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Libros de Moderno para Mujeres

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Un amor retorcido: El amargo sabor de la traición

Un amor retorcido: El amargo sabor de la traición

En el cumpleaños de mi esposo, Héctor, le envié un regalo: el embrión preservado del hijo que acababa de abortar. Era mi venganza. Él había incriminado a mi padre, llevándolo a la cárcel y a mi madre a la tumba, todo por su amante, Ámbar. Cuando irrumpió en nuestro departamento en Polanco, con el rostro desfigurado por la furia, me estrelló contra la barra de la cocina. —¡Eres un monstruo! ¿Cómo pudiste destruir a nuestro hijo? —Perdiste ese derecho en el momento en que elegiste a Ámbar por encima de nosotros —escupí. Pero mi desafío solo trajo más horror. Me internó en un manicomio donde Ámbar, la arquitecta de la ruina de mi familia, me torturó con terapia de electrochoques, intentando quebrar mi mente. Fingí sumisión y luego contraataqué, lanzándonos a las dos por una ventana del tercer piso. Yo sobreviví; ella quedó en estado crítico. Tumbada en la cama del hospital, Héctor no vino a mí con remordimiento, sino con una exigencia escalofriante. —Ámbar necesita un injerto de tendón. Eres compatible. La cirugía es mañana. Creía que me tenía atrapada, que podía obligarme a sacrificar una parte de mí por la mujer que me destruyó. Pero mientras él se iba a consolar a su amante, yo hice una llamada. A la mañana siguiente, mientras me suplicaba que no siguiera adelante con la "cirugía", me marché, dejándolo entre las ruinas de la vida que él había destrozado. No sabía que esto no era una cirugía. Era mi escape y el principio de su fin.
Sofía: La Farsa Familiar

Sofía: La Farsa Familiar

Mi vida era un infierno, un cuartucho oscuro y húmedo en las afueras, con olor a moho y el sol temiendo asomarse. Trabajaba doble, lavando platos de día y limpiando baños de noche, apenas durmiendo cuatro horas. Mis manos agrietadas y la espalda adolorida eran mi rutina, mientras los golpes de mi padre y la indiferencia de mi madre marcaban mi existencia. Una noche, mientras sorbía sopa instantánea, mi viejo celular vibró con notificaciones extrañas, comentarios sobre mi vida, crueles y rápidos. "Pobre Sofía, qué vida tan miserable lleva." "Un reality show llamado 'La Crianza Pobre de Sofía' ." Un escalofrío me recorrió al ver lo que decían. Pero el mundo se me vino encima cuando leí: "Mientras Sofía sufre, su hermana Mariana está cenando en un restaurante de lujo con sus papás. Acaban de pedir langosta." Abrí la foto que la acompañaba: mis padres sonriendo, Mariana radiante y feliz, como una familia perfecta. Y yo, que no estaba allí, en mi cuarto miserable, sentí el golpe, la explosión en mi cabeza. La falsa separación, la supuesta quiebra, mi mudanza forzada, todo era una farsa cruel, un circo montado por mi propia familia. Yo era su producto estrella, su boleto a la fortuna. Las lágrimas de traición brotaron, no por el dolor o el hambre, sino por el engaño de quienes se suponía que debían amarme. Ya no iba a ser su títere. Se acabó. Iba a destruirlos, así como ellos habían destruido mi mundo.
Cicatrices del Primer Amor

