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Demasiado tarde para su perdón

Capítulo 3 

Palabras:657    |    Actualizado en: 23/09/2025

Garz

eprimir. Me di la vuelta para irme, necesitaba escapar del sofoca

a, es

vo en la puerta, su ex

s-. La de regeneración celular degenerativa. Su entrega

. No era solo mi riñón. No era solo m

s exámenes en línea. Ella cosechó las recompensas -las becas, los reconocimientos, los elogios de nuestros orgullosos padres- m

brazo, su toque una extraña mezcla de súplica y orden-. Es solo un trabajo. Tu herm

a hacer. Después

a, una cosa frág

o. Lo que se

con ella entonces, cuando le quitaran su muleta? El pensa

jaran. Sacó una memoria USB de su bolsillo. Mi memoria USB. La que guar

eado todo desd

una pequeña y triunfante sonrisa. Era una mira

n tierno, que se sintió como un golpe físico. Una rabia caliente y furiosa se enroscó en mi

ragado todas las demás injusticias, cad

deslicé fuera de la habitación

os viejas y quité las sábanas de mi cama. Quería borrar todo rastro de mí misma, no d

agarrarme a la pared para sostenerme. Mi cuerpo estaba fallando más rápid

. El pensamiento ya no era a

tré a Alejandro, su rostro una máscara de furia fría. Detrás de él estaban mis pa

tó su teléfono en mi cara. En la pantalla había un foro académico, mi tesis pu

emblando de rabia-. Le dijiste a todo el mund

Isabela se hici

ude -gimió-. ¡Dijo que soy una ment

dome con odio por encima de la cabeza de Isabela-.

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Demasiado tarde para su perdón
Demasiado tarde para su perdón
“El hombre que amaba, el hombre con el que iba a casarme, me pidió que salvara la vida de mi hermana gemela. No me miró a los ojos mientras me explicaba que los riñones de Isabela estaban fallando por completo. Luego, deslizó sobre la mesa los papeles para anular nuestro compromiso. No solo querían mi riñón. También querían a mi prometido. Me dijo que el último deseo de Isabela antes de morir era casarse con él, aunque fuera por un solo día. La reacción de mi familia fue brutal. -¿Después de todo lo que hemos hecho por ti? -chilló mi madre-. ¡Isabela le salvó la vida a tu padre! ¡Le dio un pedazo de sí misma! ¿Y tú no puedes hacer lo mismo por ella? Mi padre estaba a su lado, con el rostro sombrío. Me dijo que si no iba a ser parte de la familia, entonces no pertenecía a su casa. Me estaban echando. Otra vez. Ellos no sabían la verdad. No sabían que cinco años atrás, Isabela drogó mi café, provocando que me perdiera la cirugía de trasplante de nuestro padre. Ella tomó mi lugar, emergiendo como una heroína con una cicatriz falsa mientras yo despertaba en un motel de paso, marcada como una cobarde. El riñón que funcionaba dentro de mi padre era el mío. No sabían que a mí solo me quedaba un riñón. Y ciertamente no sabían que una rara enfermedad ya estaba devastando mi cuerpo, dándome solo unos meses de vida. Alejandro me encontró más tarde, con la voz rota. -Elige, Sofía. Ella, o tú. Una extraña calma me invadió. ¿Qué más daba ya? Miré al hombre que una vez me prometió un para siempre y acepté firmar mi sentencia de muerte. -Está bien -dije-. Lo haré.”
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