Yellow Rose
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Libros y Cuentos de Yellow Rose
La Venganza de Una Idiota
Romance En medio de la alegría forzada, mi padre anunció mi compromiso con Santiago. El salón resonaba con aplausos forzados, y yo, Isabela, la ingenua heredera, debía sonreír dulcemente.
Pero la Isabela que murió no era la que había despertado. Un trago de aguardiente barato, la risa cruel de los sirvientes y el frío del suelo de piedra fueron el preludio de mi "muerte".
Morí sola, abandonada, mientras Santiago bailaba y reía en la feria con Camila. La imagen de su traición, su indiferencia en mis últimos momentos, se grabó a fuego.
Desde mi asiento, vi el desdén apenas oculto en los ojos de Santiago, la sonrisa victoriosa de Camila. Lo que antes fue un misterio, ahora era una verdad brutal. La inocente que fui no lo habría entendido, pero la mujer que soy ahora siente la profunda injusticia de cada mirada.
Diez años de confusión se disolvieron. Esta vez, con la mente clara y el espíritu de revancha, no sería la marioneta. Cuando anunciaron el compromiso, no acepté mi destino: me puse de pie. Amor y Sangre: Venganza Inevitable
Moderno El aroma a tamales y canela lo era todo para Sofía, un cálido abrazo de hogar en medio del bullicio del mercado, mientras su hermanita Isabella reía como campanitas.
Era el cumpleaños de Isabella, un día para celebrar, un día que se convirtió en una pesadilla congelada.
Un chillido desgarrador de llantas, un sonido sordo y brutal, y el mundo de Sofía se hizo añicos.
El culpable, Ricardo Morales, hijo del cacique intocable del pueblo, olía a alcohol y desprecio, mientras Isabella yacía inmóvil en el asfalto.
La policía local, cómplice, ignoró su ebriedad; la justicia era una burla y la impotencia un sabor amargo en su boca.
Como si el dolor no fuera suficiente, los Morales intentaron comprar su silencio con fajos de billetes y, al negarse, le arrebataron la beca universitaria que representaba su futuro.
"¡Ustedes no están en posición de exigir nada. Son unas pobres diablas" , rugió el cacique, mientras las amenazas se cernían sobre ellas.
La esperanza se desvanecía, siendo silenciada y difamada en redes sociales, su hogar destruido y su perrito herido, el sistema las aplastaba sin piedad.
La voz de su padre resonó en su mente: "el último recurso" .
Con la medalla al valor de su padre en la mano, Sofía tomó una decisión desesperada: si la justicia no venía a su pueblo, ella la llevaría hasta la capital.
Y así fue, una joven desesperada, arrodillada ante la imponente sede de la Policía Federal, suplicando por el honor de su padre y la vida de su hermana.
"Comandante, le ruego, por la memoria de mi padre, que me ayude" , susurró Sofía.
En ese instante, la hija de un héroe se negó a ser silenciada, encendiendo una chispa que desataría una tormenta. El Autor de La Muerte De Mi Hijo
Moderno El teléfono sonó, rompiendo el silencio ensordecedor de la sala de espera del hospital, trayendo la noticia más desgarradora: mi pequeño Juanito estaba en el quirófano, luchando por su vida.
Mi esposa, Sofía, la madre de nuestro hijo, no estaba a mi lado; en cambio, su voz helada y acusadora me golpeó con una crueldad inimaginable por teléfono, culpándome del accidente.
Luego, la vi llegar al hospital con su antiguo amor, Ricardo, y susurró una acusación escalofriante a la policía: que yo había golpeado a nuestro hijo hasta casi matarlo, despojándome de todo y dejándome solo ante el abismo.
La incredulidad me ahogaba, ¿cómo podía la madre de mi hijo urdir una mentira tan monstruosa, viéndolo como un "obstáculo" en sus ambiciones?
Pero en la oscuridad de esa noche, una grabación de seguridad me reveló la verdad: sus voces, frías y calculadoras, planeando mi destrucción y, peor aún, viendo a Juanito como un mero inconveniente en su retorcido juego. Me regala Un bebé ilegítimo
Urban romance Hoy celebramos nuestro primer aniversario de bodas, o al menos, así debería ser.
