Venganza de La Villana Incomprendida

Venganza de La Villana Incomprendida

Bai Bian Zhong Jie

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Capítulo

Todos en esta ciudad creen que soy la villana, la mujer que, por celos, arruinó a su prometido, Ricardo, a quien ven como un caballero perfecto. Pero la verdad es que vivo una pesadilla, donde Ricardo ha vaciado nuestras cuentas y ha filtrado videos editados para tacharme de histérica y desequilibrada, todo mientras su prestigioso primo, Mateo, solo aviva el fuego de las calumnias. Luego, un grito ahogado. El helicóptero de mi hermano, el Comandante Alejandro, "se estrelló" en una misión de alto riesgo. Corro hacia Ricardo, buscando consuelo, pero su frialdad me golpea: "Organizar un rescate costaría una fortuna. Dinero que, gracias a tus caprichos, ya no tenemos." Me sentí completamente sola, con el mundo desmoronándose bajo mis pies, hasta que Mateo llegó, ofreciendo cubrir el rescate con una amabilidad que me dio una brizna de esperanza en mi oscuridad. Días después, Mateo anunció el "contacto" con mi hermano, declarando públicamente su apoyo incondicional hacia mí, jurando protegerme y ayudarme a recuperar lo perdido. Esa misma noche, oculta, escuché a Ricardo y Mateo reírse: "La idiota de Sofía confía ciegamente en mí. Lo del rescate fue una farsa. El Comandante Alejandro nunca estuvo en peligro." Descubrí que todo había sido un plan monstruoso para robarme y dejarme en la miseria. Mi corazón se detuvo. Yo no era amada; era un peón en su cruel juego. Mientras barría los pedazos de la copa que se me había resbalado mientras los escuchaba, la furia se apoderó de mí, y una voz interior me dijo: "No me van a destruir. De alguna manera, los voy a hacer pagar."

Introducción

Todos en esta ciudad creen que soy la villana, la mujer que, por celos, arruinó a su prometido, Ricardo, a quien ven como un caballero perfecto.

Pero la verdad es que vivo una pesadilla, donde Ricardo ha vaciado nuestras cuentas y ha filtrado videos editados para tacharme de histérica y desequilibrada, todo mientras su prestigioso primo, Mateo, solo aviva el fuego de las calumnias.

Luego, un grito ahogado. El helicóptero de mi hermano, el Comandante Alejandro, "se estrelló" en una misión de alto riesgo.

Corro hacia Ricardo, buscando consuelo, pero su frialdad me golpea: "Organizar un rescate costaría una fortuna. Dinero que, gracias a tus caprichos, ya no tenemos."

Me sentí completamente sola, con el mundo desmoronándose bajo mis pies, hasta que Mateo llegó, ofreciendo cubrir el rescate con una amabilidad que me dio una brizna de esperanza en mi oscuridad.

Días después, Mateo anunció el "contacto" con mi hermano, declarando públicamente su apoyo incondicional hacia mí, jurando protegerme y ayudarme a recuperar lo perdido.

Esa misma noche, oculta, escuché a Ricardo y Mateo reírse: "La idiota de Sofía confía ciegamente en mí. Lo del rescate fue una farsa. El Comandante Alejandro nunca estuvo en peligro." Descubrí que todo había sido un plan monstruoso para robarme y dejarme en la miseria.

Mi corazón se detuvo. Yo no era amada; era un peón en su cruel juego.

Mientras barría los pedazos de la copa que se me había resbalado mientras los escuchaba, la furia se apoderó de mí, y una voz interior me dijo: "No me van a destruir. De alguna manera, los voy a hacer pagar."

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El olor a desinfectante y sangre invadía mis pulmones. Mi hermano Mateo yacía en la cama del hospital, su pequeño cuerpo conectado a tubos, destrozado por los hijos de Ricardo Valenzuela, el narco que controla la ciudad. Pero en ese infierno, el doctor me soltó otra sentencia: "Es cáncer gástrico, etapa avanzada". No podía creerlo. No había tiempo para mí, Mateo me necesitaba. Justo cuando mis esperanzas se agotaban, el cheque del seguro de vida de papá, un agente de la Patrulla Fronteriza, llegó. Era una miseria. La siguiente cirugía de Mateo era en una semana. Necesitaba más dinero. Mucho más. Afuera, los hermanos Valenzuela me esperaban, con sonrisas torcidas. Se burlaron de Mateo, me rodearon. Corrí ciega, las lágrimas nublando mi vista, hasta que choqué con un cuerpo duro. Un olor familiar inundó: tabaco caro y loción. Levanté la vista. Era él. General Alejandro Vargas. Mi protector, mi primer amor, ahora me miraba con ojos fríos. Junto a él, Isabel de la Torre, la mujer que me había robado mi vida. "¡General, esta mujer intentó extorsionarnos!", mintió Javier, el mayor de los Valenzuela. Esperé una pizca de duda en Alejandro. No había nada. Sus ojos me juzgaban, me condenaban. Su silencio fue peor que cualquier golpe. Pasé cinco años encerrada en un infierno, destrozada, pero guardando un secreto mortal. Recogí los billetes que Alejandro me arrojó, como si mi vida valiera tan poco. "Das asco", siseó. "Siempre se ha tratado de dinero para ti". Me tragué mi orgullo, mi dolor. Me convertí en la villana que necesitaba que fuera. Me arrastró a su penthouse, me empujó contra la pared. " "¿Te gustó el espectáculo de hoy? ¿Disfrutaste arrastrarte por mi dinero?" " No era solo posesión, era castigo. " "Isabel está embarazada," " dijo, clavándome un cuchillo en el corazón. Me forzó a organizar su boda, a ver cómo construía una vida sobre las ruinas de la nuestra. Soñé con el Alejandro que me amaba, pero Isabel me despertó con una sonrisa llena de odio. Derramó jugo sobre su vestido blanco, y Alejandro, cegado por la furia, me obligó a beber una botella entera de champán. " "¡Miente! Lo hizo a propósito. ¡Me odia! ¡Está celosa!" " sollozó Isabel. Cuando despertó con fiebre, delirando, susurró el nombre de Isabel. Así que llamé a Isabel. " "Dile que fuiste tú quien pasó la noche con él." " Me desplomé en la acera, inconsciente. Él no me llamó. No preguntó por mí. Tres meses después, Alejandro encontró el diario de Sofía. Descubrió la verdad: su amor, su sacrificio, su cáncer. El dolor lo golpeó como un rayo. Sofía no era la traidora. Era la mártir. Con el corazón destrozado, Alejandro canceló su boda y castigó a quienes la dañaron. Pero ya era demasiado tarde. Sofía había muerto en el incendio, y su cuerpo fue disuelto por la ciencia. Desapareció. Ni cenizas, ni huesos, ni tumba. Alejandro, el poderoso General, se convirtió en un vagabundo, atormentado por su culpa. " "Sofía," " susurraba a las olas, al viento, a la nada. " "Sofía, mi amor, ¿dónde estás? Estoy aquí. Esperando. Siempre esperándote." "

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