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Discapacidad Fingida Del Astuto

Capítulo 2 

Palabras:615    |    Actualizado en: 03/07/2025

ó el fajo de papeles que Ricardo sostenía en la mano como un

onido agudo y desagradable que

irma para una nueva línea de productos, y tú, como el tonto obediente que eres, firmaste sin siq

tratando de encontrar un rastro de la mujer q

u voz cargada de un dolor tan p

i el contacto de Pedro la ensuciara. "¿Que cómo pude? ¡Pude porque me cansé! Me cansé de ser la esposa del genio

e vi como un tonto, Pedro. Un tonto con talento para los coches, nada m

ación retorcida. "Ricardo sí es un hombre. Él no tiene mied

frutando cada palabra. Se acercó

ás fuerza, marcando su territorio. Luego miró a Pedro, sus ojo

empre era 'el gran Pedro Rodríguez y su amigo Ricardo' . 'El genio y su ayudante' . ¡Estaba harto

taller de mala muerte, con un talento innegable pero sin oportunidades. Lo acogió, le enseñó todo lo que sa

o par

rganta. "Yo te saqué del lodo

lrededor, Pedro. ¿Quién tiene el poder ahora? Yo tengo

la sala, su voz resonand

ez ha terminado. A partir de ahora, o están conmigo, o están contra mí. Y créan

eto y los pocos leales a Pedro apretaron los puños, impotentes. La traición estaba consumada, y el nue

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Discapacidad Fingida Del Astuto
Discapacidad Fingida Del Astuto
“El aire en "El Imperio" apestaba a metal y traición, un olor que Pedro "El Astuto" Rodríguez conocía bien. Llevaba tres meses en una silla de ruedas, producto de un "accidente" en una carrera clandestina. Su imperio y su vida estaban en las manos que más confiaba: su esposa Sofía y su compadre Ricardo. Esa tarde, algo se sentía diferente en el aire. La penumbra de su estudio no ofrecía consuelo. Mientras tanto, en la sala de juntas, su compadre Ricardo, con una sonrisa que nunca había visto, anunciaba que él y Sofía tomaban el control total de "El Imperio" . El murmullo de incredulidad fue aplastado por el aplauso de los mecánicos desleales. Don Cheto, su veterano jefe de mecánicos, lo gruñó: "Esto apesta a mierda" . De repente, las puertas se abrieron. Allí estaba Pedro, en su silla de ruedas, impulsado por El Guardián, su silencioso guardaespaldas. "¿Qué está pasando aquí?" , preguntó, su voz débil. Ricardo y Sofía intercambiaron una mirada burlona. "Llegas tarde a la fiesta, Pedro" , dijo Ricardo con sorna. Entonces, Sofía se giró hacia Ricardo y lo besó. Un beso largo, apasionado, descarado. El mundo de Pedro se hizo añicos. Con la voz rota, la confrontó: "Sofía..." . Ella se apartó, sus ojos llenos de una frialdad que helaba los huesos. "¿Qué, Pedrito? ¿Te sorprendió?" , dijo con una risita cruel. Pedro notó su perfume. No era el suyo. Era la loción cara de Ricardo. El mismo aroma que había sentido en sus sábanas. La verdad lo golpeó con la fuerza de un coche a toda velocidad.”
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