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Libros de Romance para Mujeres

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La Jaula de Cristal del Magnate

La Jaula de Cristal del Magnate

Valeria M. es la fiscal más implacable de la ciudad, una mujer que ha dedicado su vida a la justicia y que está a un solo paso de ver caer al hombre que ha corrompido cada estrato del poder: **Dante Voci**. Pero la justicia es un cristal frágil. Minutos antes de presentar la prueba definitiva, Valeria desaparece de la faz de la tierra. No despierta en una celda húmeda, sino en un paraíso de seda, mármol y muros de cristal. Dante Voci no ha venido a matarla. En su lugar, ha construido para ella una **jaula de oro** en una finca donde el tiempo parece detenerse y el mundo exterior ha sido borrado. Para Dante, Valeria no es solo su enemiga; es la única mujer que posee la inteligencia necesaria para estar a su altura, y no descansará hasta que ella le pertenezca en cuerpo y alma. Mientras Valeria intenta desesperadamente escapar, descubre una verdad aterradora: sus aliados la han traicionado y el sistema que juró proteger ha puesto precio a su cabeza. Atrapada entre el hombre que la mantiene cautiva y los asesinos que la esperan afuera, Valeria deberá decidir si lucha por una libertad que ya no existe o si acepta su lugar al lado del monstruo que la reclama. En este juego del gato y el ratón, la línea entre el odio y la devoción es tan delgada como el cristal. Ella descubrirá que, en un mundo de lobos, **la jaula de Dante es el único lugar seguro... y que su mayor peligro no es estar prisionera, sino desear no irse jamás.** --- **Temas principales:** * **Enemies to Lovers:** De enemigos jurados a una alianza oscura. * **Captive Romance:** La tensión de una libertad perdida y una pasión encontrada. * **Corruption & Power:** Una mirada cruda a la política y el inframundo. * **Obsession:** Un magnate que no acepta un "no" por respuesta.
El Sacrificio Oculto de mi amor

El Sacrificio Oculto de mi amor

Él era el hombre al que una vez amé más que a nada, pero nuestro matrimonio se había convertido en una tortura diaria de humillación. Yo, Isabella Montoya, vivía bajo la cruel mentira de haberlo abandonado por dinero y ambición, mientras, en secreto, había sacrificado todo por él, incluso donarle un riñón para salvarle la vida. Para protegerlo de los peligros del cartel y cumplir mi misión secreta, tomé la decisión más desgarradora: fingir mi propia muerte. Incendié nuestra casa, dejando un señuelo para que fuera encontrado en mi lugar. Para él, Isabella Montoya había desaparecido para siempre. Lo que no sabía era que mi supuesta desaparición desenterraría la verdad que él había ignorado. Él descubrió el sacrificio de mi riñón y cómo lo había rescatado secretamente de la muerte en varias ocasiones. Consumido por el arrepentimiento, su furia se volcó contra Carolina, la mujer que había envenenado su mente y se había atribuido mis acciones. La venganza de Santiago fue gélida, torturándola sin piedad hasta despojarla de su identidad. Él me creía muerta, yo seguía viva. Cuando nuestros caminos se cruzaron de nuevo, en mi fiesta de compromiso bajo la identidad de "Valeria Rojas", él vio no a la heroína que lloraba, sino a la "maldita víbora" que creyó haber perdido para siempre. ¿Cómo podía hacerle entender sin exponer mi misión y destruir todo lo que había construido? Atrapada entre el amor del pasado y un peligroso presente con el cartel, sabía que el juego apenas comenzaba. La verdad sobre mi vida era aún más oscura que su odio, y mi misión me obligaba a un último y cruel sacrificio.
Corazón Indomable

Corazón Indomable

El dolor me partió el abdomen en dos. Era mi cumpleaños, y Alejandro, a quien había criado con el amor de una madre por diez años, me sonreía. Acababa de regalarme un licuado de fresa, una bebida que ahora quemaba mis entrañas. Pero el ardor no era solo físico; era la amarga verdad que susurró: "Siempre te he odiado, Sofía. Te odio porque cada vez que te veo, veo la cara de mi madre." Luego, la mancha carmesí en mi vestido blanco: mi bebé, el hijo de Ricardo, mi prometido. Mi prometido, que llegó para consolarme, para decirme que era un "aborto espontáneo" y que Alejandro "solo bromeaba". Luego me miró con asco y dijo: "Estás hecha un desastre. Hueles a enfermedad". En mi lecho de dolor, vi la película silenciosa de mi vida: diez años entregados a la promesa hecha a mi padre. Diez años cuidando de una familia que no era mía, de una empresa que yo manejaba mientras ellos ponían el nombre. Incluso mi propia madre, al enterarse de mi compromiso, solo llamó para asegurar su pensión, susurrándome que no fuera "egoísta". ¿Egoísta yo? La que había sacrificado su juventud por todos. Mi cuerpo dolía, mi corazón estaba roto, pero una rabia fría y dura como el acero me inundó. "¿Qué quieres, Sofía?", me preguntó Ricardo el hipócrita. "¿Dinero? ¿Joyas? ¿O quieres que formalicemos el matrimonio? Puedo llamar al juez mañana mismo." ¡El matrimonio era el premio de consolación por mi sumisión! Con una calma aterradora, tomé un trozo de cristal de un jarrón roto. Debía romper el lazo, destruir el símbolo que me ataba a su odio. "¡Sofía, no!" , gritó Ricardo, pero era demasiado tarde. Con un movimiento rápido, arrastré el cristal por mi mejilla izquierda. El dolor era liberador. Ya no era la Sofía que conocían, la que odiaban, la que usaban. Y en medio del horror en sus rostros, me eché a reír. Esa risa, que estalló como dinamita, me liberó de una cárcel de diez años. Y así, ensangrentada, pero con el alma libre, crucé la puerta, dejando atrás el veneno y el dolor. No había vuelta atrás.