Cicatrices del Primer Amor

El aroma a café y la calma de mi estudio en la Ciudad de México eran mi santuario, mi paz, un mundo que construí lejos de las ruinas de mi vida anterior. Un número desconocido vibró en mi teléfono y, sin saber por qué, contesté. "¿Sofía? ¿Sofía, eres tú?" La voz de Rebeca, de un pasado que creía enterrado, me heló la sangre. "Mi tono fue más frío de lo que pretendía: "¿Qué quieres, Rebeca?"" Una pausa incómoda. "Es sobre Mateo. Él no está bien. Desde que te fuiste, todo se ha ido al diablo. ¡Te necesita!" El nombre de Mateo Serrano, mi primer amor, mi prometido, el hombre que me destrozó frente a doscientas personas, resonó como una piedra en el estanque de mi estudio. Una risa seca escapó de mis labios: "¿Me necesita? ¿Ahora? ¿Después de cinco años?" Su voz se llenó de una urgencia extraña: "Él se equivocó, Sofía. Camila lo manipuló, le llenó la cabeza de mentiras. La familia Serrano está desesperada. Quieren que hables con él, que lo perdones." Recordé la noche de mi compromiso: Mateo en el escenario de la mansión Serrano, con un micrófono en la mano, su rostro contorsionado por una furia que no entendía. " "Sofía no es quien ustedes creen," había gritado. "Ella ha estado jugando conmigo todo este tiempo. Su corazón le pertenece a otro, un amor prohibido del que nunca me habló. Me usó como un sustituto, como un escalón." " Luego, Camila subió al escenario, tomó su mano, mientras él anunciaba que rompía nuestro compromiso y se iba con ella. Me quedé sola, el anillo de diamantes como un trozo de hielo, bajo la mirada de cientos de personas que murmuraban y juzgaban. " "Rebeca," dije, mi voz ahora tranquila, vacía de toda emoción. "No entiendes. Tu llamada llega cinco años tarde." " " "No, Rebeca, no lo entiendes en absoluto," la interrumpí, y por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa genuina se dibujó en mi rostro." " "Estoy casada, Rebeca. Tengo un esposo maravilloso, un hombre que me ama por quien soy, que confía en mí y me respeta. Su nombre es Diego." " "Acerqué el teléfono a la ventana, donde se escuchaba el ruido de la calle y una risa infantil." " "Y tengo un hijo. Se llama Leo, y acaba de cumplir cuatro años. Él es mi vida, mi felicidad." " El silencio al otro lado de la línea fue absoluto. " "¿Qué? ¿Casada? ¿Un hijo?" La voz de Rebeca era un susurro incrédulo, casi cómico. "No… no puede ser. Nadie sabía. Pensamos… pensamos que estabas sola, sufriendo." " " "Pues pensaron mal," dije, mi voz adquiriendo una dureza protectora. "Así que dile a Mateo, y a su distinguida familia, que me dejen en paz." " " "No tengo nada que perdonarles porque, para mí, ustedes ya no existen." " Colgué, dejando el pasado en el pasado. Mi vida, mi felicidad, mi familia: esa era mi verdad ahora.
Mi Dolor, Su Fortuna

Mi Dolor, Su Fortuna

Mi vieja motocicleta tosía con cada entrega, cada centavo iba para María, mi hija, que luchaba contra una enfermedad cardíaca. Los médicos hablaban de una cirugía costosa, una fortuna que yo, Ricardo, un simple repartidor en la bulliciosa Ciudad de México, jamás podría reunir. Mi esposa, Sofía, lloraba conmigo por las noches, repitiendo: "No tenemos dinero, Ricardo. No sé qué vamos a hacer" . Yo le creía, vivía por ellas, sacrificando cada comida, cada descanso. Hasta que un día, una entrega me llevó a Polanco, a un hotel de lujo donde el aire huele a dinero. Ahí, desde las sombras, la vi bajar de un Mercedes reluciente, con un vestido rojo que no reconocí. Era Sofía, mi Sofía, la que en casa decía no tener ni para un café. Y no estaba sola: un hombre elegante, Alejandro, su exnovio, la besó. Luego, la llevó a una joyería de lujo, donde sonreía de una manera que jamás me dedicó. Vi cómo le compraba un reloj de doscientos cincuenta mil pesos a la hija de él, Camila. Esa cifra me heló la sangre: la mitad de lo que costaba la vida de mi María. Mi mundo se desmoronó, mi realidad se hizo trizas. Todo había sido una farsa, una mentira cruel y gigante que se reía en mi cara. Mientras mi hija luchaba en un hospital, su madre gastaba una fortuna en caprichos ajenos. La rabia me ahogaba, una traición tan profunda que me destrozó el alma. Y justo en ese instante, el destino me dio otra bofetada. Alejandro, mientras yo yacía herido en el asfalto por su culpa, me humilló y llamó a Sofía, quien se rio de mi desgracia. Cuando mi jefe me despidió por la queja de ese imbécil, lo supe: esto no se quedaría así. Mi hija me miró con esos ojos inocentes, me consoló, sin saber la magnitud de la podredumbre que nos rodeaba. Pero cuando vio la foto de su madre con su "nueva familia" en Six Flags, su pequeño corazón no lo soportó y colapsó. Y mientras ella tosía con desesperación, susurró la pregunta que me rompió en mil pedazos: "¿Mamá ya no nos quiere?" . Esa pregunta, te lo juro, encendió en mí la llama de una venganza que nadie podrá apagar. "Vístete, María" , le dije con una calma terrorífica. "Vamos a buscarla. Vamos a conseguir una respuesta" .
El Engaño de Oro: Cincuenta Años