Preparé su cena favorita, encendí las velas, pero solo encontré el eco de mi propia soledad en esta inmensa casa.
La paciencia se me agotaba con cada tic-tac del reloj, hasta que un mensaje inesperado, de un número desconocido, hizo trizas cualquier esperanza.
En la pantalla, Ricardo, mi Ricardo, estaba en un bar ruidoso, acunando a Camila, su ex amor universitario, que sonreía con una mueca triunfal.
Y debajo, un texto que me heló la sangre: "Elena, Ricardo está conmigo. Dice que estar contigo es sofocante".
El dolor me desgarró el pecho, pero la conmoción me endureció: ¡Divorcio! Esta farsa tenía que terminar.
Intenté confrontarlo, su voz fría me dijo: "¿Qué quieres, Elena? Estoy ocupado", y luego escuché su cruel indicación: "Camila no se siente bien. La estoy cuidando. No me esperes despierta."
Colgó, dejándome varada.
Apenas unas horas después, en nuestra propia casa, lo vi llevarla en brazos escalera arriba, como si yo fuera invisible.
"¿No se siente bien? ¿O bebió demasiado celebrando nuestro aniversario?" , le espeté.
"Estás cansado de mí, ¿verdad?" , le susurré, sintiendo cómo mi corazón se rompía en mil pedazos. "Yo también. Estoy cansada de esperar, de tener esperanzas, de ser la segunda opción".
"¿Qué esperabas, Elena?", dijo, clavándome en el corazón mi propia ingenuidad: "Ambos sabíamos lo que era este matrimonio. Teníamos un acuerdo."
Saqué el sobre, ya tenía mi firma. "Aquí está el acuerdo de divorcio. Solo falta la tuya."
Su burla resonó: "¿Divorcio? ¿Por esto? ¿Por una noche?".
"No, Ricardo, es por cada noche que he pasado sola. Es por la humillación de traerla a nuestra casa en nuestro aniversario."
Mientras empacaba, mi mano tocó mi vientre, forjando una nueva determinación.
"Me voy", le dije. "Y tú te equivocas. No estoy sola. Tengo a mi hijo, y me tengo a mí."
No volví la vista atrás, aunque escuché sus gritos. Mi camino se alejaba de él y del amor no correspondido, abriendo una puerta a la libertad.
Pero la vida me tenía preparada una última y cruel trampa.
Cuando regresé por mis cosas, Camila estaba allí. Me mostró un video de ella y Ricardo en nuestro sofá, íntimos.
Luego, con una sonrisa maliciosa, me clavó la daga final: "Ricardo canceló tu tarjeta de crédito. Dice que, como ya no eres su responsabilidad, no ve por qué debería seguir pagando tus gastos."
Me sentí como una idiota, pero una ira fría se apoderó de mí. No derramé una lágrima, solo un vacío punzante y una terrible rabia.
Y una revelación: la presencia cálida en mi vientre era mi única esperanza.
"Somos tú y yo, pequeño. No necesitamos a nadie más" , susurré.
Fingiendo mi firma en el acuerdo de divorcio, le dejé una nota: "No me busques más".
Estaba a punto de cerrar la puerta del departamento de Lupe, mi única aliada, cuando Ricardo irrumpió, furioso, agitando los papeles del divorcio.
"¿Se puede saber qué significa esto?" , espetó.
"Significa exactamente lo que lees", respondí con la voz más gélida que pude lograr. "Quiero el divorcio."
"Sabía que estaba enojado, Ricardo, pero no tan ciego. ¡No puedes irte a la cama con ella y luego venir a verme!"
Lo dejé atónito, pero la llamada de "Mi Cami" lo hizo correr de nuevo hacia ella.
"Ella me necesita" , gruñó.
"Ella siempre te necesitará, Ricardo. Y tú siempre la elegirás a ella. Gracias por dejarlo tan claro, una vez más."
Cuando intentamos firmar los papeles, el teléfono de Ricardo volvió a sonar. Camila afirmó haber sido atacada por alguien en el centro comercial.
