Ex Novio
uiera, dos meses exactos antes de la boda, y el aire estaba impregnado de ese aroma entre dulce y metálico que solía acompañar a los días de verano en esa vieja casona vinícola. Yo estaba sen
entras ella me lanzaba una mirada fugaz, como buscando aprobación, aunque siempre supo que en este juego yo llevaba las cartas
-me preguntó, bajando la revista co
beza, fingiendo que la
e juega con las cartas que te reparten,
e aún no ha sido mancillada por l
recisión de un traje sastre, flores que se marchitaban sin tiempo a desplegar su fragancia completa, y ens
uera, dos hermanas emocionadas por una boda que prometía cambiar nuestras vida
sin levantar la vista de la revista, pero
amiliares, con esa sonrisa afilada y la mirada que parecía atravesarte y desnudar tus intencio
giendo mis palabras con cuidado-. No es fácil acercarse a él, y
esa mezcla de admiración y a
á de nuestro lado cu
los secretos eran moneda corriente. Pero la verdad es que necesitaba oírla, y neces
e contesté, tomando su mano y apretándole con suavidad-. Lo
hasta nosotras como un hilo invisible que ataba a toda la familia a un ritmo único y controlado. Marco tenía esa manera de tocar qu
i estuviera ahí, pero no del todo presente. No podía evitar sentir una mezcla de frustración y deseo reprimido cada
s y palabras que decían más de lo que callaban. A veces, en esos silencios pesados, me preguntaba
el sonido lejano de la voz de Marco y los murmullos
no? -preguntó ella esa noche, mientras
nía-. Pero si lo sabe, no lo está mos
, mordiendo el
amilia guarda más secretos
o era solo la comida o el calor sofocante del verano italiano, sino esa mezcla inq
ia: una discusión breve y acalorada que presencié entre Marco y Nicolo, voces alzadas en la penumbra, palab
no entendía la magni
as comenzábamos a comprender. Martina, con sus ojos grandes y esa mezcla de inocencia y determinación, parecía un ancla y una tormenta al mismo tiem
s-. Anoche escuché a Marco y Nicolo discutir. No pude entender mucho, pero la v
a traía era una llave que abría una puerta a un cuarto oscuro y prohibido. No podía dejar que esa verdad salier
r eso? -pregunté, fin
la expresión de alguien que sab
ió, casi como si quisiera silenciarlo. Y Marco, en luga
o me cubrió la espalda. Respiré hondo, in
s sonaban vacías-. Lo importante es que estemos aquí
ese instante, sentí que la complicidad entre nosotras se afian
extendía sobre la casa, y sabía qu