El Engaño de Oro: Cincuenta Años

Cincuenta años de casado, Ricardo Solís creyó tener la vida perfecta. Celebraron bodas de oro, una fiesta fastuosa con Laura Pérez, su esposa, radiante a su lado. Parecían la pareja ideal, el epítome de la felicidad. Pero el cuento de hadas se desmoronó brutalmente cuando Laura, en su lecho de muerte, murmuró su último deseo. Quería ser enterrada con Miguel, el hermano menor de Ricardo. ¡Con su propio cuñado! El escándalo explotó, las miradas de lástima lo perforaban, las burlas lo acosaban: "El cornudo más famoso". Ricardo, el marido perfecto, el yerno ideal durante medio siglo, no había ganado ni un ápice de su amor. Sintió un vacío inmenso, un dolor tan agudo que le quemaba el pecho, una humillación insoportable. Cayó en la oscuridad, anhelando olvidar, deseando una segunda oportunidad lejos de Laura. Entonces, un grito lo sacó del abismo: "¡Ricardo, Ricardo, despierta!". Abrió los ojos y se encontró en el día de su boda, vestido de novio, con Laura huyendo. En lugar de vergüenza, sintió un alivio inmenso. ¡La vida le daba una segunda oportunidad! No volvería a ser el tonto. Así, frente a la multitud atónita, caminó hacia Sofia Reyes, la chica "problemática" que en su vida pasada le había tendido la mano. Ricardo, con voz clara y firme, le hizo una propuesta que lo cambiaría todo: "Sofia Reyes, necesito una novia. ¿Estarías dispuesta a reemplazarla?".
Mi renacer: Mi sinfonía

Mi renacer: Mi sinfonía

Vendí mi bajo Fender clásico para pagar la colegiatura de la escuela de medicina de Javier, creyendo ciegamente en su promesa de que conquistaríamos el mundo juntos. Diez años después, encontré una carpeta oculta en su laptop titulada "Estrategia de Salida". Ahí detallaba exactamente cómo dejarme en la calle mientras mudaba a la tutora de nuestra hija a mi propia casa. No solo me estaba engañando; me estaba borrando sistemáticamente del mapa. En la cámara de seguridad, lo vi reírse mientras Cristina, la "angelical" tutora, usaba mi bata de seda y se burlaba de mi música, llamándola ruido infantil. Él le dijo que yo no era más que un escalón, un simple contacto con la influencia de mi padre que finalmente ya no necesitaba. No grité. No supliqué. Reuní las pruebas en silencio, aseguré mis bienes y le entregué los papeles del divorcio que destrozaron su reputación cuidadosamente construida. Pero cuando Cristina, enloquecida por sus mentiras, arrastró a nuestra hija al borde de un acantilado nevado, Javier finalmente cayó de rodillas. Lloró, suplicando una segunda oportunidad, jurando que yo era la única mujer que había amado. Miré al hombre que había planeado mi ruina, y luego bajé la vista hacia mi hija, que podía ver a través de él. —Es demasiado tarde, Javier —dije, con la voz más fría que el viento. Me alejé caminando hacia la nieve, abrazando fuerte a mi hija, dejándolo solo en el frío con nada más que sus arrepentimientos.
Mi Matrimonio: Un Millón de Mentiras

