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El Pacto Roto Por La Envidia

El Pacto Roto Por La Envidia

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Capítulo 1 

Palabras:1408    |    Actualizado en: 08/12/2025

y en la de nuestras vidas. Nos ofrecieron, a mi hermana gemela Estela y a mí, a los hermanos Vázquez, Marcelo y Efraín, como un sacrificio, un pacto. Parecía un cuento de ha

os hombres armados nos interceptaron a mi

mi esposo, Marcelo, una y otra v

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cada patadita. Era nuestro futuro, una promesa que me aferraba a la esperanza de que, tal vez, nuestro matrimonio sí funcionaría. Pero esa noche, la conexió

e, mi hermana gemela, mi otra mitad. Un convoy nos interceptó. De la oscuridad salieron hombres armados, sus siluetas eran sombras

a tercera, la cuarta. Una y otra vez. Nuestro peligro, nuestra desesperación, no eran lo suficientemente importantes. No para él

n dedo. Me colgó, su voz, fría como el hielo, advirtiendo que no lo molestara. Podía escuchar la dulce v

ombre, su voz áspera, resonaron en mis oídos. Querían la tierra del norte de la ciudad. Usaron mi vida, la de Estela

ió colgando. Seguía ocupado con Daniela. El terror se convirtió en desesperación. Las patadas, los puñetazos..

, mientras el dolor me desgarraba. Lo vi, borroso, cómo se lo llevaron. La vida se me fue con él. L

ayuda? ¿Por qué no luchaste?' Sus ojos ardían, llenos de un fuego que yo había perdido. Intentó ll

cada barra de hierro que venía hacia mí. El grito de Estela. El sonido de su hu

. Las palabras de los médicos. Frías, clínicas. 'Lo siento, señorita Villa, el bebé no sobrevivió'. 'Su hermana, su pierna... es irreversibl

o podía borrar, supe lo que tenía que hacer. Marcelo y yo habíamos terminado. Le envié un mensaje, clar

n desierto. Le escribí, con los dedos temblorosos, mis

a, acusaciones y un veneno que me quemó la piel. "¡Mireya! ¿Qué mierda es esto? ¿Po

nuestro bebé para manipularlo. Su crueldad no tenía límites. É

ico' real por un mísero corte. Ella siempre era lo importante. Siempre. Escuché la voz de Daniela, melosa, detrás de él. "Marcelo, amor, ¿es

i amor, estoy bien. No te preocupes." Y luego, l

spacio vacío donde nuestro hijo debería haber crecido. El dolor me ahogó, un tsunami de pena. Los médicos me l

habíamos perdido. Mientras yacía en esa cama de hospital, la verdad se me r

e, les había quitado todo. Y ahora, ellos nos quitaban a nosotras. Cuando se dieron cuenta de que él no respondería,

i supervivencia. Fue un milagro que la Patrulla Fronteriza nos encontrara, a Estela y a mí, tiradas en la tierra, la vid

chispa fría de determinación comenzó a arder. Marcelo

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El Pacto Roto Por La Envidia
El Pacto Roto Por La Envidia
“La envidia era una bestia sedienta en nuestra comunidad, siempre hambrienta de lo que otros poseían. Nunca pensé que sus colmillos se clavarían en mi carne, en la de Estela y en la de nuestras vidas. Nos ofrecieron, a mi hermana gemela Estela y a mí, a los hermanos Vázquez, Marcelo y Efraín, como un sacrificio, un pacto. Parecía un cuento de hadas retorcido, una bendición. Pero la envidia, esa misma envidia que nos elevó, nos arrastró en picada hacia la tragedia más oscura, un abismo del que no creí que saldríamos. Estaba embarazada de cinco meses cuando unos hombres armados nos interceptaron a mi hermana gemela y a mí en medio de la noche. Aterrorizada, marqué el número de mi esposo, Marcelo, una y otra vez, suplicando por nuestras vidas. Pero él me colgó, furioso, porque estaba ocupado consolando a su "hermanita" adoptiva, Daniela, por un simple corte en el dedo. "¡Deja de hacer drama y no me molestes! Daniela está asustada y me necesita." Esa fue la última vez que escuché su voz antes de que los golpes me hicieran perder a nuestro bebé. Mi hermana Estela, mi leona, se interpuso para protegerme y le destrozaron la pierna con una barra de hierro, acabando para siempre con su carrera de bailarina. Cuando despertamos en un hospital público, solas y rotas, descubrí que Marcelo y su hermano estaban en una clínica de lujo, cuidando a Daniela como si fuera de cristal. Para colmo, Marcelo me acusó de haber "deshecho" a nuestro hijo a propósito solo para manipularlo por celos. El dolor se convirtió en una frialdad absoluta. Me limpié las lágrimas, firmé los papeles de divorcio y me dirigí a la policía para contar toda la verdad. Lo que Marcelo no sabía era que, al caer los secuestradores, confesarían que la dulce Daniela fue quien ordenó nuestra ejecución.”
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