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Cuarenta y nueve libros, un ajuste de cuentas

Cuarenta y nueve libros, un ajuste de cuentas

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Capítulo 1 

Palabras:1107    |    Actualizado en: 23/09/2025

ro aparecía en mi estante. Cuarenta y nueve traiciones, cuarenta y nueve discu

onia de premiación de mi padre moribundo -una promesa que le hizo mientras sosten

sual que me rompió má

quedó ahí parado mientras ella intentaba erigir un mo

é, tuvo el descaro

un poco de co

ión por la mujer a la que le había contado sobre mi aborto espontán

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oy estratega política. He arruinado carreras con mucho menos. El q

ítu

or la sala, ignorando la montaña de materiales de campaña sobre la mesa del comedor, y fui dire

*Pedro Páramo*. Hermoso,

Arturo me regalaba. Cuarenta y nueve di

ndo estaba cerr

esa voz suave y encantadora,

tura con sus brazos. Me puse rígida.

te -dije, con

e Arturo juró que no se perdería por nada del mundo. Se lo había prome

enfermo. Esa pro

rbilla en mi hombro-. Hubo una reunión de último minuto con u

ía una hora. Acababa de cerrar el trato de un lujoso departamento en Santa Fe. El compr

reparatoria. El fantasma que nu

te que la propia infidelidad. Había dejado a mi padre moribundo

o raro aparecía. Una disculpa silenciosa y cara que se esperaba que yo a

tro. Pero de pie allí, con el peso de su mentira aplastándome, supe que no p

aliento cálido en mi cuello. Pensó, como si

ra mirarlo. Forcé una p

aba ver toda la horrible ve

mblaban, pero mi mente estaba clara. Soy estratega política. He arruinado carreras

el teléfono de nuevo en el buró justo

ededor de la cintura, sonriendo co

a ti y a tu papá,

la cabeza ligeramente, así que su

toy cans

do absorto en sí mismo para n

no vibró en el buró. La notificación de un mensaje iluminó la pant

No puedo esperar para est

mbre con el que había constr

de hacía dos horas. Una foto de una llave con un llavero grande

evos comienzos. Él sabe c

por docenas de fotos mías en su propia página de campaña, fotos de nosotros sonriendo, la perfecta pareja

otro mensaje

añana? ¿A l

rtó. Contuve la respiración. La respuesta que vi en mi pantalla era un me

Le diré a Ana que tengo

staba preparada

atega en mi cabeza ya estaba trabajando, trazando los pasos. Esto ya no se trataba solo de un corazó

ibro no sería un regalo.

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Cuarenta y nueve libros, un ajuste de cuentas
Cuarenta y nueve libros, un ajuste de cuentas
“Mi esposo, Arturo, tenía un patrón. Me engañaba, yo lo descubría y un libro raro aparecía en mi estante. Cuarenta y nueve traiciones, cuarenta y nueve disculpas carísimas. Era una transacción: mi silencio a cambio de un objeto hermoso. Pero la número cuarenta y nueve fue la gota que derramó el vaso. Faltó a la ceremonia de premiación de mi padre moribundo -una promesa que le hizo mientras sostenía su mano- para comprarle un departamento a su novia de la preparatoria, Julieta. La mentira fue tan casual que me rompió más que la infidelidad. Luego la llevó al jardín conmemorativo de mi madre. Se quedó ahí parado mientras ella intentaba erigir un monumento para su gato muerto junto a la banca de mi mamá. Cuando los confronté, tuvo el descaro de pedirme compasión. -Demostremos un poco de compasión -dijo. Compasión por la mujer que profanaba la memoria de mi madre. Compasión por la mujer a la que le había contado sobre mi aborto espontáneo, un dolor sagrado que él había compartido como un secreto sucio. Entonces me di cuenta de que no se trataba solo de un corazón roto. Se trataba de desmantelar la mentira que yo le ayudé a construir. Esa noche, mientras dormía, instalé un micrófono en su teléfono. Soy estratega política. He arruinado carreras con mucho menos. El quincuagésimo libro no sería su disculpa. Sería mi declaración final.”
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