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Por favor, no te enamores

Capítulo 3 III

Palabras:1384    |    Actualizado en: 11/11/2025

en sus oídos, si perdía ese minúsculo departamento, sentía que desaparecería, cada uno de los pequeños recue

z su jefe y solo entonces Sofía giro a ver

ratando de recordar cómo se rezaba, pero su mente solo podía mostrarle el

ado a otro, aunque estaba más preocupado por su salud, ¿acaso padecía alucinaciones auditivas? Como podía ser

EO, era un buen hombre, al menos siempre la trato bien era un buen jefe, aunque eso no le asegurab

vez en sentarse en aquel lugar, pues del año y medio que llevaba trabajando para Alexander, nunca tuvo tiempo de ocupar esa silla, su jefe era u

elevo una mano y Sofía guardo silencio, tratando de recordar si la presencia de Dalton en su lugar de trabajo infringía algún tip

afectar su rendimiento en esta empresa... - claro que sí, eso es lo que estaba buscando, la duda de que ella pudiera cumplir con su trabajo, y así poder despedirla sin indemnización. - Además de ¿Por qué la llamo señorita Anderson? Tengo entendido que usted está casada, y su apellido es Johnson. - claro que recordaba aqu

nte. - El abogado Dalton, es quien representa al banco, estoy atrasada con los pagos de la hipoteca de mi hogar, pero le puedo asegurar que lo de hace un rato no se repetirá. - insistió tratando de pasar el nudo que se le formaba en la garganta, antes de decir eso que tanto dolor le

udado recientemente, pero no podía notar nada fuera de lugar, aunque claro el uniforme era color bordo, algo que tamb

soltó de pronto, avergonzándose una vez más, y sumándole el miedo de q

lamento, no quise ser irrespetuoso y poco sensible, es solo que... no... no recuerdo... - ¿Qué le podía decir? ¿No recuer

¿cuántas vacaciones o días festivos desperdicio? Y todo porque el señor Thompson estaba trabajando y la necesitaba, no era como que pensara que ella era especial para el CEO, per

yo no sepa de su perdida, ¿Cómo es que no se tomó días? ¿Cómo le hemos permitido continuar trabajando sin tomarse un tiempo para recuperarse? - una mínima de calidez se extend

se sentía mal al decir aquello, no era un crimen y solo era la verdad, pero se decían tantas cosas del pobre hombre, que Sofía sentía que, con solo recordarle su torm

Sofía. - era un hombre que había nacido para nadar entre tiburones, descubriendo estrellas y llevando a delante un gran imperio de producciones, sabia como hablar y que decir y prueba de ello fue el hecho de que llamo p

firmación, pero había cierta duda en su voz y Alexander se dio cuenta que la mujer segu

esar a trabajar, es una emplead

la pena que cargaba y el tiempo que tanto él como ella estuvieron fuera, la empresa no sufrió pérdidas,

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Por favor, no te enamores
Por favor, no te enamores
“Era un acuerdo, frío y sencillo. Ella traía consigo cargas que parecían insuperables; yo estaba rodeado de escombros de una vida que alguna vez fue estable. Su esposo había dejado una herencia de problemas, y mi exesposa había decidido que arruinar mi existencia no era suficiente: quería arrebatarme lo único que realmente importaba, mi hijo. Así que el trato parecía lógico. Un negocio. Solo eso. Ella no tenía afinidad por los niños; yo detestaba los conflictos. Pero cuando todo parecía desmoronarse, el pacto ofrecía una salida. Un papel que firmar, una fachada que mantener. Ninguno saldría perdiendo... al menos, eso pensamos. Pero las cosas comenzaron a cambiar. A ella empezó a agradarle mi pequeño hijo. Y yo, contra todo pronóstico, empecé a encontrar cierto atractivo en los problemas que antes evitaba. "No enamorarse de la esposa falsa". Lo repetía en mi mente como un mantra, un intento desesperado de aferrarme a la razón. Mi subconsciente, siempre alerta, lo gritaba en cada mirada que cruzábamos. "No te enamores". Pero mi corazón tenía otros planes, y la lógica cedió ante la intensidad de lo que comenzaba a sentir. Ahora, el riesgo va más allá de perder a mi hijo, mi reputación, mi puesto como CEO o la credibilidad que tanto me ha costado construir. Ahora, el peligro reside en perderla a ella, en dejar ir a la mujer que nunca debió significar nada, pero que se ha convertido en todo. En medio de la desesperación, mientras la vida que construí se tambalea, tomo una decisión que lo cambiará todo. Porque esta vez no estoy dispuesto a rendirme. - Eres mía, Sofía, y no dejaré que te alejes. No a ti.”