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Cuarenta y nueve libros, un ajuste de cuentas

Capítulo 2 

Palabras:865    |    Actualizado en: 23/09/2025

le había dicho que lo hacía parecer confiable. Se anudó la corbata con facilidad pra

Reunión del comité de finanzas toda la

biendo mi café-.

n gesto superficial,

despierta. Será

os audífonos y abrir la aplicación en mi teléfono. El Bluetooth de su co

cía, reemplazados por la estación de rock suave que siem

onroneó a través de mis audífo

cambiando del político serio a algo m

a un filo en su voz, una posesividad que me i

ijo él, con un dejo de

Es que no entiendo por qué sigues con ella. Es tan fría. Como un

to los discursos que lo hacían sonar brillante. Yo lo había entrenado para los debates

pero no había fuerza en sus pal

úrate. Te tengo una sorpresa. Algo para que nuestro

sí? ¿Q

rro conspirador-. Es sobre el Señor Darcy. Enc

n gato que murió hace unos años. Había publicado s

ijo Arturo-. Sabes que te

oy para el jardín ahora

jar

esto su corazón y alma para construirlo después de que mi madre murió. La pieza central era un pequeño bosquecillo conmem

veinte -dijo

ás -cantu

La música de rock su

eando en mi pecho. Esto era más que una infid

ón del jardín. El jardín era terreno público, pero el bosquecillo conmemorativo fue financiado y es manteni

morial para su gato muerto j

era un movimiento calculado. Una forma de reclamar su territ

é a mi padre. Me desplacé por mis contactos

rdo G

más despiadado y pragmático de lo que Arturo jamá

grave y rasposa-. ¿

esito un favor. Necesito el expedie

on Julieta por primera vez, Everardo lo impidió. Nunca dijo cómo, solo que ella era "inadecuada". Artur

unda -dijo Everardo fin

á la campaña de Arturo y manchará el apellido Garza permanentemente

e amor o traición, sino de pode

. Más larg

erta en una hora

ncuenta y cinco minutos

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Cuarenta y nueve libros, un ajuste de cuentas
Cuarenta y nueve libros, un ajuste de cuentas
“Mi esposo, Arturo, tenía un patrón. Me engañaba, yo lo descubría y un libro raro aparecía en mi estante. Cuarenta y nueve traiciones, cuarenta y nueve disculpas carísimas. Era una transacción: mi silencio a cambio de un objeto hermoso. Pero la número cuarenta y nueve fue la gota que derramó el vaso. Faltó a la ceremonia de premiación de mi padre moribundo -una promesa que le hizo mientras sostenía su mano- para comprarle un departamento a su novia de la preparatoria, Julieta. La mentira fue tan casual que me rompió más que la infidelidad. Luego la llevó al jardín conmemorativo de mi madre. Se quedó ahí parado mientras ella intentaba erigir un monumento para su gato muerto junto a la banca de mi mamá. Cuando los confronté, tuvo el descaro de pedirme compasión. -Demostremos un poco de compasión -dijo. Compasión por la mujer que profanaba la memoria de mi madre. Compasión por la mujer a la que le había contado sobre mi aborto espontáneo, un dolor sagrado que él había compartido como un secreto sucio. Entonces me di cuenta de que no se trataba solo de un corazón roto. Se trataba de desmantelar la mentira que yo le ayudé a construir. Esa noche, mientras dormía, instalé un micrófono en su teléfono. Soy estratega política. He arruinado carreras con mucho menos. El quincuagésimo libro no sería su disculpa. Sería mi declaración final.”
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