Discapacidad Fingida Del Astuto

Discapacidad Fingida Del Astuto

Valeria

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Capítulo

El aire en "El Imperio" apestaba a metal y traición, un olor que Pedro "El Astuto" Rodríguez conocía bien. Llevaba tres meses en una silla de ruedas, producto de un "accidente" en una carrera clandestina. Su imperio y su vida estaban en las manos que más confiaba: su esposa Sofía y su compadre Ricardo. Esa tarde, algo se sentía diferente en el aire. La penumbra de su estudio no ofrecía consuelo. Mientras tanto, en la sala de juntas, su compadre Ricardo, con una sonrisa que nunca había visto, anunciaba que él y Sofía tomaban el control total de "El Imperio" . El murmullo de incredulidad fue aplastado por el aplauso de los mecánicos desleales. Don Cheto, su veterano jefe de mecánicos, lo gruñó: "Esto apesta a mierda" . De repente, las puertas se abrieron. Allí estaba Pedro, en su silla de ruedas, impulsado por El Guardián, su silencioso guardaespaldas. "¿Qué está pasando aquí?" , preguntó, su voz débil. Ricardo y Sofía intercambiaron una mirada burlona. "Llegas tarde a la fiesta, Pedro" , dijo Ricardo con sorna. Entonces, Sofía se giró hacia Ricardo y lo besó. Un beso largo, apasionado, descarado. El mundo de Pedro se hizo añicos. Con la voz rota, la confrontó: "Sofía..." . Ella se apartó, sus ojos llenos de una frialdad que helaba los huesos. "¿Qué, Pedrito? ¿Te sorprendió?" , dijo con una risita cruel. Pedro notó su perfume. No era el suyo. Era la loción cara de Ricardo. El mismo aroma que había sentido en sus sábanas. La verdad lo golpeó con la fuerza de un coche a toda velocidad.

Introducción

El aire en "El Imperio" apestaba a metal y traición, un olor que Pedro "El Astuto" Rodríguez conocía bien.

Llevaba tres meses en una silla de ruedas, producto de un "accidente" en una carrera clandestina.

Su imperio y su vida estaban en las manos que más confiaba: su esposa Sofía y su compadre Ricardo.

Esa tarde, algo se sentía diferente en el aire.

La penumbra de su estudio no ofrecía consuelo.

Mientras tanto, en la sala de juntas, su compadre Ricardo, con una sonrisa que nunca había visto, anunciaba que él y Sofía tomaban el control total de "El Imperio" .

El murmullo de incredulidad fue aplastado por el aplauso de los mecánicos desleales.

Don Cheto, su veterano jefe de mecánicos, lo gruñó: "Esto apesta a mierda" .

De repente, las puertas se abrieron.

Allí estaba Pedro, en su silla de ruedas, impulsado por El Guardián, su silencioso guardaespaldas.

"¿Qué está pasando aquí?" , preguntó, su voz débil.

Ricardo y Sofía intercambiaron una mirada burlona.

"Llegas tarde a la fiesta, Pedro" , dijo Ricardo con sorna.

Entonces, Sofía se giró hacia Ricardo y lo besó.

Un beso largo, apasionado, descarado.

El mundo de Pedro se hizo añicos.

Con la voz rota, la confrontó: "Sofía..." .

Ella se apartó, sus ojos llenos de una frialdad que helaba los huesos.

"¿Qué, Pedrito? ¿Te sorprendió?" , dijo con una risita cruel.

Pedro notó su perfume. No era el suyo. Era la loción cara de Ricardo.

El mismo aroma que había sentido en sus sábanas.

La verdad lo golpeó con la fuerza de un coche a toda velocidad.

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