El Relevo
ía conservaba sus libros de bachillerato y un olor a lavanda que le resultaba asfixi
n domingo por la mañana; llevaba una camisa azul Oxford perfectamente planchada y sus gemelos de plata. Estaba sentado
era firme, la misma que usaba para negociar anticipos de sei
e podía recitar la genealogía de los Buendía de memoria. Por un segundo, ella
pá. ¿Cómo te
entitud estudiada. Su rostro era u
res a mi edad. El Círculo de Bellas Artes debería revisar la iluminación de ese salón; esos focos halóge
ntándose frente a él-. Te quedaste e
da seca, un sonido corto
xto. "Marta" es un nombre, pero "mi mujer" es una institución. Fue una elección estilística. -Bebió un sorbo de café y volv
stió ella, bajando la voz-. Y hace una semana te encontré en el pasillo pregun
on un clac metálico que pareció un disparo. Cuando levantó la vista, la lucidez agre
rchivo se satura. Es fatiga, Elena. Nada más. No voy a permitir que conviertas un par de despistes en un diagnó
pasa algo, papá. E
su ambición le permite! Si ese muchacho cree que puede heredar mi tr
o. Dudó. Sus dedos rozaron el marco de madera como si estuviera reconoc
llamó ella
in girarse-. Vuelve a tus planos.
o estaba bien. Un hombre que está bien no se viste de gala para desayuna
léfono fijo de la entrada. La luz del contestador parpadeaba. Po
s autores estrella. Dice que si no cerramos la auditoría externa para el martes, filtrará lo del 'i
le servía el café a Julián y le guardaba los secretos. Estaba hablando con Adrián. Estaba
vió a su estudio de arquitectura. Se sentó en el suelo del recibidor, sac
a enseñarle que nadie conoce mejor una estructura