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La Emperatriz que entierra su pasado

La Emperatriz que entierra su pasado

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Capítulo 1 

Palabras:2442    |    Actualizado en: 08/12/2025

para construir el imperio arquitectó

Belinda, para incriminarme por

o, Belinda usó su influencia para bloqu

bundo como rehén, obligándome a arrodil

intia -ordenó él-

del suelo. Pero dejaron mor

n accidente aéreo, dejando solo un ani

ro vio cómo su empresa se desmoronaba bajo

con las manos temblorosas al reconocer

a? ¿Est

ría como

uerta, Alejandro. Yo soy

ítu

Torres entró en mi recién inaugurado estudio de diseño,

firma de arquitectura a medida en la que había

o en pausa durante demasiado tiempo, justo antes de comprom

rro, pero lo suficientemente fuerte com

desesperación. Su vestido de diseñador estaba arru

í al instante, una en la que

nar nada del torbellino que se agitaba dentro

ndo la cara entre las manos. Sus sollozos ll

o también una terapeuta entrenada, una habilidad que había cultivado para manejar

to -dijo entre jadeos-. La presió

jos manchados de rímel e

nido todo. Una familia amorosa, una mente brilla

entre nosotras. Tenía razón en una cosa; yo no me había arrastrado. Y

nté, mi voz calmada, casi distante. Mi corazón, sin e

acando un pañuelo

to solo para sobrevivir, para probar un poco de la vida q

cio", la implicación velada de tratos ilícitos, estaba demasiado

puesta, el sonido sordo de pasos en e

. Conocía ese paso

brillo astuto y cómplice reemplazando momentáneament

mente más fuerte, cargada de un triunfo

rilado de la puerta. Una silueta alta, in

as vibrantes, sus pétalos un estallido de color ch

era una parodia grotesca de cada gesto romántico que alguna

abrieron momentáneamente por la sorpresa cuando

nmigo. La sorpresa se transformó rápidamente en una máscara de cortesía pre

cción de segundo, deseando

tímida seriedad, una sola margarita arrancada de un campo al

floristería de lujo, sino con la ambición cruda en sus ojos y las

diminuto, cenas de fideos instantáneos y s

ta de su imperio tras bambalinas. Trabajamos incansablemente, imp

nuevo. Le creí. Vertí mi talento, mi tiempo, mi vida en Desarrolladora Juár

yo me quedaba afuera, un fantasma en los pasil

idad, el futuro compartido, se habían marchitado

jar que el dolor se mostrara.

e las rosas chocando duramente con el leve olor

a y encantadora de sus labi

. Me tendió las rosas, un gesto absurdo de normalidad fingida-. Vine a recoge

permanecieron cruzadas fren

on un filo que esperaba que no pasara por alto-. Qué interesa

ero ahora compuesta, ofreció

n esa red profesional y simplemente tuve que decirle lo

ncioso pasando entre ellos, un lengua

ompartida, fue un golpe d

magen descolorida de Alejandro y yo el día de

estrozar la ilusión de un amor que llevaba mucho tiempo

nte, un nombre que reclamar. Mi ira hervía

a pesada con un significado no dich

olada. Dejó caer las rosas sobre una mesa cercana

? -preguntó, su atenci

igereza en su paso. Me dio otra sonrisa empalagosa, sus ojos bril

a puerta, comenzaron los primeros gritos. Una cacofonía de vo

Flores, ¿

iadora! ¡

n negocio después de robar

nético de las cámaras, los flashes cegado

"dicho a Alejandro". El

mientras la multitud se agolpaba contra la puerta de vidrio. Sus rostros,

gió Alejandro, su voz baja

blando a pesar de mis esfuerzos-. Esto es

ía presionado contra la espalda

stán tan enojados!

la puerta, salpicando pulpa roja en el costoso traje de Alejandro. Otro siguió,

acia mí se evaporó. Se dio la vuelta

n, mi amor?

iedad, los gritos de "plagiadora" y "robamaridos

s en un susurro, pero la multitud ahora l

ateral que ella parecía saber que existía, dejándome parad

fue la mano de Alejandro sosteniendo suavemente la espalda i

o hielo. Estaba sola. T

olpeó mi hombro, derramando su contenido sobre mi inmaculado abrigo bl

uien había contratado apenas el mes pasa

s! ¿Está bien?

automático, desesperada por escapar de la humillación sofocante. Apenas reg

trasera de un auto que esperaba, sonó

padre... sufrió un infarto masivo. Necesitamos realizar una cir

tó la res

aneja todos sus gastos médicos. Debe

esperado. Apreté el teléf

l hospital,

aóticas calles de la Ciudad de Mé

l estaba limpiando tiernamente el brazo de Belinda con un pañuelo, acariciando su ca

Mientras mi padr

. Corrí, mis zapatos resbalando en los pisos pulidos, mi ropa suci

maraña de máquinas, su rostro ceniciento. Me hundí de rod

nas audible-. ¿Por qué... por qu

odía decírselo. No ahora. N

mentí, las palabras sabiendo a ceniza-. Pero te

e, un destello d

upado. Te ves cansada, mi niña. ¿Alguna vez... f

me tomó po

apá. Empecé mi

sus ojos-. Pero no pospongas tus sueños por mucho ti

usa, su mir

trimonio, hace todos esos años. Pensé... pensé que no era lo suficientement

me tocó suavem

, señora Flores. Necesitamos pr

un mensaje de mi viejo profesor, el q

ra la beca de investigación global es ma

puesto a Alejandro primero. Su carrera, sus su

aba atendiendo el rasguño de Belinda. Estaba siendo humillada públic

aron en mis oídos: No posponga

corazón. Esto era todo. Este era mi escape. Mi salvavi

entras escribía una re

ntro. Est

e! El próximo vuelo a Londres sale en

para desaparecer. Par

Mi matrimonio de trece años, mi vieja vida, mi propia identi

uraría de que esa ancla se hundiera h

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La Emperatriz que entierra su pasado
La Emperatriz que entierra su pasado
“Sacrifiqué mi vientre y mi juventud para construir el imperio arquitectónico de Alejandro desde las sombras. Él me pagó trayendo a su amante, Belinda, para incriminarme por plagio y destruir mi reputación. Cuando mi padre sufrió un infarto masivo, Belinda usó su influencia para bloquear la cirugía que le salvaría la vida. Alejandro tomó la vida de mi padre moribundo como rehén, obligándome a arrodillarme frente a la mujer que me arruinó. -Pídele perdón, Cintia -ordenó él-, o lo desconecto. Supliqué. Recogí mi dignidad del suelo. Pero dejaron morir a mi padre de todos modos. Desechada y humillada, desaparecí en un accidente aéreo, dejando solo un anillo de bodas en un vertedero de basura. Años después, en una cumbre global, Alejandro vio cómo su empresa se desmoronaba bajo los ataques de un nuevo y despiadado rival. Agarró a la mujer del vestido esmeralda, con las manos temblorosas al reconocer los ojos que creía perdidos para siempre. -¿Cintia? ¿Estás viva? Sonreí, fría como el hielo. -La señora Flores está muerta, Alejandro. Yo soy quien te va a enterrar.”
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