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Libros de Romance para Mujeres

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15 y 17

15 y 17

Tener en cuanta que es un libro que puede tener partes para mayores Rossi conocí a un muchacho que se llama Jack yo estaba con mis amigos y al parecer el conoce a mis amigo el me miro de pies a cabeza y me dijo hola por fin tengo el gusto de conocerte como te llamas yo me le quedé viendo y le dije Hola me llamo rossi y tú ____yo me llamo Jack después de eso mis amigos dijeron ya nos vamos a ir al parque quieres ir con nosotros Jack __si claro ,solo voy a buscar mi carro y así nos vamos Después pasaron días y lo veía sólo en el colegio ya que el tiene 17 y yo 15 años El va última año de carrera y yo último año de prepa Todos piensan que soy una niña muy mimada y caprichosa ya que mis padres me compran las cosas que yo quiero por lo tanto no me llevo con muchas personas solo tengo dos amigas y de ahí con mi grupo de amigos que ellos van en el colegio pues nuestros padres están bien económicamente y nos dejan ir de viajes Cuando viajamos vamos a la costa o a las playas sólo vamos mis amigos y yo Mi papá es un poco más estricto y dice que estoy muy pequeña pero aun así me deja ir a los viajes ya que el conoce a los papás de mis amigos pues los padres de mis amigos se llevan bien con mis papás ya que algunos padres de mis a migos son abojados otros fiscales y otros son empresarios En unos de los viajes puede ser que la relación de Jack y Rossi termine ya que Jack le va a dar una noticia y ella va a quedar devastada Pues el papá de Jack va a comprometer a su hijo con una hija de sus socios ya que la niña quiere a Jack y el padre de Jack hizo un matrimonio arreglado El se lo va a decir a su hijo meses después de que arregle el matrimonio Jack se va a tener que casar cuando cumpla 19 años y caundo el se lo dice a Rossi ella se sintió mal pero a oesar de eso ellos siguieron juntos ya se acerca la boda y ellos tenien que terminar Ella se puso triste ya que lo quería mucho lo ama Y el a ella pero se tuvo que casar por más que Jack le dijo a su padre que no se quería casa el le dijo que lo tenía que hacer y que después de un año se iba a poder divorciar Y el se lo dijo a Rossi pero Rossi no quería terminar con el ya que a la horta que el se casará el se podía enamorar de su esposa Rossi sufrió mucho al igual que Jack tras averse separado Ellos rompieron contacto y lo único que los unía son sus amigos Que ellos siempre estuvieron para ellos dos entendiendo ambas partes y nunca jugaron a ninguno Pues cuando Jack y Rossi perdieron contacto pues en ves encuanod se veían en los viajes que hacían con sus a migos ya que eso era un hábito hacer viajes ahí se veían Jack no llevaba a su esposa ya que sabía que Rossi iba a estar ahí El intentaba a hablar con ella pero ella tibama distancia por respeto a la esposa de el Después del último viaje ya no se hizo otro ya que todos estab ocupado Después de 6 meses sin contacto con Jack pues ella se enteró por unos de sus amigos que el se había divorciado Pero Rossi tenía una relación ella siempre amo a Jack Después de una semana que ella se enteró de que Jack se divorcio había una junta para que todos los amigos se reunieran
La Dignidad no se Vende

La Dignidad no se Vende

Mi casa en Triana, que olía a jazmín y a melancolía, estaba a punto de perderse. Con solo dieciocho años y un título de diseño recién empezado, sentí el peso de las deudas de mi padre muerto. La oferta llegó como un salvavidas: acompañar a Ricardo Vargas, un constructor poderoso y enigmático. El "acuerdo" era claro: él salvaría mi hogar, yo sería su compañera discreta. Casi creí que el dinero me había traído un amor inesperado, confundiendo su opulencia con cariño, su posesividad con protección. Pero entonces, apareció Carmen Sandoval, su exnovia. Me citó en un hotel de lujo y, con desprecio, me ofreció tres millones de euros para desaparecer. Ella era su "costumbre favorita", y yo, solo un insecto. Para probarlo, hicimos una cruel prueba con mensajes a Ricardo. El suyo fue respondido con preocupación, el mío, con un frío "Espero no sea grave. Estoy ocupado". Ella sonrió. "¿Ves? No eres nada para él". Me reveló que todos los gestos grandiosos de Ricardo -los jazmines, Noruega- eran réplicas de lo que había hecho por ella. Solo era una sustituta, un eco. La indignidad se volvió insoportable. Un día, Carmen rompió el broche de mi abuela y me acusó de agredirla. Ricardo, sin dudarlo, me encerró en el sótano frío y húmedo, donde casi muero de frío. La humillación final llegó cuando, en una fiesta, él volvió a negarme públicamente. Me trató como un objeto, un insignificante estorbo para el juego de sus celos. ¿Cómo pude ser tan ciega, tan ingenua? El dolor era insoportable, la traición palpable. Me había vendido por una falsa seguridad, por un puñado de billetes. ¿Era mi dignidad el precio? ¿O algo más valioso aún? Pero al despertar del delirio, solo quedó una determinación fría. ¡No más! Era hora de despertar. Con los tres millones de euros de Carmen y una beca para Roma, cortaría todas las ataduras. Mi propio cuento de hadas no necesitaba un príncipe tóxico. Estaba lista para mi verdadera vida.
La Nuera Aprovechada

