Discapacidad Fingida Del Astuto
en los pocos socios que aún permanecían en silencio, con
Pero Pedro ya no es nadie. Es un inválido que acaba de perderlo todo. Su inversión está en mi
to pulcro, tragaron saliva con nerviosismo. Un
to no es correcto. Pe
paga las cuentas"
az de soportar más, dio otro paso al
, gritó. "Pedro te dio todo. ¡Todo! Y así es com
, una sonrisa
a" , dijo, guiñándole un ojo a ella, quien soltó una risita complacida. "Tú y tus viejas ideas
de Pedro, mirándolo desde arr
gado. Un viejo leal y un mon
, Ricardo levantó el pie y le dio una pata
l suelo. Se aferró a los reposabrazos con todas sus fu
no para ocultar el horror, s
se burló. "No vayas a r
heto intentó abalanzarse sobre Ricardo, pero
una furia impotente. Miró al único hombre q
án..." ,
había permanecido inmóvil como
movió hac
ó hacia
ro inexpresivo muy
raición final, la más in
dián, su voz grave y sin emoción.
ntero pareció detenerse. ¿El Guardián? ¿Su sombra,
te' en la carrera... no fue un accidente. El señor Ricardo me pagó para que aflojara los fre
en la sala. Un jadeo colectivo recorrió
bismo. Cada pieza del rompecabezas encajó en su mente. Las fallas inexplicables en el coche, la forma en que El Guardi
fía, cuyo rostro reflejaba un placer sádico. Y miró al Guardián, el homb
La desesperación, fría y negra, lo envolvió po