge y Sofía convertida en una tortura, corro a la casa que compartimos, solo para encontrar su armario vacío y el baño desolado, como si nunca hubiera existido. El pánico me invade al darme cuenta de que todo lo que me pertenecía ha sido removido con precisión quirúrgica, sin dejar rastro, y su contacto de teléfono me lo recuerda: "No puedes responder a esta conversación." Envuelto en frustración, Jorge destroza todo a su paso, solo para descubrir un sobre con su nombre: dentro, nuestro contrato de matrimonio de cinco años y, lo que le hiela la sangre, los papeles de divorcio ya firmados por mí. Una pequeña nota adhesiva lo acompaña: "Contrato cumplido. Eres libre. Yo también." Rompe los papeles en mil pedazos, pero la realidad es innegable: me he ido, y lo he hecho en mis propios términos.
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Ciencia Ficción
El aire de la mañana olía a incertidumbre, a húmeda espera por el examen de ciudadanía que mis padres adoptivos, Elena y Javier, tanto anhelaban para mí. Estaba atándome los zapatos cuando el celular vibró, un mensaje de un número desconocido, casi un susurro digital. "Sofía, soy Miguel, no vayas al examen, es una trampa" . Miguel, mi hermano, desaparecido hace tres años y dado por muerto por todos, menos por mí. Marqué el número con una urgencia febril, solo para escuchar una voz metálica: "El número que usted marcó no existe". ¿Una broma de pésimo gusto o una advertencia real? Mi presunta madre, Elena, me urgía desde abajo, el rostro contraído por la impaciencia, mi presunto padre, Javier, con su mirada fría y tajante, me obligaba: "Vas a ir a ese examen, aunque tenga que llevarte arrastrando". Pero mi teléfono vibró de nuevo: "NO VAYAS, CORRE". El pajarito de madera, el único recuerdo de Miguel que Elena no había destruido, fue arrancado de mis manos por su furia irracional, solo para que una extraña distorsión en su piel revelara una cicatriz en su supuesta mano, una cicatriz que no estaba allí, pero que mi verdadera madre sí tenía. Mi mundo se desmoronó: ellos no eran mis padres. El lunar de la suerte de mi padre real, ausente en Javier, confirmó el espanto. Toda mi vida con ellos, una mentira. Tenía que escapar, tenía que encontrar a Ricardo, el único que conocía a Miguel antes de esta horrible farsa. Entonces lo vi, Ricardo, en la cafetería. En medio de una falsa tos para ganar tiempo, le guiñé un ojo, una señal de peligro que solo Miguel y yo conocíamos. Ricardo entendió. "Señor Javier, tiene una llanta muy baja", dijo, distrayéndolos. Salí corriendo sin mirar atrás, pero cuando su mano se posó en mi hombro, un nuevo mensaje heló mi sangre: "NO CONFÍES EN RICARDO, TAMBIÉN ES PARTE DE LA TRAMPA". La sonrisa amable de Ricardo, transformándose en una mueca calculadora. Ellos me querían en un psiquiátrico, me querían convencida de que Miguel estaba muerto, me querían controlada. Pero había otra cosa: la pequeña cicatriz en la mejilla izquierda del cuerpo en el ataúd del video que Ricardo me mostró-Miguel no tenía esa cicatriz. No era él. Era todo un engaño. En la azotea del edificio, con la muerte a diez pisos de distancia, el mensaje final de Miguel parpadeó en mi pantalla: "Este mundo no es real, es un sueño, una simulación, la única forma de despertar es saltar, confía en mí". ¿Era una locura o la única verdad? "¿Qué me regalaste en mi séptimo cumpleaños?", le escribí a Miguel, una prueba final, nuestro secreto. "Una caja de cerillos vacía, la pinté de azul, tu color favorito, y le pegué una pequeña piedra brillante que encontré en la calle, te dije que era un cofre del tesoro para guardar tus sueños". Era él. Miré a Ricardo, a Elena, a Javier, y salté. Desperté en una habitación blanca, con Miguel a mi lado, pero el Dr. Salazar y Ricardo, con bata de laboratorio, me observaban. "Bienvenida a la \'realidad\'", dijo Ricardo con una sonrisa fría, "o al menos, a la versión que has estado evitando… tu mente puede construir realidades enteras… yo solo le di un empujón". Esto no era el fin. Era solo otra jaula.