"¡No tienes corazón, Elena!" , me acusó, y se fue corriendo, una vez más, para salvar a Camila.
En ese momento, sentí que algo andaba mal, una horrible premonición me invadió. En cuestión de minutos, dos hombres vestidos de traje me llevaron a la fuerza a la casa segura de Ricardo.
Allí, Camila yacía teatralmente en un sofá con un supuesto vendaje en la frente, mientras Ricardo la alimentaba como a una niña. Sofía, una conocida, estaba a su lado, la miré a los ojos, y supe que había sido sobornada para mentir.
"¿Qué está pasando aquí?" , pregunté, pero Ricardo ya había dictado sentencia: "Vi a la señora Elena discutir con la señora Camila. Y luego... la empujó."
"¡Mentira! ¡Esto es absurdo!, grité, pero nadie me escuchó. "¡Usted, Don Emilio!, ¿por qué hace esto?" , pregunté, mis ojos fijos en el padre de Sofía.
"Siempre menospreciando a los demás, ¿verdad, Elena?", aseveró Ricardo con frialdad. "No puedes aceptar que alguien más sea la víctima. Tienes que ser siempre tú."
Me sentí atrapada. Ricardo me encerró en una habitación.
Mi única opción era jugar su juego. Toqué mi vientre: "Tranquilo, mi amor… mami nos va a sacar de aquí."
Grité el nombre de Camila hasta que vino a la puerta.
"¿Qué quieres, Elena?" , preguntó con voz aburrida.
"Estoy embarazada, Camila. Estoy esperando un hijo de Ricardo." La Décima Vez Separación
Romance Era la décima vez que Máximo y yo rompíamos.
Estaba comprando un cochecito de bebé carísimo para su amante en una tienda de lujo.
Él me llamó para ordenarme que me mudara a un apartamento de servicio y me preparara para cuidar a su futuro hijo con ella.
Escuché su desprecio, su risa, su afirmación de que yo era tan patética que aceptaría cualquier cosa.
Luego, Sabrina, su amante, exigió la pulsera de mi abuela.
Máximo me la arrancó de la muñeca, hiriéndome, y se la dio como un trofeo.
Ella la tiró al suelo, llamándome "niñera" antes de atropellarme con su coche.
Desperté en un hospital, la enfermera me dijo que había perdido a mi bebé.
Máximo entró, sin preguntar por mí, solo por Sabrina.
¡Me obligó, aún convaleciente y habiendo perdido a mi hijo, a donarle sangre a la mujer que me había arrollado!
¿Cómo podía alguien ser tan cruel, tan vacío de alma, tan cegado por el egoísmo?
Mientras mi sangre fluía, el hombre destinado a cambiar mi vida apareció, y con él, un plan para mi venganza. La Farsa de un Amor Perfecto
Romance Isabella "Isa" Montes, una talentosa cocinera de origen humilde en Medellín, creyó haber encontrado el amor perfecto junto a Mateo Velarde, el apuesto heredero de una de las familias más influyentes de Bogotá.
Tras un noviazgo intenso que superó barreras sociales, se casaron y se sumergieron en una vida de ensueño y comodidades, donde cada detalle parecía confirmar un amor idílico.
Pero la burbuja se reventó brutalmente: Isa descubrió que Mateo mantenía una doble vida con su exnovia, Carolina Sáenz, con quien tenía dos hijos gemelos.
Peor aún, él financiaba secretamente a esta otra familia, transformando su supuesta historia de amor en una farsa calculada.
La devastadora revelación no solo le causó un aborto espontáneo sino que desató una campaña de humillación sin fin por parte de Carolina, quien la acosaba con videos íntimos de Mateo, mostrando impúdicamente su doblez.
Cada regalo, cada promesa de amor, cada lugar especial compartido con Mateo, era profanado, replicado cínicamente con su "otra" familia.
Las frías miradas de la alta sociedad y el silencio cómplice de la familia Velarde solo acrecentaban el tormento, mientras Mateo seguía actuando como si nada ocurriera.
