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Libros de Romance para Mujeres

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Él me ahogó, yo quemé su mundo.

Él me ahogó, yo quemé su mundo.

Mi prometido, Alejandro, construyó un mundo virtual entero para mí después de que un accidente de alpinismo me dejara en silla de ruedas. Lo llamó Aethelgard, mi santuario. En su juego, yo no estaba rota; era Valkyrie, la campeona invicta. Él era mi salvador, el hombre que pacientemente me cuidó y me rescató del abismo. Entonces, vi una transmisión en vivo de él en el escenario de una conferencia de tecnología en Cintermex. Con su brazo alrededor de mi fisioterapeuta, Dalia, le anunció al mundo que ella era la mujer con la que pretendía pasar el resto de su vida. La verdad era una pesadilla en vida. No solo me estaba engañando; estaba cambiando en secreto mis analgésicos por una dosis más débil con sedantes, ralentizando intencionalmente mi recuperación para mantenerme débil y dependiente. Le dio a Dalia mi pulsera, una pieza única, mi título virtual e incluso los planes de boda que yo había hecho para nosotros. Filtró una foto humillante de mí en mi peor momento, poniendo a toda la comunidad de jugadores en mi contra y tachándome de acosadora. El golpe final llegó cuando intenté enfrentarlo en su fiesta de victoria. Sus guardias de seguridad me golpearon y, por una orden casual suya, arrojaron mi cuerpo inconsciente a una fuente inmunda para que "se me bajara la borrachera". El hombre que juró construir un mundo donde yo nunca sufriría había intentado ahogarme en él. Pero sobreviví. Lo dejé a él y a esa ciudad atrás, y a medida que mis piernas se fortalecían, también lo hacía mi determinación. Me robó mi nombre, mi legado y mi mundo. Ahora, estoy volviendo a iniciar sesión, no como Valkyrie, sino como yo misma. Y voy a quemar su imperio hasta los cimientos.
Cenizas de un Amor Muerto

Cenizas de un Amor Muerto

El polvo y el grito se mezclaron en un solo sonido que me rompió los tímpanos. El techo de nuestra casa, refugio de treinta años de un matrimonio miserable, se vino abajo. Extendí mis brazos, no por instinto, sino por una estúpida costumbre arraigada, para cubrir a Alejandro y a Mía. El peso del concreto me aplastó, cada hueso de mi cuerpo protestó antes de romperse. Pero lo último que vi no fue gratitud en sus ojos. Mía me miró con un odio que me heló el alma, incluso mientras la vida se me escapaba. "¡Te lo mereces! ¡Te lo mereces por separar a papá de la tía Elena!" Esa fue su última bendición para mí. Alejandro, mi esposo por tres décadas, ni siquiera me miró. Se arrastró de debajo de mis brazos rotos y corrió hacia su verdadera amada, Elena. "¡Elena! ¡Gracias a Dios que estás a salvo!" Él la abrazó con una desesperación que nunca me había mostrado a mí. Morí allí, bajo los escombros de mi hogar y de mi vida, escuchando sus sollozos de alivio por otra mujer. El dolor fue tan agudo, tan absoluto, que me arrancó el aliento. Y de repente, lo recuperé. Abrí los ojos de golpe, el corazón martilleando en mi pecho, y el sol brillante de la mañana me cegó. Estaba de pie, entera, en el patio de la hacienda de mis padres. Mis manos no eran las de una mujer de cincuenta años, maltratadas por el trabajo y el tiempo. Eran las manos fuertes y callosas de mis veinte, las manos de Sofía, la mejor charra de la región. Un calendario me gritó la fecha: Era el día en que todo había comenzado. El día en que Alejandro fue secuestrado por unos bandidos. En mi vida anterior, lo rescaté y me convertí en la heroína, firmando así mi sentencia a un infierno de indiferencia. Esta vez, mi teléfono sonó, el recuerdo de Mía y Alejandro tan vívido como el sol. Esta vez no. Esta vez no lo salvaría. Dejé que el teléfono sonara hasta que el buzón de voz se activó. El silencio fue la música más dulce que había escuchado en treinta años. La vida me había dado una segunda oportunidad, y no la iba a desperdiciar en el mismo hombre. Alejandro y Elena podían tenerse el uno al otro. Yo, Sofía, por fin iba a vivir para mí.
Su esposa indeseada, su verdadero amor