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Ciencia Ficción
La última imagen que vi fue el reflejo distorsionado de mi rostro en el acero pulido de una mesa de operaciones. Estaba fría, de un frío que calaba hasta los huesos, no por el metal, sino por la desesperanza. A mi alrededor, figuras de blanco murmuraban sobre "sujetos con dones" y "procedimientos de extracción". Nadie dijo mi nombre. Yo no era Sofía, era un espécimen. En esta vida que ahora terminaba, fui la sombra, la hermana dócil que eligió el "don de la humildad", mientras Isabella, mi hermana, deslumbraba con el "don del éxito" elegido por mi madre. Mi humildad me llevó a una jaula de oro, casada con Mateo, un hombre que me trató como un adorno más. Pero el éxito de Isabella era una espada de doble filo: atrajo la codicia, la traición. Familiares, esas sanguijuelas, la denunciaron a una sociedad secreta. Fue capturada, torturada en un laboratorio como este, y murió. La noticia me llegó fría, sin sentimiento, un escándalo más para mi esposo. Y ahora, aquí estaba yo, en el mismo infierno, experimentando el mismo horror. La sociedad secreta, en su búsqueda, encontró mi "don" y lo consideró valioso. El dolor se intensificó, una agonía que recorría cada nervio. Cerré los ojos con un último pensamiento amargo: a nadie le importó nunca. La oscuridad me envolvió. Un rayo de sol golpeó mis párpados. Parpadeé, confundida. El dolor había desaparecido. El frío laboratorio se había esfumado. Estaba en mi habitación de la infancia, la que compartía con Isabella. Escuché la voz de mi madre, Elena, desde el pasillo: "¡Sofía, Isabella! ¡Bajen ahora mismo! ¡Tengo algo muy especial para ustedes!" Mi corazón se detuvo. Conocía esa voz, esa frase. Era el día. El día en que mi madre nos hizo elegir nuestros dones. Me miré en el espejo: una adolescente, mi rostro sin las marcas del dolor y la resignación. Estaba viva. Había vuelto. Una furia helada y clara me invadió. Esta vez, no sería la víctima.
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Moderno
Aquí estoy de nuevo, arrodillada en la fría capilla familiar, ante la misma elección crucial. Una alianza de amor o el sello que encarna el poder de generaciones. En mi vida anterior, elegí el anillo por Mateo, el hombre al que amé con todo mi ser. Le di mi fortuna, mis viñedos, mi apoyo incondicional para construir su imperio, le di mi vida entera. Pero justo en mi quincuagésimo cumpleaños, me sirvió un pastel, y con él, un veneno rápido y atroz. Mientras mi cuerpo caía sin vida, sus ojos revelaron la verdad: una codicia voraz y cruel. Mis propios hijos, a quienes crié con lujo y amor, me observaron con una indiferencia helada. Ellos me abandonaron sin una pizca de remordimiento, dejándome morir sola en mi propia casa. Aquella traición, aquel dolor incomprensible, me consumieron hasta mi último aliento. Fui una tonta, una ingenua, una víctima de mi propio amor y lealtad mal dirigidos. Pero ahora, el destino me ha concedido otra oportunidad, he renacido, justo en este mismo instante. Y Mateo, el hombre que me asesinó, también ha regresado, esperando mi decisión con falsas expectativas. Esta vez, mis ojos no ven amor, solo la fría resolución de acero que ha reemplazado a la joven que fui. Elijo el pesado sello de plata, el símbolo de la Heredera Principal, con todo el poder que conlleva. Que crean que elegí la alianza otra vez, porque mi venganza será un baile lento y doloroso. Prepárate, Mateo, tu alma ahora me pertenece.
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Después de descubrir la más cruel de las traiciones -su esposo en la cama con su propia hermana-, Selene Stone toma una decisión desesperada: vengarse de Lucían acostándose con otro hombre. Pero aquella noche de rabia y deseo termina llevándola a los brazos del hombre menos indicado... Alaric Lancaster, el tío de su esposo. Lo que Selene creyó que sería una noche sin rostro ni nombre se convierte en una cadena imposible de romper. Arrepentida y aterrada por las consecuencias, intenta alejarse y suplicar que todo quede en el olvido. Sin embargo, Alaric no está dispuesto a dejarla escapar tan fácilmente. Marcado por un sentimiento desconocido y obsesivo que Selene ha despertado en él, Alaric está decidido a tenerla, incluso si debe forzarla a seguir a su lado. En medio de chantajes, secretos familiares y pasiones prohibidas, Selene deberá enfrentarse a sus propios límites... y descubrir que, a veces, el verdadero enemigo es aquel que logra encender tu corazón en medio del odio. Traición. Venganza. Deseo prohibido. Y un amor oscuro que nunca debió nacer.
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Ethan Thomas es un joven lleno de vida y humor, a pesar de las adversidades que ha enfrentado. Tras un trágico accidente en su adolescencia que le costó la movilidad en sus piernas, Ethan no se ha dejado vencer. Trabajaba arduamente como operario en una fábrica procesadora de alimentos en Illinois y persigue su sueño académico en la universidad, decidido a forjar un futuro brillante. La vida de Ethan da un giro inesperado cuando se convierte en el único heredero de Dominique Walton, un multimillonario propietario de grandes empresas en Estados Unidos. De la noche a la mañana, su mundo cambia drásticamente: de ser un joven humilde, se encuentra en la cúspide de la riqueza. Sin embargo, para reclamar su herencia, Ethan debe cumplir con una condición inusual: casarse con su mejor amiga, Isabella. Lo que comienza como un acuerdo inesperado se transforma en un viaje lleno de emociones, risas y descubrimientos. A medida que Ethan y Isabella navegan por esta nueva realidad, se enfrentan a desafíos que pondrán a prueba su amistad. Juntos, aprenderán que el amor puede surgir en los lugares más inesperados y que los sueños, por más lejanos que parezcan, pueden hacerse realidad. Acompaña a Ethan e Isabella en esta dulce y sorprendente aventura donde la amistad, el amor y la superación personal se enlazan, llevándolos a descubrir que la verdadera riqueza no siempre se mide en dinero, sino en las conexiones que forjamos y en los sueños que nos atrevemos a perseguir. ¡Una historia que te hará reír, llorar y creer en el poder del amor!
