icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Corazón Indomable

Capítulo 1 

Palabras:690    |    Actualizado en: 09/07/2025

partió el ab

como si unas garras de hielo me e

labro brillaba sobre la mesa larga y pulida. Era mi

? Lo preparé espec

aba. El licuado de fresa que me acababa de dar, el que me tomé de un solo tr

doblarme sobre la mesa. Un sudor frío me re

. ¿qué... qué

e yo había cuidado con tanto esmero durante diez

ue te me

or que siempre había sentido por él, ese

te he odia

voz un susurro venenoso que s

z que te veo, veo su car

ió desde el vientre hasta la garganta. Sentí una humedad caliente entre mis piernas

b

ía que existía hasta que el médico me lo confirmó

oción mientras observaba la sangre. "Lo hizo infeliz, lo abandonó. Y tú eres idénti

de sus palabras era aún peor. Me atravesaba el a

z a

hijo que adoptó con su segunda esposa. Diez años en los que renuncié a mi juventud, a mis sueños, para converti

urré, con la garganta seca.

fía. Te usé para tener una vida cómoda. Ricardo también te usó. ¿Crees que de verdad te ama? Solo quería

una década, se extinguió por completo. De repente, todo se volvió frío y silencioso po

entera por personas que

mesa y me puse de pie. La sangre goteaba en el suel

sonando lejana, como si p

una ceja arqueada

tienes nada. No eres

resp

comencé a caminar. Cada movimiento era una tortura. Sentía cómo la vida se me escapaba, cómo mi cuerp

salir de

escapar de

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Corazón Indomable
Corazón Indomable
“El dolor me partió el abdomen en dos. Era mi cumpleaños, y Alejandro, a quien había criado con el amor de una madre por diez años, me sonreía. Acababa de regalarme un licuado de fresa, una bebida que ahora quemaba mis entrañas. Pero el ardor no era solo físico; era la amarga verdad que susurró: "Siempre te he odiado, Sofía. Te odio porque cada vez que te veo, veo la cara de mi madre." Luego, la mancha carmesí en mi vestido blanco: mi bebé, el hijo de Ricardo, mi prometido. Mi prometido, que llegó para consolarme, para decirme que era un "aborto espontáneo" y que Alejandro "solo bromeaba". Luego me miró con asco y dijo: "Estás hecha un desastre. Hueles a enfermedad". En mi lecho de dolor, vi la película silenciosa de mi vida: diez años entregados a la promesa hecha a mi padre. Diez años cuidando de una familia que no era mía, de una empresa que yo manejaba mientras ellos ponían el nombre. Incluso mi propia madre, al enterarse de mi compromiso, solo llamó para asegurar su pensión, susurrándome que no fuera "egoísta". ¿Egoísta yo? La que había sacrificado su juventud por todos. Mi cuerpo dolía, mi corazón estaba roto, pero una rabia fría y dura como el acero me inundó. "¿Qué quieres, Sofía?", me preguntó Ricardo el hipócrita. "¿Dinero? ¿Joyas? ¿O quieres que formalicemos el matrimonio? Puedo llamar al juez mañana mismo." ¡El matrimonio era el premio de consolación por mi sumisión! Con una calma aterradora, tomé un trozo de cristal de un jarrón roto. Debía romper el lazo, destruir el símbolo que me ataba a su odio. "¡Sofía, no!" , gritó Ricardo, pero era demasiado tarde. Con un movimiento rápido, arrastré el cristal por mi mejilla izquierda. El dolor era liberador. Ya no era la Sofía que conocían, la que odiaban, la que usaban. Y en medio del horror en sus rostros, me eché a reír. Esa risa, que estalló como dinamita, me liberó de una cárcel de diez años. Y así, ensangrentada, pero con el alma libre, crucé la puerta, dejando atrás el veneno y el dolor. No había vuelta atrás.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10