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Discapacidad Fingida Del Astuto

Capítulo 3 

Palabras:690    |    Actualizado en: 03/07/2025

en los pocos socios que aún permanecían en silencio, con

Pero Pedro ya no es nadie. Es un inválido que acaba de perderlo todo. Su inversión está en mi

to pulcro, tragaron saliva con nerviosismo. Un

to no es correcto. Pe

paga las cuentas"

az de soportar más, dio otro paso al

, gritó. "Pedro te dio todo. ¡Todo! Y así es com

, una sonrisa

a" , dijo, guiñándole un ojo a ella, quien soltó una risita complacida. "Tú y tus viejas ideas

de Pedro, mirándolo desde arr

gado. Un viejo leal y un mon

, Ricardo levantó el pie y le dio una pata

l suelo. Se aferró a los reposabrazos con todas sus fu

no para ocultar el horror, s

se burló. "No vayas a r

heto intentó abalanzarse sobre Ricardo, pero

una furia impotente. Miró al único hombre q

án..." ,

había permanecido inmóvil como

movió hac

ó hacia

ro inexpresivo muy

raición final, la más in

dián, su voz grave y sin emoción.

ntero pareció detenerse. ¿El Guardián? ¿Su sombra,

te' en la carrera... no fue un accidente. El señor Ricardo me pagó para que aflojara los fre

en la sala. Un jadeo colectivo recorrió

bismo. Cada pieza del rompecabezas encajó en su mente. Las fallas inexplicables en el coche, la forma en que El Guardi

fía, cuyo rostro reflejaba un placer sádico. Y miró al Guardián, el homb

La desesperación, fría y negra, lo envolvió po

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Discapacidad Fingida Del Astuto
Discapacidad Fingida Del Astuto
“El aire en "El Imperio" apestaba a metal y traición, un olor que Pedro "El Astuto" Rodríguez conocía bien. Llevaba tres meses en una silla de ruedas, producto de un "accidente" en una carrera clandestina. Su imperio y su vida estaban en las manos que más confiaba: su esposa Sofía y su compadre Ricardo. Esa tarde, algo se sentía diferente en el aire. La penumbra de su estudio no ofrecía consuelo. Mientras tanto, en la sala de juntas, su compadre Ricardo, con una sonrisa que nunca había visto, anunciaba que él y Sofía tomaban el control total de "El Imperio" . El murmullo de incredulidad fue aplastado por el aplauso de los mecánicos desleales. Don Cheto, su veterano jefe de mecánicos, lo gruñó: "Esto apesta a mierda" . De repente, las puertas se abrieron. Allí estaba Pedro, en su silla de ruedas, impulsado por El Guardián, su silencioso guardaespaldas. "¿Qué está pasando aquí?" , preguntó, su voz débil. Ricardo y Sofía intercambiaron una mirada burlona. "Llegas tarde a la fiesta, Pedro" , dijo Ricardo con sorna. Entonces, Sofía se giró hacia Ricardo y lo besó. Un beso largo, apasionado, descarado. El mundo de Pedro se hizo añicos. Con la voz rota, la confrontó: "Sofía..." . Ella se apartó, sus ojos llenos de una frialdad que helaba los huesos. "¿Qué, Pedrito? ¿Te sorprendió?" , dijo con una risita cruel. Pedro notó su perfume. No era el suyo. Era la loción cara de Ricardo. El mismo aroma que había sentido en sus sábanas. La verdad lo golpeó con la fuerza de un coche a toda velocidad.”
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