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Desde que tenía diez años, Noreen había estado al lado de Caiden, viendo cómo pasaba de ser un joven a convertirse en un exitoso director ejecutivo. Sin embargo, después de dos años de matrimonio, sus visitas a casa se volvieron raras. Los rumores entre los ricos decían que la despreciaba. Incluso la amante de su esposo se burlaba de sus esperanzas, y su círculo la trataba con desdén. La gente olvidó su década de lealtad. Noreen se aferraba a los recuerdos y se convirtió en el blanco de las burlas, hasta que finalmente se cansó. Pensaban que él había ganado su libertad, pero para su sorpresa se arrodilló e imploró: "Noreen, tú eres la única a la que amo". Ella dejó los papeles de divorcio sobre la mesa y se fue.
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Linsey fue abandonada por su novio, quien huyó con otra mujer el día de su boda. Furiosa, ella agarró a un desconocido al azar y declaró: "¡Casémonos!". Había actuado por impulso, pero luego se dio cuenta de que su nuevo esposo era el famoso inútil Collin. El público se rio de ella, e incluso su fugitivo ex se ofreció a reconciliarse. Pero Linsey se burló de él. "¡Mi esposo y yo estamos muy enamorados!". Aunque todos pensaron que deliraba. Entonces se reveló que Collin era el hombre más rico del mundo. Delante de todos, se arrodilló y levantó un impresionante anillo de diamantes mientras declaraba: "Estoy deseando que sea para siempre, cariño".
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-¿Aceptas a esta mujer como tu legítima esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe? -Sí. Tras la afirmación, se inclinó hacia ella, su rostro a centímetros del suyo retiró el velo, quedando expuesto el rostro de Chiara. Mientras tocaba suavemente su mejilla, su mirada recorrió su rostro y luego su cuerpo, como si estuviera evaluándola. Luego, se inclinó aún más, su aliento cálido en su oído. Ella se puso muy nerviosa, esperando el beso que recibiría de su, ahora, esposo. Pero este parecía antes querer decirle algo. -Solo para que quede claro-susurró con una voz baja, pero cargada de una frialdad cortante, estremeciendo completamente el cuerpo de Chiara por la sorpresa de esa voz fría-eres completamente insignificante para mí. Ella cerró los ojos por un momento, asimilando sus palabras. Cuando los abrió de nuevo, las lágrimas salían de sus ojos, buscando algo en el rostro de su esposo, pero solo había una expresión fría y aquella mirada dura que él le daba. -Yo...-Se había quedado sin hablar, recibiendo aquellas palabras carentes de todo en lugar del beso-. ¿Qué se supone que significa eso? -había hecho todo lo posible porque las palabras salieran claras de su boca. -Ya estamos casados, eso fue lo que se me pidió. Tú tienes un esposo y yo sigo a cargo de mi empresa. -Las palabras resonaron en la iglesia como un eco de hielo. La novia estaba paralizada por la humillación mientras él se alejaba de ella con determinación. Pero justo cuando parecía que la ceremonia seguiría su curso, la puerta de la iglesia se abrió de golpe cuando Davide solo se había alejado unos metros de la novia.
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Nicole Matthews se casó profundamente enamorada de un hombre que no la quería en un matrimonio arreglado, manteniendo la esperanza de que algún día él se terminaría enamorando de ella. Sin embargo, eso nunca pasó, él solo la despreció, tratándola de gorda y manipuladora. Luego de dos años de un matrimonio seco y distante, Walter Gibson, el esposo de Nicole, le pidió el divorcio de la manera más degradante. Sintiéndose humillada, Nicole acepta el plan de su amiga, Brenda, quien le sugiere darle una lección a su futuro exesposo, usando a otro hombre para demostrarle a Walter que la mujer que despreció y trató de gorda, podía ser deseada por otro. Solo debían contratar a un gigoló. * Patrick Collins, ha sufrido una decepción amorosa tras otra, todas las mujeres que han mantenido una relación con él, solo han demostrado interés por su dinero, pues Patrick es uno de los herederos de la familia más rica y poderosa del país. Él solo desea enamorarse de verdad de una mujer que lo quiera por quien es y no por su apellido. Y una noche, en un bar, una mujer hermosa, curvilínea y desconocida se acerca a Patrick y le habla, confundiéndolo con un gigoló, esa mujer le hace una propuesta a Patrick fuera de lo común, que le parece muy interesante y no puede rechazar.


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