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Libros de Moderno para Mujeres

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Amor Envenenado, Dulce Venganza

Amor Envenenado, Dulce Venganza

Mi hermano murió porque no pudimos juntar el millón de pesos que costaba la cirugía que pudo haberlo salvado. Mi novio de cinco años, Héctor, me dijo que estábamos en la quiebra. Pero en el preciso instante en que mi hermano dio su último aliento, Héctor estaba comprando un Porsche de cuatro millones de pesos para su amor de la preparatoria. Ahí fue cuando descubrí la verdad. El hombre al que había mantenido durante cinco años no era un emprendedor en apuros. Era el heredero secreto de un imperio multimillonario, fingiendo ser pobre, y yo solo era "la tapadera" hasta que su verdadero amor regresara. Para castigarme por descubrir su secreto, me obligó a subirme a su motocicleta en una peligrosa carrera clandestina. Luego, saltó de la moto en movimiento para salvar a su amante de un piropo, dejándome sola para estrellarme. Me abandonó sangrando en el asfalto con una pierna rota para llevarla a ella al hospital. Más tarde, me obligó a donarle mi sangre porque ella estaba "en shock". Me dijo que mi hermano era un "caso perdido" y que mi sufrimiento era mi propia culpa. Incluso exigió que me arrodillara y le pidiera perdón por haberlo distraído. Pero Héctor no sabía nada de mi abuelo, ni del pacto que hizo con cinco de los hombres más poderosos del país; un pacto para protegerme a toda costa. Ahora, he fingido mi propia muerte y estoy a punto de casarme con su mayor rival.
El Amor Me Ruina

El Amor Me Ruina

Mateo era un pintor que vivía por y para Isabel, la mujer que, según él, lo había "rescatado" y con quien compartía una vida que olía a roble viejo y vino caro en su bodega familiar. Su amor era su pincelada maestra, su devoción, su lienzo. Un día, Isabel, con los ojos nublados por una angustia fingida, le reveló una "deuda multimillonaria" y la inminente "quiebra" de su bodega, proponiendo un "divorcio falso" para protegerlo de la ruina. Sin dudar, Mateo, su "roca", accedió, dispuesto a sacrificar todo por el amor que creía inquebrantable. Dejó su vida en Jerez y se mudó a un humilde piso en Sevilla, trabajando incansablemente como camarero y profesor de acuarela, mientras su cuerpo, antes un templo de creación, se marchitaba por un ensayo clínico de alto riesgo al que se sometió para salvarla. Pero el verdadero colapso no fue el de la bodega, sino el de su corazón, cuando escuchó a Isabel reírse por teléfono, jactándose de la "farsa" y de su próximo matrimonio con otro hombre, Javier, llamándolo un "perrito leal". Poco después, moribundo en un hospital por el experimento clínico, la llamó, y ella, despreocupada, tachó su agonía de "drama" mientras planeaba su boda. ¿Cómo podía la mujer que le había prometido un "para siempre" reducir su vida, su amor, su sacrificio, a una burda mentira, a un mero "juguete" desechable? Era una traición tan profunda, tan desalmada, que el dolor se transformó en un vacío gélido, y ese vacío, en una resolución inquebrantable. Así, mientras su cuerpo moría por una verdad que ella le negó, Mateo preparó su silenciosa obra maestra de venganza, donando su cuerpo a la ciencia para que, en el día de su "boda falsa", su última voluntad desvelara una verdad tan cruda que la destruiría para siempre ante los ojos de todos.
Esposa Egoísta No Someterá

Esposa Egoísta No Someterá

"Mi mamá se viene a vivir con nosotros." La voz de Mateo por teléfono sonaba tan casual como si hablara del súper, pero el cuchillo en mi mano se detuvo a medio jitomate. Sin consultarme, mi esposo había decidido que su madre, de la noche a la mañana, se mudaría a "nuestra" casa, ordenándome desalojar mi estudio, el único rincón propio que me quedaba. Él se rió, me llamó "egoísta" y colgó, dejándome hundida en la rabia y una extraña familiaridad. ¿Egoísta yo? La que dejó su maestría en París por su carrera, la que usó sus ahorros para el enganche de esta casa que "por facilidades fiscales" estaba a su nombre, la que fue su apoyo incondicional por cinco años. Fue entonces, buscando una maleta, que lo vi: en su clóset, una bolsa de una tienda de lujo. Adentro, unos tacones carísimos talla 36 -un número menos que el mío- y un perfume floral a medio usar, el mismo que había olido en su ropa y que él atribuía a una "compañera de trabajo" . Las piezas encajaron con una claridad brutal: mi matrimonio, mi vida, eran una farsa construida sobre su engaño y mi sacrificio. Sentí el ardiente veneno de la traición y la humillación, pero también una furia fría y transformadora. Tomé una pluma, mi papel más fino y, con mano temblorosa pero firme, escribí en la parte superior: "CONVENIO DE DIVORCIO" . La guerra había comenzado y mi destino ya no era mi estudio, era recuperar mi vida.