Su esposa indeseada, su verdadero amor

Yo era la obra de caridad de la familia Garza, secretamente enamorada de su hijo mayor, Damián. Durante años, me prometió un futuro, una vida en la que no fuera solo la huérfana que acogieron para quedar bien con la prensa. Luego, en la cena en la que pensé que me propondría matrimonio, me presentó a su prometida, una hermosa heredera de un imperio tecnológico. Mientras me tambaleaba por el corazón roto, su hermano menor, Antonio, apareció para consolarme. Caí rendida a sus pies, solo para descubrir que era un simple peón en su juego: él estaba secretamente enamorado de la prometida de Damián y me usaba para mantenerme alejada de ellos. Antes de que pudiera procesar esta segunda traición, los señores Garza anunciaron que me casarían con un magnate tecnológico discapacitado de Seattle para asegurar otro acuerdo comercial. El golpe final llegó en el yate familiar. Caí al océano con la prometida, y vi cómo ambos hermanos -el hombre que una vez amé y el hombre que fingió amarme- pasaron nadando a mi lado para salvarla a ella, dejándome ahogar. A sus ojos, yo no era nada. Un reemplazo, un activo para sus negocios y, en última instancia, un sacrificio que estaban dispuestos a hacer sin pensarlo dos veces. Pero no morí. Mientras el jet privado me llevaba a Seattle para casarme con un extraño, saqué mi teléfono y borré hasta el último rastro de la familia Garza de mi vida. Mi nueva vida, sin importar lo que me deparara, había comenzado.
El Precio de un Sueño Roto

El Precio de un Sueño Roto

Mis manos que una vez soñaron con Miguel Ángel, ahora solo conocían la tierra áspera de La Rioja. Durante cinco años, me maté trabajando en un viñedo, recogiendo uvas con mis manos destrozadas para salvar a Mateo, el hombre que amaba, de una supuesta deuda de 300.000 euros. Sacrifiqué mi beca, mis sueños en el Vaticano, todo por él. Hoy, finalmente, lo había logrado. Tenía el dinero en mis manos. Pero cuando fui a entregarlo, descubrí una escena que destrozó mi alma. Mateo no era el hombre arruinado que yo creía; era el Señor Solís, el heredero de la bodega, riéndose con Sofía, mi "jefa" y su cómplice. Todo fue una farsa cruel y elaborada. Se habían burlado de mí durante cinco años. Mateo no solo no estaba arruinado, sino que planeaba endeudarme por un millón de euros más, solo por diversión. Me humilló públicamente, mis sueños y mi sacrificio fueron pisoteados. Sofía, con una sonrisa de depredadora, me exigió que me arrodillara y suplicara por un trabajo. La traición me cegó, me ahogó el aire. ¿Cómo pudo engañarme así? ¿Por qué tanto odio, tanta crueldad? La Isabella que amaba a Mateo murió allí mismo. Pero del fondo del abismo, una llama se encendió. No me arrodillé. Dejé caer el dinero, el símbolo de mi esclavitud. Y en ese instante, en medio de la oscuridad, un rayo de esperanza: la voz de mi mentor, el Profesor Vargas, al otro lado de la línea. Él me dio una segunda oportunidad, el sueño que creí perdido: ¡El Vaticano! Y no solo me rescató de un ataque esa misma noche, sino que me recordó que mi vida, mis verdaderos sueños, valían mucho más que su mentira.
Insubordinación - Pasión y Poder

Insubordinación - Pasión y Poder

En el gélido y sofisticado mundo de la alta finanza, el poder no solo se mide en activos netos, sino en el control absoluto sobre cada variable. Adrián Varga, el implacable y hermético CEO de Varga Capital, ha construido un imperio basado en la precisión y la distancia emocional. Para él, todo es una transacción, hasta que se topa con el único activo que no puede predecir: Marta, su analista senior más brillante y la única persona que se atreve a sostenerle la mirada. Lo que comienza como una tensión eléctrica en las salas de juntas estalla una noche de horas extra en la planta cuarenta y dos. Tras una cena de negocios cargada de provocaciones, la jerarquía profesional se desmorona, dando paso a un pacto peligroso y clandestino: un acuerdo de "solo físico", limitado a las paredes de la oficina y despojado de cualquier sentimiento. Sin embargo, en un edificio diseñado para la transparencia total, mantener un secreto de tal magnitud se convierte en un juego de alto riesgo. Entre encuentros furtivos en archivos olvidados, mensajes encriptados en el correo corporativo y la búsqueda de ángulos muertos en las cámaras de seguridad, Marta y Adrián descubren que el deseo es una fuerza insubordinada que no entiende de contratos ni de rangos. La situación alcanza su punto de ebullición con la llegada de Julian Thorne, un carismático cliente multimillonario que no solo busca los servicios de la firma, sino que pone sus ojos en Marta, desatando en Adrián una posesividad feroz que amenaza con destruir su máscara de frialdad. "Insubordinación" es un relato de poder, seducción y la delgada línea que separa la ambición del abismo. En una guerra donde cada caricia es un desafío y cada beso es una reclamación de territorio, Marta y Adrián deberán decidir si están dispuestos a sacrificar sus carreras por una pasión que ya no puede ser auditada. ¿Quién tiene realmente el control cuando las luces de la oficina se apagan? En Varga Capital, la regla más importante está a punto de romperse: nunca te enamores de quien puede destruirte con una sola firma.