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Discapacidad Fingida Del Astuto

Capítulo 1 

Palabras:821    |    Actualizado en: 03/07/2025

gado con el olor a solvente y a traición. Hacía tres meses que Pedro "El Astuto" Rodríguez no pisaba su propio

s confiaba en el mundo: su esposa, la deslumbrante Sofía, y su compadre del alma, Ricardo, e

tudio, acababa de firmar el último pap

abía dicho ella con una sonrisa dulce, inclinándose para darle un

que la letra pequeña le mareaba y porque, para qué negarlo,

a diferente. Un mal presentim

riunfante que no encajaba en su rostro habitualmente servil, se paró frente a los mecánicos y algunos s

ía y yo asumimos el control total de 'El Imperio' . Pedro

promesas y dinero, aplaudieron con entusiasmo. Pero un grupo, liderado por Don Cheto, el viejo jefe de mecá

paso al frente. "Conozco a Pedro desde que era un cham

jo. Aquí tienes el contrato, firmado por tu patroncito

leales a Pedro miraban a Don Cheto, esperando una s

las puertas dobles de la

pulcral cayó s

e ruedas, empujado por su imponente guardaespaldas, un

era una máscara d

tó, su voz un poco débil. "Ricardo

nza. "¡Patrón! ¡Qué bueno que llegó! Estos c

a Sofía. Sus ojos buscaban u

ada burlona. La sorpresa inicial se ha

fiesta, Pedro" , dij

razón de la confianza, Sofía se giró hacia Ricardo. Delante de todos, delante de su

eso largo, apasionado, un beso

ón se ahogó en su garganta. Miró a Sofía, a la mujer con la que ha

de una ira que apenas podía

fía.

e mancha de labial. Sus ojos, antes llenos de amor, a

sorprendió?" , dijo

filada por la traición, no pasó por alto. El perfume que llevaba Sofí

ante semanas, y que ella siempre justificaba dici

lo golpeó con la fuerza d

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Discapacidad Fingida Del Astuto
Discapacidad Fingida Del Astuto
“El aire en "El Imperio" apestaba a metal y traición, un olor que Pedro "El Astuto" Rodríguez conocía bien. Llevaba tres meses en una silla de ruedas, producto de un "accidente" en una carrera clandestina. Su imperio y su vida estaban en las manos que más confiaba: su esposa Sofía y su compadre Ricardo. Esa tarde, algo se sentía diferente en el aire. La penumbra de su estudio no ofrecía consuelo. Mientras tanto, en la sala de juntas, su compadre Ricardo, con una sonrisa que nunca había visto, anunciaba que él y Sofía tomaban el control total de "El Imperio" . El murmullo de incredulidad fue aplastado por el aplauso de los mecánicos desleales. Don Cheto, su veterano jefe de mecánicos, lo gruñó: "Esto apesta a mierda" . De repente, las puertas se abrieron. Allí estaba Pedro, en su silla de ruedas, impulsado por El Guardián, su silencioso guardaespaldas. "¿Qué está pasando aquí?" , preguntó, su voz débil. Ricardo y Sofía intercambiaron una mirada burlona. "Llegas tarde a la fiesta, Pedro" , dijo Ricardo con sorna. Entonces, Sofía se giró hacia Ricardo y lo besó. Un beso largo, apasionado, descarado. El mundo de Pedro se hizo añicos. Con la voz rota, la confrontó: "Sofía..." . Ella se apartó, sus ojos llenos de una frialdad que helaba los huesos. "¿Qué, Pedrito? ¿Te sorprendió?" , dijo con una risita cruel. Pedro notó su perfume. No era el suyo. Era la loción cara de Ricardo. El mismo aroma que había sentido en sus sábanas. La verdad lo golpeó con la fuerza de un coche a toda velocidad.”
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