¿Cómo podía alguien, a quien amó tan profundamente, ser capaz de una traición tan vil y sistemática?
La mezcla de dolor, asco y una desesperación helada se instaló en su pecho, ahogando su respiración.
Un vacío insuperable la consumía, dejando solo la cruda certeza de una mentira insostenible.
En el abismo de esta traición, y con la inminente llegada de un hijo que la ataría aún más a la mentira, Isa vislumbró su única salida: fingir su muerte.
Un trágico accidente aéreo en el Caribe sería su billete de escape, la única forma de recuperar su vida y romper para siempre con la asfixiante obsesión de Mateo.
"El plan sigue en pie, necesito salir de aquí", sentenció con voz firme. Le puede gustar
La Venganza de la Exesposa Curvy
Nieves Gómez Nicole Matthews se casó profundamente enamorada de un hombre que no la quería en un matrimonio arreglado, manteniendo la esperanza de que algún día él se terminaría enamorando de ella.
Sin embargo, eso nunca pasó, él solo la despreció, tratándola de gorda y manipuladora.
Luego de dos años de un matrimonio seco y distante, Walter Gibson, el esposo de Nicole, le pidió el divorcio de la manera más degradante.
Sintiéndose humillada, Nicole acepta el plan de su amiga, Brenda, quien le sugiere darle una lección a su futuro exesposo, usando a otro hombre para demostrarle a Walter que la mujer que despreció y trató de gorda, podía ser deseada por otro.
Solo debían contratar a un gigoló.
*
Patrick Collins, ha sufrido una decepción amorosa tras otra, todas las mujeres que han mantenido una relación con él, solo han demostrado interés por su dinero, pues Patrick es uno de los herederos de la familia más rica y poderosa del país.
Él solo desea enamorarse de verdad de una mujer que lo quiera por quien es y no por su apellido.
Y una noche, en un bar, una mujer hermosa, curvilínea y desconocida se acerca a Patrick y le habla, confundiéndolo con un gigoló, esa mujer le hace una propuesta a Patrick fuera de lo común, que le parece muy interesante y no puede rechazar.
Abandonada en el altar, me casé con un falso lisiado
SoulCharger El día de mi boda, mi prometido me dejó plantada en el altar frente a trescientos invitados para huir con la que juraba era mi mejor amiga.
Sumida en la humillación absoluta y bajo una lluvia torrencial, me topé con Ethan Vance, el heredero lisiado y repudiado de la ciudad, y en un arranque de locura le propuse matrimonio allí mismo para salvar mi dignidad.
Tras firmar el acta, Ethan me confesó con una sonrisa amarga que estaba en la ruina y que ahora yo compartía su deuda de cien millones de dólares. Pasé de ser una novia traicionada a ser la esposa de un hombre que el mundo despreciaba, trabajando día y noche en una multinacional para evitar que nos quitaran lo poco que nos quedaba, mientras mis colegas se burlaban de mi ""marido inútil"".
Sin embargo, empecé a notar detalles perturbadores: la fuerza sobrenatural de sus brazos, el brillo peligroso en su mirada y cómo los empresarios más poderosos del país palidecían al escuchar su nombre. ¿Por qué el hombre que juró ser mi carga parecía ser el único capaz de destruir a mis enemigos con un solo movimiento desde su silla de ruedas?
La verdad estalló la noche en que, tras ser secuestrada por mi ex, vi a mi marido ""paralítico"" ponerse en pie y caminar con la elegancia de un depredador para masacrar a mis captores. Mi esposo no era un lisiado en la ruina; era el Director Sombrío de la empresa donde yo trabajaba y el hombre más rico del país. Su mayor mentira no era su fortuna, sino que siempre pudo caminar. Me dejó morir, volví por venganza
SoulCharger Mi vida terminó con el sonido agudo y constante de un monitor cardíaco.
En un quirófano blanco y estéril, mi cuerpo finalmente se rindió. El estrés de cinco años de abandono y tres años viendo a mi marido pasearse con su amante me había destrozado por dentro.
La enfermera hizo una última llamada desesperada. Al otro lado de la línea, la amante de mi marido se rio.
