El Relevo
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francés de trescientos euros y el rastro metálico del champán helado. Para Elena Casal, ese olor era la esencia misma de su padre. Un
construyendo una vida de hormigón y cristal, lejos de las metáforas y las intrigas de la industria editorial, p
, inclinándose hacia ella. Marcos llevaba veinte años siendo la sombra
"genera expectativa" -respondió Elena con una ir
edadora de siempre: los hombros relajados, la barbilla ligeramente alzada, sosteniendo una tablet en lugar de una copa de cristal. Adrián no estaba allí para celebrar; estaba allí para auditar. Como
saludo silencioso y gélido. Sabía algo.
A sus setenta y dos años, seguía siendo una figura imponente. Su melena plateada brillaba bajo los focos y su paso era firme, casi marcial. El
eles. Nunca los llevaba. Se jactaba de tener una memoria fotog
llenó el salón sin necesidad de esfuerzo-, es el
ia. Era una pulla directa a los "h
erras, a crisis económicas y a la tiranía de la inmediatez. En Editorial Legado, siem
a la erudición con la calidez humana. Durante quince minutos, construyó una catedral de ideas. Habló de la imp
jos de Julián. Su expresión era la de un entomól
la trayectoria no me pertenece a mí. Le pertenece a la persona que, en 1982, decidió que mi sueño de publicar libros de poe
bre de su madre, Marta. Era el ritual. El homenaje que Juli
ue una pausa un segundo
te honor a... -Juliá
ormarse. Se volvió denso. Elena vio cómo la mano izquierda de su padre, apoyada en e
antes chispeantes, se fijaron en un pu
costillas como un animal enjaulado. "Dilo, papá. Marta. Solo t
. Sus ojos se volvieron hacia la mesa presidencial, buscando a Elena. En ese segundo, ella no vio al gig
salió seca, genérica, desprovista del nombr
n. Fueron aplausos confusos, interrumpidos por susurros. El Rey de
ie. Se sentó y tomó una servilleta, doblándo
ico -balbuceó Marcos, inte
era ahora una cuchilla de hielo-. No veía
lena, poniendo una
sin aliento. -Estoy bien, Elena. No me analice
proyectó sobre la mesa. Adrián Varo estaba allí, co
que lo hacía doblemente peligroso-. Un discurso... revelador. Especialmen
su estatura, aunque Elena notó qu
n entrar a algoritmos en e
lián. Pero me parece que lo
stima en sus ojos, o quizás era simple anticipación. -Elena, q
una gala -respondió ella
darse la vuelta-. Las dos cosas
Elena miró a su padre. Julián estaba mirando su copa vacía, con una expres
teca de su padre se quemara mientras ella miraba desde la distancia. La estructura de Editorial Legado est