El albañil de mi madre
e ya nada era como antes. Miguel cortaba su carne sin hablar, mi madre llenaba el aire con comentarios triviales que nadie realmente es
-preguntó mi madre, mientras
ondí, sin
arte temprano... ¿
go
o lo noté. En su mandíbula apretada. En el
a de esa mañana. De rodillas. Con la boca llena de él. Y aún lo s
nces o
el calor la tenía mareada. Se levantó, dejó su plato en la cocina y se dirigió al pasillo sin esperar a
primera vez desde que nos sentamos que lo hizo. Me sostuvo la mirada, sin prisa, si
ijo, sin rodeos-. Después te quiero a vos.
aminó con pasos pesados hacia la e
dé par
ero me costaba aceptar que lo había dicho así. Sin pudor. Sin seducción. Sin cuidado.
nía
re. Llevé los platos al lavaplatos, los enjuagué con movimientos m
no. Era un fuego interno, húmedo, entre las piernas, en el pe
la puerta. Dudé un segun
cuánto
a camiseta, quedando solo con el short fino que usaba de pijama. No tenía sostén. Mis pezones estaban tensos, sensibles, co
omenzaron
hacer ruido. Pero él no se contenía. Sus gruñidos eran reconocibles. Como los de esa noche. Como los de esa mañana. Animales. Dominantes. Sonaban como si
los muslos. Me toqué. Primero co
a en mi cuello. Me imaginaba los sonidos que ella estaba haciendo pero en mi
me temblaban. Pero no paré. Él seguía, incesante, como si no tuviera fondo, y yo vol
alta mirar el reloj. No hacía falta preguntarme si de verdad lo haría. Él er
rta se
toalla sobre el hombro, como si la hu
detenga? -murmu
N
s esperando? -susur
me lo
puerta co
porque no va a parece
. Ni me giré. Solo me quedé
trás de mí. Me giró con una
fuera alguien a quien conquistar, sino un lugar al que volver. Me sostuvo de las caderas, me empujó, me llenó, me partió en dos. Y
s mis preguntas. Cada jadeo suyo me hac
ia. Me vine como si mi cuerpo
ía terminado él seguía igu
la mano hacia abajo. Mi rostro qued
falta qu
ípula. Lo lamí con hambre. Lo adoré con ternura.
vistió sin mirarme y salió de la habitación con la misma calma con la que había entrado. Sin una palabra. Sin u
ama. El que le cocinaba, el que la hacía reír. El que ella amaba. Quise vomitar. Quise borrar cada segundo