-Guillermo está en la ducha -dijo su voz, dulce como el veneno-. Deja de llamar, Cielo. Fingir una emergencia en nuestro aniversario es patético.
Oí la voz de mi marido al fondo, aburrida y distante.
-Si se muere, llama a la funeraria. Tengo una reunión por la mañana.
La línea se cortó. Y un segundo después, también lo hizo mi corazón.
Grité en la oscuridad, un lamento silencioso de arrepentimiento. Arrepentimiento por amar a un hombre que me veía como una molestia. Arrepentimiento por dejar que mi propio apellido se pudriera mientras yo interpretaba el papel de la esposa sumisa. Arrepentimiento por morir sin haber vivido nunca.
Pero entonces, el aire regresó de golpe.
Abrí los ojos de golpe, mirando a la oscuridad de mi antiguo dormitorio. El calendario del teléfono lo confirmó: había vuelto cinco años atrás, al día de mi primer aniversario de bodas. El día en que la humillación realmente comenzó. Renacida, el tío de mi ex me reclamó.
SoulCharger Mi marido, Plata Abrojo, me despertó arrojando los papeles del divorcio sobre la cama. Con una frialdad que helaba los huesos, me dijo que su imagen de «soltero de oro» vendía más. Yo, la chica de barrio que él había rescatado, ya no encajaba en su marca.
En mi vida pasada, esa noticia me destrozó por completo. Le supliqué, me humillé y me aferré a la mentira de que no era nada sin él. Él se quedó con el imperio multimillonario que yo construí para él desde las sombras, con cada línea de código que escribí mientras él dormía, y me dejó morir sola en la cama de un hospital.
Hasta el último aliento no entendí cómo el hombre al que le entregué mi mente y mi alma pudo usarme y luego desecharme como a un trasto viejo. Me convirtió en su escalera al éxito y, una vez en la cima, le prendió fuego.
Pero al abrir los ojos de nuevo, estaba de vuelta en el mismo día, en la misma cama de sábanas de seda. Esta vez no había lágrimas, solo un frío glacial en lugar de mi corazón. Él creía que me estaba desechando, pero no sabía que acababa de firmar su propia sentencia de muerte. Le di una bofetada a mi prometido y luego me casé con su némesis multimillonaria
PageProfit Studio Ser la segunda opción está prácticamente en mi ADN. Mi hermana siempre se llevó el amor, la atención, los reflectores. Y ahora, hasta su maldito prometido.
Técnicamente, Rhys Granger era ya mi prometido: multimillonario, devastadoramente atractivo y todo un referente en Wall Street. Mis padres me empujaron al compromiso después de que Catherine desapareció, y la verdad es que no me importó para nada. Yo llevaba años enamorada de Rhys. ¿Era esta mi oportunidad, de verdad? ¿Mi turno de ser la elegida?
NO.
Una noche, me abofeteó. Por una taza. Una taza ridícula, mugrosa y fea que mi hermana le regaló hace años. Ahí fue cuando lo comprendí: él no me amaba. Ni siquiera me veía. Yo no era más que un sustituto con pulso para la mujer que realmente deseaba. Y aparentemente, ni siquiera valía tanto como una simple taza de café.
Así que le devolví la bofetada, lo dejé plantado y me preparé para el desastre: mis padres perdiendo la cabeza, Rhys que montaba una escena de multimillonario, su familia terrorífica que tramaba mi fin prematura .
Obviamente, necesitaba alcohol. Mucho alcohol.
Y entonces llegó él.
Alto, peligroso, increíblemente atractivo. El tipo de hombre que te hace pecadora solo por existir. Lo había visto solo una vez antes, y aquella noche, por casualidad, estaba en el mismo bar que yo, borracha y compadeciéndome de mí misma. Así que hice lo único lógico: lo llevé a una habitación de hotel y le quité la ropa.
Fue imprudente. Fue una tontería. Fue completamente inadmisible.
Pero fue también el mejor sexo de mi vida.
Y, como resultó, la mejor decisión que había tomado jamás.