La Nuera Aprovechada

El dulce aroma a canela y piloncillo flotaba en mi cocina, una melodía reconfortante que marcaba medio siglo con mi amado Pedro. Solo dos días nos separaban de nuestras bodas de oro, cincuenta años de vida compartida, de sacrificios por nuestro único hijo, Juan. La mañana transcurría con la paz de siempre, hasta que una llamada de Juanito rompió la calma, anunciando un regalo de aniversario inesperado. Una caja de mariscos frescos de Ensenada, un verdadero festín, enviado por él. Mi corazón se llenó de ternura al pensar en su detalle, a pesar de que "esa mujer" de Elena siempre parecía manejarlo a su antojo. Pero la alegría duró poco, justo hasta que Elena me llamó. "Van a ser siete mil quinientos pesos", soltó sin rodeos, cada palabra un puñal. Me dijo que el "regalo" era para la educación de la niña, una trampa vil, un chantaje que nos cobraba a un precio exorbitante. La humillación me invadió, un golpe bajo que me dejó sin aire. ¿Cómo era posible que una nuera pudiera ser tan cínica, tan descarada? "No hables de la niña en tus porquerías", le grité, "¡Hemos apoyado a nuestra nieta y a nuestro hijo siempre!". La rabia se apoderó de mí, una furia helada que nunca había sentido. En un instante, la alegría de cincuenta años se esfumó, reemplazada por el amargo sabor de la traición. El dolor en mi pecho se hizo insoportable, todo se volvió negro. Desperté en el hospital, con Pedro a mi lado y una nueva determinación. "¡Fuera de mi cuarto!", ordené, mi voz débil pero inquebrantable, "¡No te quiero volver a ver en mi vida, Elena!". Esto no podía quedarse así; era hora de que esa víbora pagara por su veneno. Había subestimado a esta abuela, y ahora, iban a conocer su verdadero carácter. La batalla apenas comenzaba.
La promesa que casi la quiebra

La promesa que casi la quiebra

Durante mil ochocientos veinticinco días, cumplí la promesa que le hice en su lecho de muerte al hombre que amaba. Me quedé al lado de su hermano, siendo la leal asistente de Gastón Montenegro, su sombra, la guardiana de todos sus secretos. Cuando mi condena de cinco años por fin terminó, él anunció su compromiso con Shantal, la mujer que sentía un placer sádico en atormentarme. ¿Y su regalo para celebrarlo? La tarea de planearles la fiesta de compromiso perfecta. En la fiesta, me humilló públicamente, llamándome una "vieja obligación". Más tarde, borracho y furioso, me acorraló en una oficina. Me estrelló contra la puerta y su boca se aplastó contra la mía en un beso brutal y torpe. Me tuvo inmovilizada, su cuerpo presionando el mío, y susurró un nombre contra mis labios. No era mi nombre. "Shantal". La verdadera violación no fue el asalto; fue que me aniquiló por completo. Yo no era una persona a la que odiara o deseara. Solo era un reemplazo, un cuerpo tibio, la sustituta de la mujer que él realmente quería. La última chispa de lealtad a la memoria de su hermano se extinguió, dejando solo hielo en mis venas. A la mañana siguiente, Shantal gritó que yo había intentado seducirlo, y él se quedó callado, dejándola hacerlo. Mi propia madre me llamó para avergonzarme. Fue suficiente. Conduje hasta un acantilado con vista al mar, saqué la tarjeta SIM de mi teléfono y la partí en dos. Era hora de que Camila Bravo muriera.