“Regresó a la casa de su madre después de diez años. No esperaba encontrarse con él. Miguel era el albañil que trabajaba en la casa. Un hombre mayor, rudo, silencioso. El hombre que dormía en la habitación de su madre. Ella no debía mirarlo. Mucho menos desearlo. Pero algo en su forma de observarla, en sus manos curtidas por el trabajo y en los silencios incómodos que compartían, empezó a quebrar límites que nunca debieron romperse. Esto no es una historia de amor. Es una historia de deseo prohibido. Porque una vez que se cruza esa línea, ya no hay forma de volver atrás.”