Porque mi aventura de una noche no es simplemente un tipo cualquiera. Es más rico que Rhys, más poderoso que toda mi familia, y definitivamente más peligroso de lo que debería permitirme meterme en líos.
Y ahora, no está dispuesto a dejarme ir. Matrimonio relámpago con el padre de mi mejor amiga
Zhi Yao En la gala benéfica, apreté mi copa de champán hasta casi romperla mientras veía a Alonso, mi tutor legal, anunciar su compromiso con mi ex mejor amiga.
Yo, la heredera caída en desgracia, no era más que la "arrimada" con un vestido barato manchado de alcohol, soportando las burlas de quienes antes adulaban a mi familia.
Huí a la biblioteca buscando aire, pero allí me topé con Diego Carranza, el magnate más temido de la ciudad y padre de mi única amiga.
Ebria de humillación y desesperación, cuando él me ofreció un pañuelo, yo le pedí algo mucho más peligroso:
«Cásate conmigo. Necesito un escudo que él no pueda escalar».
Esperaba una burla, pero él sacó un contrato y una pluma.
A la mañana siguiente, desperté en su ático con un anillo de platino y una tarjeta negra sin límite.
Alonso, furioso al descubrir que su "propiedad" se había escapado, intentó usar mi fideicomiso para extorsionarme, gritando que me dejaría en la calle y arruinaría a mi "misterioso esposo" si no volvía a su control.
Yo temblaba, pensando que solo era un peón en un juego de poder, un capricho que Diego desecharía cuando Alonso atacara su imperio.
Pero Diego no solo no parpadeó, sino que hundió las acciones de Alonso en una hora con una sola llamada.
Esa tarde, me llevó a una casa en el lago y me mostró un jardín secreto de rosas blancas -las favoritas de mi madre- que él había cultivado en silencio.
Me miró con una intensidad aterradora y susurró:
«No me casé contigo por negocios, Isabel. Cultivé este jardín durante tres años, esperando el día en que me dejaras salvarte». El Error del Magnate Ruso
DaniM Hace cinco años, Sienna Moore cometió el mayor error de su vida: enamorarse de Nikolai Volkov. Lo que para la inocente pasante fue una semana de pasión inolvidable, para el implacable CEO ruso no fue más que un pasatiempo antes de regresar a Moscú. Cuando Sienna descubrió que estaba embarazada, intentó buscarlo, solo para chocar contra un muro de desprecio y amenazas levantado por el círculo de hierro del magnate. Sola y con el corazón roto, Sienna desapareció para proteger a su hija.
Hoy, Nikolai es más frío y letal que nunca. Durante un viaje de negocios a una pequeña ciudad para absorber una empresa local, su mundo de hielo se resquebraja al cruzarse con una niña de cuatro años en un restaurante. Una niña con su misma mirada desafiante y sus inconfundibles ojos azul hielo.
Convencido de que Sienna le ocultó a su heredera por puro egoísmo, Nikolai desata su furia. Con el poder de sus millones y un ejército de abogados, le da un ultimátum despiadado: o se mudan a su mansión bajo sus reglas, o le quitará a la niña para siempre. Nikolai cree que ha comprado a una prisionera sumisa, pero pronto descubrirá que la dulce pasante que dejó atrás es ahora una madre leona dispuesta a todo, y que el verdadero engaño ha estado oculto en su propia casa durante años. Esclava del amor del jefe de la mafia
PageProfit Studio "Regla número uno, nunca... jamás... debes entrar en mi dormitorio."
"Regla número dos, no me tocarás sin mi permiso."
"Regla número tres, no me hablarás a menos que te hable."
"Regla número cuatro: harás todo lo que te pida, pase lo que pase."
Yo, Margarita Alfonso, una universitaria corriente, había sido obligada a contraer matrimonio, con el heredero del mayor sindicato mafioso a nivel mundial, Osirio Iker.
Estas son las reglas que me impuso en nuestro primer día de recién casados.
"¿Y si rompo una de ellas?", pregunté.
"Entonces tomaré una parte de tu cuerpo como mía".
"¿Qué? ¿Por qué no te quedas con todo mi cuerpo? ¿No lo quieres?"