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Por favor, no te enamores

Capítulo 2 II

Palabras:1815    |    Actualizado en: 11/11/2025

lpitaba, comenzaba a creer que estaba generando algún tipo de migraña crónica o algo por el estilo, inclusive estuvo tentado a acudir a alguna

e el saludo de su madre

Dónde está Bautista? - consulto luego de tomar su lugar en la mesa y de inmediato su madre arr

que se fue antes al colegio. - Alexander fijo sus fríos

unto con dientes apretado

que tus abuelos y padre lucharon por tener. - la cabeza de Alexander punzo, estaba segu

ojos a punto de salirse de su lug

nder ignoro cada palabra que salía de los labios de su madre, mientras veía las fotografías que el periódico había publicad

furia que tenía contenida, mientras arrojaba el p

ociste ¿verdad? en la misma empresa que ella se está encargando de demoler... - las palabras de s

o poniéndose de pie, no queri

xtraordinaria, tal vez es hora de que tu hermana tome tu lugar. - Alexander g

del medio, Aria n

le das lo que quiere?! - eran dos necios tratando de llegar a un acuerdo, Alex

a mi hijo! ¡tu nieto! Per

ir aquello, se disiparon en cuanto recordó a su difunto esposo, y como siempre le advirtió a Alexander que esa mujer no

l encontrar diversos periodistas fuera de la mansi

la razón por la que no se casó por igles

de esos periodistas, lo que menos necesitaba era un problema más con el que cargar, ya de por sí, se arrepentía de no llevar las ventanil

jo fue concebido por una inseminación

e el gran CEO de Lumina Entertainment, podía mantener la calma aun en situaciones extremas, au

a inútil y lo sabía, cada cosa que dijera

ajar y ustedes me estan acosando, arrojándose frente a

ersonas perversas, y sin un verdadero referente al cual tomar como madre? - la cabeza le latía, estaba en medio

hogar y ahora esta arrepentida, pero ya es tarde, ahora que a mi vida a llegado el verdadero amor. - no planeo nada de lo que dijo, pero como buen CEO, sabía

ierto, seño

es la a

n tiburones y Alexander acaba

po, solo... por favor, ne

ltimo momento era buena pero no tenía como sostenerla, era el CEO de una enorme compañía que se dedicaba a impulsar actores, cantantes y modelos,

ncendios, no era la mejor idea, teniendo en cuenta que llevaba falda y tacones, pero ese era el uniforme de la empresa y por ningún motivo podía pasar por el ves

o un moreno de barba cana y

o siento. - el hombre ya mayor

a limosna, solo

que Adrián se despidió de ella, "bonito trasero" le dijo, y ahora le parecía una frase tan tonta, le gustaría guardar en su memoria un "te amo" pero el muy tonto solo le

o provocando que la señora que est

bón, todo desapareció, Adrián ya no estaba, solo quedaban sus recuerdos, esos que había juntado en su corta vida marital de

io trabajando allí, y le parecía un buen hombre, con una víbora como esposa... corrigió ese pensamiento, esa no era ya su esposa, ese

o de pie frente a su escritorio, justo detrás de su jefe, el cual no s

u jefe y en simultaneo el abog

lexander lo vio con intr

r Dalton, le recuerdo que el plazo aun no vence y no tiene derecho a venir a molestar a mi lugar de trabajo. - Alexander noto el nerviosismo en su secr

mo no responde a mis llamadas y se niega a recibirme escapando por las escaleras de incendio. - las mejillas de Sofía enrojecier

esuró a decir, sin atreverse a negar el hecho d

oja que el abogado Dalton le mostraba y coloco su firma, sin se

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Por favor, no te enamores
Por favor, no te enamores
“Era un acuerdo, frío y sencillo. Ella traía consigo cargas que parecían insuperables; yo estaba rodeado de escombros de una vida que alguna vez fue estable. Su esposo había dejado una herencia de problemas, y mi exesposa había decidido que arruinar mi existencia no era suficiente: quería arrebatarme lo único que realmente importaba, mi hijo. Así que el trato parecía lógico. Un negocio. Solo eso. Ella no tenía afinidad por los niños; yo detestaba los conflictos. Pero cuando todo parecía desmoronarse, el pacto ofrecía una salida. Un papel que firmar, una fachada que mantener. Ninguno saldría perdiendo... al menos, eso pensamos. Pero las cosas comenzaron a cambiar. A ella empezó a agradarle mi pequeño hijo. Y yo, contra todo pronóstico, empecé a encontrar cierto atractivo en los problemas que antes evitaba. "No enamorarse de la esposa falsa". Lo repetía en mi mente como un mantra, un intento desesperado de aferrarme a la razón. Mi subconsciente, siempre alerta, lo gritaba en cada mirada que cruzábamos. "No te enamores". Pero mi corazón tenía otros planes, y la lógica cedió ante la intensidad de lo que comenzaba a sentir. Ahora, el riesgo va más allá de perder a mi hijo, mi reputación, mi puesto como CEO o la credibilidad que tanto me ha costado construir. Ahora, el peligro reside en perderla a ella, en dejar ir a la mujer que nunca debió significar nada, pero que se ha convertido en todo. En medio de la desesperación, mientras la vida que construí se tambalea, tomo una decisión que lo cambiará todo. Porque esta vez no estoy dispuesto a rendirme. - Eres mía, Sofía, y no dejaré que te alejes. No a ti.”