“Sacrifiqué mi vientre y mi juventud para construir el imperio arquitectónico de Alejandro desde las sombras. Él me pagó trayendo a su amante, Belinda, para incriminarme por plagio y destruir mi reputación. Cuando mi padre sufrió un infarto masivo, Belinda usó su influencia para bloquear la cirugía que le salvaría la vida. Alejandro tomó la vida de mi padre moribundo como rehén, obligándome a arrodillarme frente a la mujer que me arruinó. -Pídele perdón, Cintia -ordenó él-, o lo desconecto. Supliqué. Recogí mi dignidad del suelo. Pero dejaron morir a mi padre de todos modos. Desechada y humillada, desaparecí en un accidente aéreo, dejando solo un anillo de bodas en un vertedero de basura. Años después, en una cumbre global, Alejandro vio cómo su empresa se desmoronaba bajo los ataques de un nuevo y despiadado rival. Agarró a la mujer del vestido esmeralda, con las manos temblorosas al reconocer los ojos que creía perdidos para siempre. -¿Cintia? ¿Estás viva? Sonreí, fría como el hielo. -La señora Flores está muerta, Alejandro. Yo soy quien te va a enterrar.”