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El albañil de mi madre

El albañil de mi madre

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Capítulo 1 Un albañil en la cocina

Palabras:1133    |    Actualizado en: 28/12/2025

cho menos que lo haría con el fontanero. Literal: el tipo que fue a arreglarle

reí. Hasta se lo dije. Ella también se rió, pero había algo distinto en su mirada. No era sarcasmo

por teléfono-. Miguel es un bu

. Tal vez fue su tono. Tan real. Tan firme. Como si, de pronto, ya no fuera sol

rar en un país ajeno que hablaba mi idio

los abrazos perdidos. Yo también la abracé. No sentí rabia. Solo un cans

ces apa

gu

a tan alto, ni tan joven, ni tan guapo. Pero tenía algo. Algo seco. Cortante.

físico, pero algo se movió por den

Miguel?

ejilla. Un gesto simple. Automático. Pero cuando lo hice, al

o traicionó

so. A tabaco, a esfuerzo.

o conocer

rota. Me recorrió com

juntas después de tanto tiempo -dijo mi madre,

-susurr

ndar por eso. Por nosot

tragando

giró hac

go especial. Tiene sus m

-dijo él

rozó. Gr

sentí que nada de todo

cada detalle. Yo respondía, sí. Pero mi atención estaba en otra parte.

Ese era

s los espacios más íntimos de la casa. Usaba nuestras tazas, dejaba su cepillo de dientes en el baño, tendía su r

s defectos lo hacía más intere

ajando bajo la lluvia. Se quitó la camiseta en la entrada

cho? -le pregun

dose el cuello-. Pero no me quej

decir. Pero su ton

cicatrices pequeñas. Un tatuaje viejo. Y una línea de vello que desaparecía bajo el cinturón. Fue l

cia, como si tomara nota de cada gesto mío. Como si esperara que yo cometiera el primer error. Pero no era su

brí la ventana, me acosté en ropa interior y traté de

olpes. Mu

a. Sus gruñidos eran profundos, animales. El colchón golpeaba contra la pared

hasta la puerta. Me asomé. N

on un deseo crudo. Ella estaba debajo. Apenas visible. Pero él lo ocupaba todo. Era com

n los pezones. El calor se volvió humedad. El cora

osté. Pero no dormí. Me quedé mirando el

Tomando café. Yo también. Pero esta vez no fingí

jimos

ir que se me caía algo para agacharme. Nada escandaloso. Solo pequeñas provocaciones. Migajas de a

traía una bolsa con herramientas. Se quitó la camiseta en la entrada. Yo fingí no mirar pero lo hice. Cada detalle. Cada

ánto se iba a demorar?

n pestañear-. ¿Te incom

irándome y yo supe que esa

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El albañil de mi madre
El albañil de mi madre
“Regresó a la casa de su madre después de diez años. No esperaba encontrarse con él. Miguel era el albañil que trabajaba en la casa. Un hombre mayor, rudo, silencioso. El hombre que dormía en la habitación de su madre. Ella no debía mirarlo. Mucho menos desearlo. Pero algo en su forma de observarla, en sus manos curtidas por el trabajo y en los silencios incómodos que compartían, empezó a quebrar límites que nunca debieron romperse. Esto no es una historia de amor. Es una historia de deseo prohibido. Porque una vez que se cruza esa línea, ya no hay forma de volver atrás.”