Mi Matrimonio: Un Millón de Mentiras

Mi matrimonio con el magnate glacial de la Ciudad de México, Elías Garza, se suponía que sería una historia de amor imposible. Yo era la artista rebelde que lo había perseguido por continentes, creyendo que había encontrado a mi alma gemela. Entonces escuché una conversación que lo destrozó todo. Nuestro matrimonio de tres años era una mentira, una farsa diseñada para proteger a su frágil cuñada, Clara. Yo solo era el "pararrayos", lo suficientemente fuerte como para recibir los golpes destinados a ella. ¿La peor parte? Se había hecho una vasectomía en secreto, dejándome soportar el desprecio de su familia por ser "estéril" mientras él sabía la verdad todo el tiempo. Todo encajó: las humillaciones públicas, los crímenes financieros de los que me culparon, los "accidentes" que me dejaron cicatrices. Me rompieron sistemáticamente, obligándome a dar un trozo de mi propia piel para curar a Clara y montando un accidente de coche que me llevó a la cárcel. La justificación de Elías era siempre la misma: "Clara es delicada. No como tú". Pensó que yo era lo suficientemente fuerte para soportarlo, que mi rebeldía era una herramienta que podía usar. Me exilió, pensando que estaba rota y olvidada. Se equivocó. Me reinventé como la célebre artista 'Alondra'. Y cuando volvió arrastrándose, suplicando perdón en un escenario mundial, supe que mi momento había llegado. Mi venganza sería una obra maestra.
La Apuesta Fatal del Destino

La Apuesta Fatal del Destino

Sofía regresó a casa, a su México querido, con el peso de dos años de sudor y esperanza en su bolsa, anhelando el reencuentro con Mateo y el futuro que habían soñado para "El Sazón de la Abuela". Pero la taquería, en lugar de recibirla con el familiar aroma a cilantro y carne asada, la ahogó con un silencio fúnebre que presagiaba la catástrofe. Mateo, de rodillas, con los ojos hinchados por el llanto, susurró la verdad devastadora: "Lo perdí todo". Doscientos mil pesos para la operación de su abuela; cien mil de las ganancias de la taquería; el futuro de Lupita… todo desvanecido en una noche por una estúpida partida de cartas con unos depredadores llamados "El Buitre" y "La Hiena" . El suelo se abrió bajo los pies de Sofía, y la esperanza que traía de un país ajeno se transformó en una crueldad abrumadora. ¿Cómo era posible que todo se hubiera esfumado así, por la ingenuidad de él? Mateo imploraba perdón, Doña Carmen pedía clemencia, Lupita lloraba inconsolable, pero Sofía escuchó una voz diferente, una que venía de un pasado que había intentado enterrar. Una frialdad extraña la invadió, una calma escalofriante. Miró el dinero que le quedaba, apenas cien mil pesos, fruto de su propio exilio voluntario. Extendió los billetes hacia Mateo, cuya desesperación era evidente al gritarle: "¡Estás loca! ¡Es una trampa! ¡Te quitarán hasta el último centavo!" . Pero la decisión de Sofía era inquebrantable, tan súbita como un relámpago. "Es para comprar mi entrada a esa partida", sentenció, con una voz plana y sin emoción. Porque sabía que no era mala suerte, sino un timo. Y a los cazadores, no se les denuncia. Se les caza de vuelta.